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Fecha: enero, 2015
Religión y violencia
Alfredo Barbero 11-01-2015 | 9:49 | 2

Las religiones islámicas son tan pacíficas como cualquier otra religión. Y también tan violentas.

Los grandes textos religiosos predican fundamentalmente el mensaje de la Paz, pero de cualquiera de ellos -incluidos la Biblia y el Corán- se pueden hacer lecturas parciales, fragmentadas, descontextualizadas, literales o sesgadas, que permitan una perfecta justificación del uso de la violencia.

Esto es algo que ocurre con todos los textos complejos, largos, metafóricos y poéticos: permiten casi cualquier tipo de interpretación.

El problema, por consiguiente, no es tanto el propio texto religioso como sus intérpretes.

¿Y quién interpreta los textos religiosos?

La cúpula jerárquica de cada religión (en cada época histórica).

Aquí reside una parte fundamental del problema de la violencia religiosa.

La otra parte tiene mucho que ver con el nivel cultural de las personas, de la sociedad, que cree en una determinada religión.

La evolución cultural de la sociedad civil ha moderado y civilizado extraordinariamente a las religiones. Se ha civilizado y moderado tanto el discurso y los mensajes elaborados por las cúpulas jerárquicas, como la vivencia individual y grupal del hecho religioso en sociedad.

Desde que en 1543 se publicó póstumamente -para evitar la hoguera-, De revolutionibus orbium coelestium (Sobre las revoluciones de las esferas celestes), de Nicolás Copérnico, que produjo un auténtico Big Bang científico y cultural, Occidente ha vivido un intenso proceso de evolución intelectual hasta nuestros días. Un proceso que ha tenido periodos de gran creatividad, como el Renacimiento, la Ilustración, la revolución industrial, el desarrollo de los derechos individuales y de las democracias contemporáneas, y la revolución tecnológica y digital.

Sin este extraordinario proceso de desarrollo cultural de la sociedad civil, la religión protestante, o la religión católica, por ejemplo, serían bastante menos “civilizadas” de lo que actualmente son. La cultura modera, regula, a la religión de una forma determinante, decisiva. Por eso, cuanto más bajo es el nivel cultural de una sociedad, más probables, intensos y numerosos son los fenómenos de fanatismo religioso. Y con más adeptos cuentan.

No todas las zonas ni países del mundo han tenido la misma suerte de experimentar un proceso cultural análogo al nuestro desde el fin de la Edad Media. Los ahora llamados países del Tercer Mundo no lo han tenido. Esta es una de las razones de fondo por las que en estos países, tanto las cúpulas jerárquicas como la sociedad creyente, son mucho más propensas a las interpretaciones radicales de los textos religiosos que legitiman la violencia.

La inmensa mayoría de los musulmanes que viven en Occidente son filosófica e ideológicamente contrarios al uso de la violencia por la misma razón principal por la que lo somos los propios occidentales: no tanto porque la religión de cada uno de nosotros lo predique, como porque la educación, la cultura de la sociedad civil, las leyes y las Constituciones así se lo exigen a los creyentes de todos los cultos. Cultos y religiones que, como tales, merecen el máximo respeto.

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2015: En un lugar de La Mancha (Primera Parte)
Alfredo Barbero 02-01-2015 | 11:23 | 0

Todos los años lo son del Quijote, de Cervantes y de Don Quijote. Todos, sin excepción. En éste, simplemente se va a celebrar el Cuarto Centenario de la publicación de la Segunda Parte. Vayan preparándose para todo tipo de fastos políticos, académicos y mediáticos, aunque lo mejor será la oportunidad de que, quien todavía no lo haya leído, lo lea, quien lo leyó 21 veces pase a hacerlo 22, y quien hizo una lectura demasiado profesional, o “científica”, se relaje y disponga a disfrutar -con una mirada más libre- del Arte, la grandísima ironía y el sabio sentido común con el que don Miguel obsequia a raudales nuestro intelecto, y todas nuestras emociones. ¡Es el arte de la Literatura en su máxima expresión!

¿A qué se debe la mención que acabo de hacer a las “lecturas científicas” del Quijote? Sí, en efecto, se debe al profesor Parra Luna, recuerdan bien, el catedrático emérito de Sociología de la Universidad Complutense de Madrid que en el año 2009 publicó un libro, El enigma resuelto del Quijote, con el que pretendía haber verificado de modo científico cuál es “el lugar” de La Mancha de cuyo nombre Cervantes no quiso acordarse, y que ha anunciado volver a publicar en este 2015 que comienza otro libro en el que piensa decir lo mismo que ya dijo hace 6 años: que Villanueva de los Infantes, su propio y bonito pueblo natal, es también -¡científicamente hablando, por supuesto!- el pueblo de Don Quijote.

