Saliendo de una representación de ballet interpretado por una excelente compañía de niños ucranianos, cuya sensibilidad estaba pintada en sus rostros, esculpida a la infancia en el esbozo de una maravillosa composición del gesto unido al cuerpo, nos encontramos una Palencia vestida de invierno, pero del verdadero que no se oculta y, con su blancura,

