NEW YORK, NEW YORK

Por fin he tenido la oportunidad de correr una prueba que todo corredor quiere tomar parte en algún momento de su vida, la Marathon de Nueva York. Ahora mismo hay tres carreras o mejor dicho, maratones, que los atletas populares tienen metido entre ceja y ceja. La más antigua que es la de Boston, la de más nivel como es la de Londres y la más famosa que es la de New York.
Iba con unas grandes expectativas por todo lo que te van contando según se acerca la fecha de partida, sobre todo por los que han tenido la oportunidad de vivirlo antes que tú. Todos te dan consejos y te comentan la magnitud de la prueba y de cómo vivir la semana que estás allí para sacar el máximo provecho de esta gran ciudad. En realidad te reduces casi exclusivamente a Manhattan, porque aventurarse en el resto de la ciudad requiere bastante más tiempo. Es más, cuando más te alejas de la gran manzana es en el propio recorrido de la maratón que sale de Staten Island y cruzas el famoso (sobre todo por la maratón) Puente de Verrazzano. Aquí los propios corredores montan la fiesta y salen llenos de júbilo después de estar encerrados en la zona de salida durante más de 2 horas y media.
Llegas a Brooklyn y te quedas anonadado con el público. Está claro que estos americanos quieren ser los mejores en todo y dan una lección de entrega a la hora de animar a los corredores. Yo creo que hay espectadores que acaban más rotos que los propios corredores. La intensidad con la que animan durante las más de 8 horas que dura el paso de los corredores me hace pensar que este público debe llegar a casa extenuado con sus gritos, cánticos, gestos y saltos con los que nos deleitan a nuestro paso. Impresionante de verdad. Yo no soy una persona a la que los sentimientos le afloren con facilidad y reconozco que hay momentos en los que se te ponen los pelos de punta y el nudo de la garganta se hace más grande de lo normal. Esto me volvió a ocurrir al llegar a la meta, lo cual tiene mérito y más si pienso que no era mi primera maratón finalizada y que el tiempo que realicé no era nada interesante ya que no era mi intención batir ningún record personal.
Como único pero decir que la salida y la llegada son tan inmensas que se te hace larguísimo y menos mal que el pasado domingo día 1 hizo una temperatura aceptable, porque si me toca esperar 3 horas en la salida y otra más desde que llegué a meta hasta el hotel no sé en qué condiciones habría llegado a mi lugar de descanso.
El público se mezcla con grupos de música a lo largo de todo el recorrido. De ellos hay una gran mayoría que son contratados por la organización, pero también los hay espontáneos que se ponen desde bien prontito por la mañana a amenizar y a dar unas clases de música con un nivel increíble. Los estilos se entremezclan desde el blues, gospel, rap, rock de todas las clases,…
Otro detalle que requiere atención es la cantidad de corredores que acaban la carrera (un 99%), el porcentaje de mujeres (más de un 30%) y los corredores disfrazados (no sé la cantidad, pero os aseguro que muchos).
Lo malo de correr una carrera de estas es que no te enteras de nada de lo que pasa por delante, pero cuando llegué al hotel a darme un baño de agua tibia me encontré con la repetición de los elite, así que pude observar el clamor de los americanos cuando ganó uno de su pueblo y eso que no era el favorito, Ryan Hall. Llevaban desde el año 1982 sin ganar esta su carrera, por lo que le dieron un bombo especial al inesperado ganador Meb Keflezighi. De tal manera que me le encontré al día siguiente en el partido de la NBA de los Nicks contra los Hornets, ya que dieron un homenaje a los ganadores del día anterior. Curiosa la imagen de tres atletas en medio del Madison Square Garden antes de ver a los gigantes de la NBA. Parecían niños con sus camisetas de los Nicks al lado de los profesionales de la canasta.
Poco más que contar, bueno sí habría que contar mucho más de la carrera y de otras cosas que no tienen tanto que ver, pero eso se lo dejaré a mis amigos. Y como consejo final si os gusta correr ahora o dentro de unos años, y tenéis la oportunidad de correr alguna de las tres grandes, no lo desperdiciéis. Merece la pena, os lo garantizo.

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El Norte de Castilla

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