Después de publicar el 18 de septiembre del pasado año en este mismo blog el artículo En un lugar de la Mancha… en el que hago, con un enfoque psicológico, un análisis sobre la imposibilidad de conocer con certeza las intenciones de Cervantes a partir de la interpretación del texto del Quijote, remití el enlace al profesor Parra y a varios miembros de su Equipo Multidisciplinar de diversas universidades españolas (formado por matemáticos, geógrafos, historiadores y filólogos), e intercambié con él entre el 25 y el 29 de ese mismo mes un total de 6 correos electrónicos (tres por su parte y tres por la mía) con varios argumentos y contraargumentos. También envié el enlace al artículo y esos correos a los ilustres cervantistas internacionales que habían participado en el mes de julio en unas Mesas Redondas organizadas por la Universidad Libre de Infantes, que se celebraron en Villanueva: los profesores Jean Canavaggio (catedrático de Literatura en la Universidad de París X Nanterre y premio Goncourt por su biografía Cervantes, 1986), Antonio Barbagallo (del Departamento de Lenguas Extranjeras del Stonehill College -Masachussets) y Steven Hutchinson (del Departamento de Español y Portugués de la Universidad Wisconsin-Madison, y Vice-Presidente de la Sociedad Cervantes de América). El profesor norteamericano Daniel Eisenberg, sutil y lúdico analista de Cervantes, y el profesor de Seúl, Chul Park (primer traductor del Quijote del castellano al coreano), fueron también informados, así como el Rector de la Universidad Libre de Infantes, profesor Ruiz Rodríguez, el catedrático de Filología don Carlos Alvar (investigador en la Universidad de Ginebra y Director del Centro de Estudios Cervantinos de Alcalá de Henares), el Presidente de la Asociación de Cervantistas, profesor Lucía Megías, el profesor Morón Arroyo (catedrático jubilado de Estudios Hispánicos en la Universidad de Cornell, e investigador honorario del CSIC), el catedrático de Filología y co-director del libro El enigma resuelto del Quijote, profesor Fernández Nieto, el experto en Caminería Hispánica, Dr. Sánchez Sánchez, y el prestigioso y veterano cervantista manchego, Dr. D. Justiniano Rodríguez.

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El profesor Canavaggio tuvo la amabilidad de enviarme un correo electrónico (04/10/2014) para decirme que no pertenece al grupo de profesores universitarios españoles que afirma que Villanueva de los Infantes es “el lugar” de La Mancha, haciendo además la siguiente sabia reflexión: “considero que, en el proceso que originó la localización manchega de la patria de don Quijote, Villanueva de los Infantes bien pudo ser un referente implícito entre muchos para Cervantes, lo mismo que otros pueblos manchegos, ya que nos encontramos ante un lugar que viene a ser una construcción verbal, síntesis artística de múltiples experiencias.”

El profesor Morón Arroyo me remitió amablemente un correo electrónico (13/10/2014) en el que, entre otras certeras reflexiones, decía: “1º. Para un filólogo tiene sentido cualquier investigación sobre la obra maestra. Sin embargo, para el Quijote, la determinación del supuesto lugar de origen es un tema baladí. Nos interesa descubrir criterios para apreciar la inmensa obra de arte. 2º. En tiempo de Cervantes no existe la conciencia de un realismo de lugar y tiempo en la novela. Es algo así de sencillo. La primera novela  europea donde hay fidelidad de tiempo y lugar es La Princesse de Clèves, de Madame de Lafayette (1678).” Y en uno posterior remitido al grupo de receptores de correos, añadió con gran sentido del humor (03/11/2014): “De nuevo, estas observaciones sobre qué es la lectura universitaria, desde el aprecio del contenido humano y artístico del texto al placer del detalle, son las centrales en nuestro caso, más que las especulaciones sobre nuestros pueblos. ¡¡Pues y los que sitúan La Mancha en un pueblo de Zamora!!”

El catedrático de Historia Moderna y Rector de la Universidad Libre de Infantes, profesor Ruiz Rodríguez, tuvo la amabilidad de enviarme un correo (22/09/2014) en el que manifestaba: “Por lo que respecta a la crítica del libro que usted hace, me parecen unas argumentaciones importantes (…)”, en referencia a las que expongo en mi artículo publicado en EL NORTE DE CASTILLA, mostrando además un espíritu abierto para el debate racional de contenidos sin poner el más mínimo inconveniente a este medio de publicación.

El catedrático de Filología Románica de la Universidad Complutense de Madrid y Presidente de la Asociación de Cervantistas, profesor Lucía Megías, fue muy cordial al hacer una entrada en su excelente blog, El donoso escrutinio, para presentar mi artículo (10/10/2014). https://eldonosoescrutinio.wordpress.com/…/en-un-lugar-de-la-mancha-arti

El profesor Daniel Eisenberg me escribió un correo (11/11/2014) en el que se disculpó por no haber leído el libro del profesor Parra, pensando que un “juego exquisitamente cervantino” podría haber sido el de dar una serie de indicaciones que apuntan a “un lugar” en la Primera Parte, y a “otro lugar” en la Segunda.

