En carretera hacia Nueva York, encendí la radio del coche. Pasé de una emisora a otra sin poder sincronizar ninguna. De repente llegó nítidamente la voz del periodista -de la Radio Pública- Bob Edwards que presentaba a su invitada de esa tarde: Vivian Cherry.
Esta charla me hizo desear conocer a una mujer que durante una hora me cautivó. Nacida en 1920 y de profesión: fotógrafa de la calle.
Esa misma noche busqué información sobre ella en internet. Encontré algunas de las fotos que había mencionado en la entrevista, además de su email de contacto. Le escribí diciéndole que me encantaría conocerla. Al día siguiente, para mi sorpresa, tenía un mensaje suyo…”cuéntame un poco de tí”… A los dos días nos citamos en su apartamento en el East Upper Side en Manhattan. Me presenté con suma puntualidad. Una jovial y bella mujer de cabello blanco me abrió la puerta de su agradable apartamento. Me miró con curiosidad y cierta sorpresa.
–“¿En dónde dices que oístes la entrevista?”- Ella sonreía sorprendida. -“No tenía ni idea de que la hubieran dado en abierto para todo el país- seguía comentando – “Estoy recibiendo mensajes desde todos los lugares”…Pero ¿de verdad te gustó? – me preguntaba con unos maravillosos ojos azules que me hicieron sentir cómoda desde el primer instante. –“Yo estaba tan nerviosa antes y durante la entrevista que no la disfruté”…me confesaba. “Se me da muy mal eso de hablar, además tuve un problema con un diente justo antes de la entrevista y tenía una sensación extraña, como si se me escapara el aire entre ellos y se estuviera oyendo un silvido”….. Yo le aseguré que no se había notado nada; “Estuvistes tranquila y divertida” afirmé “…bueno Vivian ¡por eso estoy aquí!”.
Vivian, eres de Nueva York ¿verdad?
Sí, nací en esta ciudad. Mis padres emigraron desde Rusia, como otros muchos, buscando una nueva oportunidad.
Desde pequeña siempre llevabas una cámara…
-No, nunca pensé que la fotografía se convertiría en mi profesión, de hecho era bailarina pero tuve un accidente y no me quedó más remedio que buscar otro trabajo. Encontré uno como asistente en un estudio laboratorio especializado en fotografía periodística. Cuando imprimía y veía algunas de las imágenes pensaba “¡esto lo puedo hacer yo!” y así empecé…
A finales de los 40, Vivian Cherry se hizo miembro de Photo League (un club fotográfico en donde se juntaban profesores y aficionados). -“Era genial”. (se le abren los ojos al recordar) “¡Lo mejor era lo que pasaba después de las clases! Nos juntábamos, mirábamos muchísimas fotografías, hablábamos sobre ellas.. queríamos aprenderlo todo, cada día descubríamos algo nuevo. El ambiente era de lo mejor; me aportó muchísimo. Lamentablemente el lugar ha desaparecido recientemente”.
En esa época Vivian realiza, entre otros, un trabajo sobre Los Navajos y la salud del pueblo indio . Aunque la historia que más llamó la atención fue la titulada “Los catorce días de Antoninette”, una niña de ciudad que va por primera vez a un campamento subvencionado de verano. Cherry tenía que encontrar -y seguir durantes días- al que fuera a ser el protagonista de esta historia cuya intención era mostrar el aislamiento de un niño cuando abandona su casa por primera vez. “Elegí a la niña durante el examen médico que se estaba realizando en el gimnasio de un colegio. Había un montón de niños y de repente la vi a ella-Antoniette, una niña -pequeñita y morenita- de 10 años, supe que ella era mi protagonista. Una cara traviesa y dulce…” , sonríe Cherry. Cuando llegó el momento de despedirse de su madre a la que apretaba fuertemente la mano, la niña estaba muy, muy triste.
“ Los Catorce días de Antoniette”
El maravilloso libro “Helluva Town” publicado por la editorial PowerHouse Books contiene las imágenes que de la ciudad Cherry tomó durante los años 40 y 50. (Todas las instantáneas incluídas en este artículo pertenen al mismo).
“-Sí, durante esos años- comenta Vivian- pasaba casi todos los días en la calle. De alguna forma esa adrenalina que te produce esta forma de fotografiar es una adicción. Tienes que ser rápida, o paciente, depende del momento. No es como la fotografía de estudio en el que tú controlas todos lo elementos. Aquí la realidad se mueve. Es imprevisible. Tienes que ser ágil para captarla y tomar en segundos decisión sobre luz, apertura… luego además, la fotografía tiene que ser buena. He recorrido muchas calles de esta ciudad. Horas, días, meses, años. Siempre, todos los días sucede algo. Por ejemplo, esta imagen tomada en Harlem en la que los niños miran al cielo; en realidad ellos miraban el paso de un avión.