El co-director del libro El enigma resuelto del Quijote, profesor Fernández Nieto, mostró en su e-mail (27/09/2014) la sabiduría de la duda, muy alejado de taxativas e incontrovertibles interpretaciones del texto de Cervantes: “Muchas gracias por las críticas en torno al “lugar de la Mancha”. Algunas de las afirmaciones que realiza me las he planteado, pues en todas las intervenciones que realizo siempre parto de la premisa de que el Quijote es lo que, hoy, se denomina una novela que siempre es una acción fingida en todo o en parte pero ¿en que proporción?” Así le contesté en aquel momento: “Sus dudas sobre la ‘proporción’ me parecen del todo razonables. Pero piense que, si hay proporción, no puede haber absoluta certeza. Ni, por tanto… GRAN PREMISA.” En efecto, si en El Quijote se acepta que hay, sea en la proporción que fuere, una parte de “acción fingida” (lo cuál parece bastante obvio), entonces no hay forma humana de saber cuándo los “datos” proporcionados por Cervantes son reales y cuándo pertenecen a esa parte “fingida”. En una situación así, un tipo de situación que bien podemos calificar como típicamente literaria, la verificación científica de cualquier hipótesis sobre “el lugar” se hace imposible.

El profesor Montero, catedrático de Matemáticas en la Universidad Complutense de Madrid, y miembro del Equipo del profesor Parra Luna, fue muy amable al remitirme dos correos electrónicos (28 y 29/09/2014). Don Francisco Javier es defensor de la hipótesis del profesor Parra. La “consistencia matemática” de los resultados que obtiene mediante cálculos realizados a partir de los supuestos datos objetivos que le entrega el profesor de Villanueva de los Infantes, le hacen creer lo siguiente: “En la parte que me toca, de la información lingüística que yo recibí acerca de las distancias relatadas en El Quijote, se deduce su consistencia con la existencia del mapa de La Mancha en la cabeza de Cervantes, marcando el entorno más cercano a Villanueva de los Infantes como el punto plausible de origen de los viajes. [...] hasta Tolkien, cuando crea El Señor de los Anillos, construye un mapa dentro del cual los movimientos de todos los personajes es consistente. Y si no nos hubiese dado ese plano al final del libro, podríamos haber estado años tratando de reconstruirlo. [...] Tolkien crea su mundo, y lo tiene que crear consistentemente. Cervantes no tiene otro remedio que ser consistente con el mundo (real) del que habla. El nos dice cuál es su mapa en la primera línea del libro. ¿Por qué habría de mentirnos?”  

En resumen, mi respuesta al profesor Montero fue ésta: “Cervantes, por supuesto, no miente, profesor Montero. Cervantes nos relata sus muchas y muy grandes ‘verdades literarias’ sobre la vida. ¿Tenía un mapa en su cabeza sobre ‘el lugar’ de la Mancha? Es posible. Con certeza, por ahora, sólo podemos asegurar que lo tenía Tolkien. [...] En el caso de Cervantes, unos ‘datos’ no empíricos apuntan a que podría tenerlo, pero no podemos saber que su intención real fuese dejar ‘un acertijo’ y unos datos objetivos con los que averiguar cuál es ‘el lugar’ de la Mancha. Esta es la diferencia. Las intenciones humanas no se determinan matemáticamente, se pueden mostrar sólo si existen previamente. Su analogía, por tanto, no me parece correcta. [...] Sin datos empíricos (los del Quijote son hipotético-ficcionales, salvo que se admita la GRAN PREMISA del profesor Parra sobre las intenciones de Cervantes [dejar "un acertijo"] (…), todo cálculo será siempre hipotético. [...] Razono de esta manera porque supongo: 1) que no pensará usted que da igual que los datos sean objetivos que hipotético-ficcionales; 2) que unos cálculos de alta consistencia matemática hechos con datos hipotéticos permiten llegar a una conclusión de alta consistencia empírica o real; y 3) que Cervantes quiso dejar un complicadísimo ‘acertijo’ a los lectores sobre ‘el lugar’ de la Mancha para cuya resolución son necesarios los modelos computerizados de cálculo matemático del siglo XXI.”

Me detengo más en este intercambio de argumentos con uno de los principales matemáticos del Equipo del profesor Parra Luna por la importancia que en su estudio se da a estos cálculos teóricos para avalar la hipótesis de Villanueva de los Infantes. A mi juicio, el profesor Montero incurre en dos errores: 1) No tener en cuenta que los “datos” del profesor Parra no son datos empíricos (no lo son: a) ni las distancias expresadas en leguas, de las que no hay prueba objetiva de que Cervantes quisiera consignarlas de forma exacta, como datos reales, b) ni mucho menos las tardanzas expresadas en jornadas, que luego don Francisco Parra “traduce”, “cocina” y convierte en kilómetros calculando una “velocidad media” (¡?) a Rocinante y al rucio). Repetimos: ¡NO son datos empíricos! Por tanto, todos los cálculos matemáticos que se hagan con este tipo de “datos” nunca pasarán de ser un juego teórico. 2) Confundir el hecho conocido, por declarado, de que Tolkien tenía en la cabeza un mapa del territorio literario de El Señor de los Anillos (que dejó en su libro), con la probabilidad matemática, sólo PROBABILIDAD, de que Cervantes también pudiera haberlo tenido del “lugar” de La Mancha. Pero las intenciones humanas no se pueden deducir, determinar, ni conocer con certeza mediante cálculos matemáticos, por muy “consistentes” que sean. Todos los ultraprecisos modelos cibernéticos que se utilizan no pueden certificar que la intención de Cervantes fuese la de dejar “un acertijo”. Y si esta “premisa” no queda demostrada (y, ni unos cálculos de probabilidad matemática, ni la interpretación literal y/o “sistémica” de una o dos frases del texto literario, tienen capacidad de verificar intenciones), en ningún momento se puede afirmar que los “datos” que Cervantes escribe en El Quijote sobre tardanzas y distancias son datos objetivos, equivalentes a datos empíricos. No se podría afirmar ni siquiera aunque supiésemos con seguridad que Cervantes conocía muy bien todo el territorio de La Mancha, circunstancia harto improbable y no acreditada en estudios histórico-biográficos. Si alguien logra alguna vez patentar un modelo matemático que permita conocer las intenciones humanas, se hará más famoso que el mismísimo Don Quijote. Todos los Estados y Ministerios de Educación del mundo utilizarían ese modelo, y nuestra libertad -mucho más que probablemente- se vería en extremo amenazada. ¡Ojalá nunca llegue a existir tal tipo de intencionales modelos matemáticos!

El también catedrático de Matemáticas y experto en Teoría de Sistemas, profesor Pla-López, antiguo miembro del Equipo del profesor Parra, remitió al grupo de receptores de correos electrónicos un texto en el que, con un gesto de sinceridad que le honra, escribió el siguiente párrafo (03/11/2014): “Ciertamente, hablar de “tesis científica verificada” en ese contexto es epistemológicamente incorrecto, dado que no puede haber verificación experimental. Incluso si adoptáramos una metodología popperiana, que en vez de la verificación busca la falsabilidad como característica de la ciencia, también en este caso se trataría de una tesis no falsable, dado que tampoc es posible una falsación experimental.”

El experto en Caminería Hispánica, Dr. D. Jesús Sánchez Sánchez, nos envió un amplio y detallado correo crítico con la hipótesis del profesor Parra Luna (04/11/2014). Esta crítica la ha desarrollado y publicado en diversos medios académicos desde el año 2004. A mi modo de ver, uno de sus argumentos más decisivos es el siguiente: “Esto me parece algo nuclear y que hace referencia a dos consideraciones epistemológicas. Pla niega tanto la posibilidad de verificación como la posibilidad de falsación, dada la imposibilidad de una verificación experimental como de una falsación experimental. Para nosotros nada obsta el compartir la imposibilidad de una verificación experimental. En cambio, no compartimos la imposibilidad de una falsación experimental. Nos referimos, cuanto menos, a la falsación empírica (experimental) del carácter realista de la geografía quijotesca y, por ende, a la falsación de que Cervantes estaba condicionado a seguir un plan geográfico consistente. Para nosotros, la cueva de Montesinos ofrece sin dificultad la falsación empírico-experimental absoluta respecto del supuesto carácter realista de la geografía quijotesca a cualquiera que quiera ir allí (Ossa de Montiel, Albacete) y pretenda descolgarse con una soga. En 2008 (VIII Congreso de Caminería Hispánica) di argumentos sobre la imposibilidad física de desarrollar en esta cueva la trama que describe Cervantes. Quien vaya a esa cueva Quijote en mano, puede fácilmente verificar que la realidad física (topografía y perfiles longitudinales) de la cueva ‘real’ es radicalmente incompatible con las aventuras relatadas por Cervantes.”

El Dr. D. Justiniano Rodríguez me envió varios correos en apoyo de los 12 argumentos de mi análisis y enfoque psicológico sobre el falso conocimiento que el profesor Parra cree tener de las intenciones de don Miguel (basado principalmente en la interpretación literal, sin el más mínimo asomo de sentido del humor o ironía, de una frase del último capítulo del Quijote), alentándome a poner en evidencia que, no por más empecinarse, conseguirá estar menos equivocado. Don Justiniano también piensa que: “la verdad es la verdad, se diga en la Academia o se diga en el ágora.”

Al entender que nuestros enfoques analíticos son complementarios, el Dr. Sánchez y yo enviamos un correo electrónico conjunto al profesor Parra Luna (11/11/2014), recordándole que los argumentos que hemos reunido permiten refutar (aunque él no se entere o quiera dar por enterado) su falsa “tesis científica verificada” de que Villanueva de los Infantes es “el lugar” de La Mancha. La afirmación del profesor Parra en favor de su propio pueblo natal, en realidad, no es más que una hipótesis. En un proceder científico lógico, ahora le tocaba a él el turno de contraargumentar e intentar demostrar lo erróneo de nuestros argumentos. Ante su prolongada falta de respuesta y silencio, decidimos publicar un artículo conjunto en la edición digital y de papel del diario ABC de Toledo (23 y 26/11/2014). Este artículo tampoco ha sido contestado por el profesor Parra.