Ahora estamos habituados a ver pasar cientos de ellos a diario pero en esa época eran muy pocos y entonces ellos lo miran maravillados.
Te gusta fotografiar a niños.
Sí me encantan. Son frescos, naturales, divertidos. Pero antes era más fácil retratarlos, ahora ¡¡no hay niños en la calle!! Están en su casa hablando con sus amigos por internet; además todo el mundo es mucho más consciente de la presencia de una cámara…eso hace más difícil captar naturalidad.

Niño realmente enfadado.
¿Tienes dificultades con la gente cuando les fotografías sin previo aviso? Casi nunca, pero cuando sucede me hago la loca y desaparezco; o simplemente miento y digo que no hice ninguna foto. Alguna vez he tenido que caminar rápido…. Los lugares más difíciles son el metro o el autobús ¡no hay sitio por el que escaparte! La gente suele responder peor en espacios cerrados. Se crea tensión por la cercanía. Es un ataque a la “privacidad del otro” evidente, en donde-por estar las puertas cerradas- éste tiene tiempo de reaccionar….¡o por lo menos de pensárselo! Pero, en general, no tengo problemas.

¿Has podido vivir siempre de la fotógrafia?
Bueno, a finales de los 50 tuve que empezar a hacer otras cosas… no era fácil ser fotógrafa y madre soltera a la vez. Hice todo tipo de cosas, desde un documental a joyas, pintura, dibujos. Pasé tiempos difíciles….
Momentos de crisis. Comedor público.
En 1987, Cherry volvió a retomar su trabajo como fotógrafa.
¿Cómo has visto y ves Nueva York?
Sí, Nueva York ha cambiado mucho. Ha vivido diferentes épocas e incluso diferentes nombres. Cuando yo nací vivíamos en Harlem, entonces a la parte sureste de la ciudad se le conocía como el East Lower South, ahora lo llaman East Village ¿no? Sí, la ciudad ha pasado por etapas más o menos duras, pero siempre será Nueva York. Es un resumen del mundo, de razas, de artistas, de gente diversa y, eso para una “voguer” como yo, es fantástico. He fotografiado otras ciudades, pero ¿qué otra ciudad hay más fascinante que esta? Soy una mujer de ciudad y esta es la mejor ciudad del mundo. He viajado, claro, y fotografiado lugares maravillosos como Méjico, país que he recorrido, varias veces, junto con una amiga. Alquilamos un coche y recorremos para arriba y para abajo…
¿Color o blanco y negro?
En los 90 comencé a tomar fotos en color, pero el blanco y negro va más allá. Es otro mundo, para mí superior.
¿Qué te parecen las cámaras digitales para tí que estás habituada al carrete?
Todavía no la he probado muy bien. Pero creo que es fascinante. Ves en el momento lo que haces y no tienes que esperar a recoger tu trabajo en el laboratorio. Te facilita la vida. Por ejemplo, hay una galería que me representa en Santa Fe (Nuevo Méjico); el hecho de contar con tecnologías tan rápidas y prácticas como la digital e internet, hace que nuestra relación sea fluída y no se resienta por la distancia.
Oí en la entrevista de la radio que también estás empezando a hacer tus pinitos en programas de música de macintosh…
Síí, bueno, mi hijo me está enseñando a utilizar GarageBand. Quiero hacer montajes fotográficos en los cuales la música sea un complemento más. ¡Estoy componiendo música! algo que nunca imaginé que llegaría a realizar.
- No es sólo energía, es también curiosidad perenne de una mente joven y pícara. Yo diría que ella- Vivian Cherry- eligió a la pequeña y traviesa Antoniette como protagonista de sus fotografías, sin saber que elegía un reflejo en el espejo de sí misma. Una fotógrafa que todavía se esconde tras las esquinas, observa, dispara y huye con una sonrisa de pilla cuando sabe que ha robado “la imagen que vale”.
Vivian-le pregunto- ¿Cuántas veces me dijiste que te habías divorciado? Sonríe, se acerca a mi oído y susurra “cuatro”…. Como decimos en España-le informo….¡no hay quinto malo!.
Y esta fotógrafa de 90 años, me devuelve una medio sonrisa enigmática…
Me acompaña hasta el ascensor y nos despedimos como dos nuevas amigas ¿Sabes por qué quise que me entrevistaras? – me confiesa de repente- “porque las dos cambiamos de profesión dentro del mundo artístico y a mí también me intrigaba conocerte. Pensé que tenías que ser una de las mías”.
Todavía fascinada y a través de su abrazo final, esperé- egoistamente- que esta mujer cercana al siglo, me transmitiera su elixir de la eterna juventud.

Vivian Cherry.
Tomo el metro hasta Canal Street. Otra de las tantas calles retratadas por esta fotógrafa documentalista de Nueva York.

©.Imágenes cedidas por cortesía de PowerHouse Books
http://www.viviancherry.com/