Agradezco la amabilidad de los ilustres cervantistas, catedráticos y profesores que me han permitido tener el honor y el placer de dialogar con ellos, siquiera brevemente, y también la paciencia de los que prefirieron adoptar una actitud de generosa escucha.

El enigma literario del “lugar” de La Mancha con el que Cervantes quiso obsequiar a todos los lectores, no ha sido resuelto por los “gigantes” matemático-metodológico-sistémicos del profesor Parra Luna, que sigue encerrado en su burbuja teórica. Afortunadamente para los amantes de la Literatura, Don Quijote seguirá viviendo (en este 2015, y durante algún que otro siglo): En un lugar de La Mancha…

¡Feliz Año Nuevo!

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2015: En un lugar de La Mancha (Segunda Parte)
Alfredo Barbero 02-01-2015 | 11:19 | 0

Esta Parte es una versión en 16 puntos -lo cual supone diversas modificaciones de los textos originales- de los argumentos que trasladé al profesor Parra Luna en el intercambio de correos electrónicos, y en la redacción del artículo del ABC de Toledo, que relaté en la Primera Parte. Junto con los 12 puntos publicados el pasado 18 de septiembre en el artículo, En un lugar de la Mancha…, y los contenidos en los que amablemente me permitió hacer públicos en julio y septiembre del año 2012 -en este mismo blog- el famoso historiador y psicoanalista, Fide Amatto Sentineli: El enigma que ha durado cuatro siglos, y los que dure, y, El enigma que ha durado cuatro siglos, y los que haya de durar, forman un conjunto de argumentos que permite refutar la falsa “tesis científica verificada” sobre las intenciones de Cervantes y “el lugar” de La Mancha que durante más de una década ha defendido el profesor Parra, a saber: que Villanueva de los Infantes, su propio y bonito pueblo natal, es también el pueblo -¡”científico”, por supuesto!- de Don Quijote.

(Naturalmente, por su parte puede publicar cuando quiera, y en el medio que estime oportuno, todos los argumentos que me remitió a mí, y sus posibles nuevas versiones).

1. El pasado 25 de septiembre le comuniqué, mediante un correo electrónico, la publicación en mi blog de EL NORTE DE CASTILLA de un artículo titulado En un lugar de la Mancha… en el que expongo, con un enfoque psicológico, 12 argumentos que demuestran que está usted muy equivocado cuando cree que puede conocer con certeza las intenciones de Cervantes, y cuando fundamenta en este falso conocimiento su “GRAN PREMISA” de que en El Quijote hay “un acertijo” para que los lectores descubran “el lugar” de La Mancha. Graves errores estos en la fundamentación de su estudio que invalidan la supuesta “tesis científica verificada” de que Villanueva de los Infantes es ese “lugar”. Desde entonces, en los correos electrónicos que hemos intercambiado ha utilizado usted la misma estrategia básica: descalificar mis 12 argumentos desautorizando el medio en el que están publicados. En el último que me envía, afirma al principio que está de acuerdo con la frase: “la verdad es la verdad, se diga en la Academia o se diga en el ágora”, pero luego se contradice al final razonando que para argumentar sobre el supuesto “acertijo” del Quijote los lectores debemos publicar primero en revistas científicas especializadas (¡?). Recuerde que en EL NORTE DE CASTILLA escribió libre y lúcidamente durante muchos años el otro don Miguel: don Miguel Delibes. ¿También habría desautorizado usted a don Miguel (Delibes) si viviese y hubiere decidido escribir en EL NORTE (ahora ya por Internet, claro) un artículo crítico con su libro, El Enigma resuelto del Quijote…?

2. Su manera de contestar a mis correos electrónicos no me ha molestado, profesor Parra, me ha divertido (como don Miguel, aunque por distintos motivos). Le hago 10 preguntas: 1) ¿Cree que descalificando el medio de publicación se descalifica el contenido de mi artículo? 2) ¿Es ésta su estrategia para responder a mis argumentos? 3) ¿Cree que el mundo académico posee un antídoto contra el error? 4) ¿Cree que fuera de ese mundo nadie dice cosas serias ni hace reflexiones acertadas? 5) ¿Cree que lo que no se publica en revistas científicas especializadas carece de valor? 6) ¿Ha oído hablar de la endogamia solipsista de las estructuras (y superestructuras) académicas? 7) ¿No sabe que la verdad es la verdad, se diga en la Academia o se diga en el ágora? 8) ¿No conoce la cantidad de textos serios -aunque tengan formato satírico o irónico- que científicos, escritores e intelectuales de todo el mundo, incluidos premios Nobel, escriben y publican hoy día en la Prensa y en Internet? 9) ¿Cree que si Cervantes viviese en esta época se negaría a escribir en Internet guiado por un criterio tan rigorista como el suyo? 10) ¿Cree que ante un artículo crítico publicado en un medio digital se refugiaría en “lo académico”…?

3. Los juicios de intenciones no pueden fundamentar los estudios científicos. Los juicios de intenciones no pueden ser “grandes premisas” por la sencilla razón de que no son más que interpretaciones, simples hipótesis. Aunque parezca sorprendente, el profesor Parra basa todo su largo y complicado estudio académico en una doble interpretación del texto del Quijotede la que obtiene la falsa certeza de que Cervantes tuvo la intención de dejar a los lectores “un acertijo” para descubrir “el lugar” de La Mancha. La primera de las interpretaciones que realiza es una interpretación “sistémica” de dos frases del texto. La segunda, la interpretación LITERAL de una de esas dos frases, la escrita en el último capítulo. Veamos.

4. En lo que se refiere a su interpretación “sistémica”, estos son los dos axiomas del juicio de intenciones que el profesor Parra hace a Cervantes: 1) Entre la archifamosa primera frase del Quijote“En un lugar de la Mancha, de cuyo nombre no quiero acordarme, no ha mucho tiempo que vivía un hidalgo…”, y ésta otra del último capítulo de la novela, ya casi al final de la misma: “Este fin tuvo el Ingenioso Hidalgo de la Mancha, cuyo lugar no quiso poner Cide Hamete puntualmente, por dejar que todas las villas y lugares de la Mancha contendiesen entre sí por ahijársele y tenérsele por suyo, como contendieron las siete ciudades de Grecia por Homero”, entre ambas, Cervantes habría querido establecer una relación de significado (primera intención, “imperativa” por sistémica, de Cervantes). 2) La relación de significado que don Miguel quiso establecer entre estas dos frases no puede ser otra que la de proponer a los lectores “un acertijo” para que se descubra el pueblo de Don Quijote (segunda “taxativa” “incontrovertible” intención de Cervantes, según el profesor Parra). Esta interpretación “sistémica” de las intenciones del escritor, por mucho que don Francisco Parra pretenda otra cosa, no pasa de ser eso: una interpretación, un juicio de intenciones. El profesor Parra no aporta prueba empírica alguna externa al texto del Quijote (documento oficial o testamentario del autor, testimonio fiable escrito por algún confidente de Cervantes, etc.) que permita acreditar las intenciones del novelista. Confunde así una hipótesis con un hecho probado. Eleva erróneamente su interpretación del texto y su juicio de intenciones a la categoría lógica de “GRAN PREMISA”, y fundamenta en ella la afirmación de que los “datos” que Cervantes escribe en El Quijote sobre tardanzas y distancias son de naturaleza objetiva, igual que si fuesen datos reales o empíricos. ¡Pero NO son datos empíricos! Cuando entrega después estos “datos” al Equipo de matemáticos para que hagan cálculos cibernéticos, al milímetro y al segundo, no hay posibilidad empírica alguna de que con ellos se pueda descubrir “el lugar” de La Mancha.

5. Una y otra vez, profesor Parra, usted identifica y confunde el HECHO LITERARIO indiscutible de que Cervantes escribió la frase del último capítulo del Quijote en la que prácticamente fundamenta toda su investigación, con la interpretación LITERAL que sigue empeñado en hacer del significado de esa frase. ¡Este es su GRAN ERROR! Parece que le cuesta entender las ironías. ¿No sabe que la ironía es un sobresaliente HECHO LITERARIO? Cuando Cervantes compara a Don Quijote con Homero y pide una contienda entre todas las villas y lugares de La Mancha en la frase del último capítulo de la novela, usted no admite otra posibilidad que la de un SIGNIFICADO LITERAL. Bien. Cabe hacerlo así, cabe tomar el significado de las 46 palabras de esa frase “al pie de la letra” (46 palabras, no 28, profesor Parra, debe leer la frase completa para entender mejor su significado), pero también cabe pensar que se trata de una más de las geniales ironías de don Miguel. Y esto es justamente lo que a usted no le cabe en su cabeza. ¿Cree que los lectores que interpretan esa frase como una GRAN IRONÍA cervantina no saben leer castellano? ¿O lo que ocurre es que usted no sabe leer ironías…?

(Nota.- A quienes quiere dejar Cide Hamete -no Cervantes- que contiendan entre sí es a “todas las villas y lugares de la Mancha”, según la frase del último capítulo de la novela (Segunda Parte, 1615). Según la famosa primera frase de la novela, Don Quijote vivía “en un lugar de la Mancha” (Primera Parte, 1605). Según la cuarta acepción del DRAE, que recoge el significado de la palabra en la época, un “lugar” es una “población pequeña, menor que villa y mayor que aldea”. Por tanto, si Don Quijote vivía en un “lugar”, no podía vivir en una “villa”. ¿Por qué entonces incluye de pronto Cide Hamete las “villas” en la contienda? ¿No consiguió ponerse de acuerdo con Cervantes en todos esos años…? Una interpretación literal rigurosa de la frase del último capítulo evidencia su formulación incoherente respecto de la primera. Hemos de pensar, quizá, que a Cervantes y a Cide Hamete -ni siquiera teniendo la posible intención de hacer fácil a los sencillos lectores del siglo XVII la más elemental comprensión literal del texto- les preocupaba demasiado evitar la magnífica, y privilegiada, “falta de lógica” del arte de la Literatura).

6. Para hacer una crítica razonada de las hipótesis, “gran premisa”, errores y juicios de intenciones que hay en su libro no es necesario -como me sugiere en el correo electrónico- que lea el primero, ni tampoco el tercero que anuncia, ni ningún otro de los que usted ha escrito o vaya a escribir. El libro El enigma resuelto del Quijote tiene autonomía conceptual propia, y usted lo sabe. Puede resultar un poco cómico el hecho de que una muy larga y complicada investigación académica se base en gran medida en la interpretación LITERAL de una frase que bien cabe entender como una más de las múltiples bromas e ironías de Cervantes (y todo lector del Quijote, por supuesto, tiene derecho a opinar y pronunciarse sobre el posible sentido irónico de esa frase). Pero la realidad es que ni su interpretación “sistémica” de las dos frases, ni su interpretación LITERAL de la del último capítulo, son prueba alguna de que don Miguel de Cervantes tuvo la intención de dejar “un acertijo”. Piénselo: ¡no son más que dos INTERPRETACIONES DEL TEXTO que usted hace! Por tanto, carece de todo sentido científico sostenella y no enmendalla, o empecinarse, en este decisivo punto.

7. No baso mi crítica en una única premisa, profesor Parra, es usted el que hace esto en su investigación. Y no se queda corto: la llama “GRAN PREMISA”. En mi artículo -que compruebo que no ha leído con suficiente detenimiento a pesar de ser muy breve- expongo la posibilidad de que Cervantes tuviese varias intenciones al escribir las dos frases de referencia: ¡VARIAS POSIBILIDADES o POSIBLES INTENCIONES! Es usted el que hace una interpretación ÚNICA y no alcanza a ver más que la ÚNICA intención de dejar ese insistente ”acertijo”.

8. Este psiquiatra no está seguro de conocer la mente y las intenciones de Cervantes, ¡ya me gustaría! Textualmente digo en mi artículo: “no es posible saber con certeza las intenciones que realmente pudo haber tenido Cervantes”. Muy al contrario, es usted con su estructural “imperativo sistémico” entre las dos frases, y con su interpretación literal de la del último capítulo, el que insiste reiteradamente en conocer de forma “taxativa” e “incontrovertible” las intenciones de don Miguel. No puede negar, como dice en su correo electrónico, que usted hace un juicio de intenciones -”sumarísimo”, además- a Cervantes. Por favor, recuerde bien sus propias palabras y transcriba bien las de los demás.

9. Si no está de acuerdo con mi enfoque psicológico para demostrar la imposibilidad de conocer con certeza (sin aportar pruebas empíricas externas al texto) cuáles pudieron ser las intenciones reales de Cervantes, incluya en su Equipo algún psicólogo que le asesore. Aunque el análisis que he hecho permite refutar la validez científica de la tesis que defiende -y entiendo las consecuencias que esto puede tener para usted- no quiera por eso invalidar mis 12 argumentos “de golpe”, como escribe en su e-mail. Le aconsejo que, con más calma, reflexione detenidamente sobre el muy claro error en el que fundamenta su trabajo y su conclusión.

10. En ningún momento, profesor Parra, he formulado el sobreinclusivo argumento de que todo sea una ironía o irónico en El Quijote. Aunque si es por ironías, desde luego, no podemos quejarnos: llueven por millares. Cervantes es uno de los más grandes ironistas de la historia de la Literatura, como usted bien sabe. Por eso, entre otras muchísimas razones, nos gusta tanto. La cuestión concreta a resolver es si la frase del capítulo final de la novela que usted se empeña en interpretar literalmente, única y nada más que literalmente, es en realidad una GRAN IRONÍA de don Miguel. ¿Por qué no pide a alguno de los filólogos de su Equipo que publique un análisis sobre los posibles significados de esa frase…? La sola posibilidad de que sea una ironía, no ya el HECHO LITERARIO de que lo sea (con la certeza máxima con la que cabe determinar la existencia en los textos literarios de este tipo de tropos o figuras), la sola posibilidad, hace que la “taxativa”, “incontrovertible” e “imperativa” certeza que usted tiene sobre la intención de Cervantes de dejar “un acertijo” no pueda considerarse como dato cierto -ni utilizarse como “GRAN PREMISA”-, puesto que no es más que un DATO DE PROBABILIDAD. ¿De verdad que no entiende usted esto…?

11. Su brillante Equipo trabaja en El enigma resuelto del Quijote por áreas específicas de alta cualificación. La “GRAN PREMISA” no la construye en conjunto el Equipo, básicamente la ha construido usted. Varios matemáticos lo dejan muy claro en los Anexos Técnicos: hacen sus cálculos PRESUPONIENDO que los “datos” que usted les proporciona son objetivos. No entran (porque nadie se lo ha pedido, porque no quieren, o porque entienden que ese no es su cometido) a analizar la objetividad real de los “datos” que usted les entrega, simplemente los asumen. Por tanto, no adscriba a todo el Equipo lo que no le corresponde. ¿Por qué no hace una consulta entre todos sus colaboradores para que le digan con sinceridad qué piensan de su INTERPRETACIÓN LITERAL del texto del Quijote y de su “GRAN PREMISA” sobre las intenciones de don Miguel? ¿Por qué no quiere aceptar la más que probable ironía de Cervantes en la frase del último capítulo de la novela? ¿O simplemente la posibilidad de que la frase pueda ser irónica? ¿Quizá porque, si lo acepta, el pilar de toda su investigación se hunde…? Veamos: Contiendan los pueblos y lugares de la ignota Mancha de campesinos por ahijar al enjuto hidalgo loco Don Quijote, como contendieron las bellas ciudades de la insigne Grecia, gran patria de héroes, por hacer suyo al afamadísimo padre de la más alta poesía, el sublime Homero (interpretación libre de una frase… posiblemente irónica).

12. Profesor Parra, ¿no le parece un tanto estrambótica su idea de que Cervantes dejó “un acertijo” en El Quijote en cuya resolución no pueden participar ni argumentar los lectores, sino sólo los catedráticos y profesores que publican en revistas científicas especializadas del siglo XXI? ¿No es igualmente estrambótico el planteamiento de que para resolver ese supuesto “acertijo” que don Miguel habría dejado a los sencillos lectores del siglo XVII se hayan tenido que realizar complejos cálculos cibernético-matemáticos, recurrir a la Teoría de Sistemas, y calcular una “velocidad media” y unas “horas operativas de marcha” a Rocinante y al rucio en un larguísimo estudio académico? ¿No cree que sigue encerrado en una burbuja teórica librando una descomunal batalla de auto-refutación que a nada sensato conduce? ¿No cree que después de tantos años con este asunto del “lugar”, ¡15 años! a su mente le cuesta admitir que está equivocado…? Si quiere, puede seguir insistiendo en sus errores, pero a lo que no tiene derecho es a ser Juez y parte. Por eso voy a enviar por correo electrónico el enlace a mi artículo, y también esta serie de 6 correos electrónicos intercambiados con usted (que me parece ilustrativa), al Rector de la Universidad Libre de Infantes, a todos los participantes en su libro, El enigma resuelto del Quijote, cuyos e-mails pueda encontrar, y también a los participantes en la Mesa Redonda de julio pasado, los profesores Canavaggio, Park, Hutchinson, Alcalá, Barbagallo, Zamora y Fernández Nieto. En el leal con la verdad, y neutral, saber y entender de todos ellos, dejo el juicio más inmediato sobre sus argumentos y los míos. Después, profesor Parra, alcancemos a verlo o no, el tiempo juzgará (quizá en este mismo ágora de Internet que a usted tan poco le gusta).

13. Le aconsejo que salga a respirar un poco de aire fresco, fuera de las superestructuras teóricas y de los “gigantes” metodológicos. Creo que lo necesita. Está demasiado cerrado en su sistema de ideas. Parece que no escucha las razones de los demás. Hágase consciente de que todos los filtros académicos del mundo no son un bálsamo de Fierabrás contra el error. Sea consciente de que existe un censo nada liviano de gloriosos errores y disparates (algunos incluso salen por TV) en estudios científicos y académicos. Sea consciente de que, a pesar de la placa que ha puesto el Ayuntamiento en la Calle Mayor de su pueblo, Villanueva de los Infantes, no afrontamos las cuestiones de notoriedad o fama que usted menciona, sino que de lo que se trata es de saber -hasta donde nuestra razón nos lo permita- cuál es la verdad. Recuerde que Don Quijote tuvo su final de partida en una breve contienda, y en un terreno que no era el suyo, con el desconocido Caballero de la Blanca Luna, pero fue noble y humilde reconociendo sus pasados hechos e ilusiones. Después del paseo, lea El Quijote relajadamente, con sentido común, disfrutando de todas sus ironías. Así es el arte de la Literatura. Así es la vida.

14. Hace dos meses el profesor Parra hablaba de “16 hechos verificables” para cimentar su hipótesis sobre “el lugar” de La Mancha. En las Mesas Redondas del verano pasado celebradas en la Universidad Libre de Infantes, a las que asistieron ilustres cervantistas internacionales, eran 12. Después habló de 14. No sabemos si en esta Navidad ya van por 20, y para la próxima primavera puedan ser unos 30. Su proceder lógico intentando avalar una hipótesis que se supone que está “científicamente verificada” desde el año 2009 (el título de su libro no puede ser más explícito: El enigma resuelto del Quijote) últimamente es de una gran inconsistencia. Quizá esté preocupado por la acogida que en este 2015 puedan tener -entre los lectores del Quijote, los medios de comunicación y la Comunidad Académica- los argumentos con los que defiende su hipótesis. Pero la realidad es que sus “16 hechos verificables” no aportan nada a los 12, ó 14, anteriores. Sigue incurriendo: 1) en los mismos errores de fundamentación relativos a su falso conocimiento de las intenciones de don Miguel de Cervantes, y 2) en la misma confusión de nivel epistemológico respecto de los “datos” que obtiene del texto del Quijote, a los que insiste en otorgar el carácter de datos empíricos sin serlo. Hemos de repetirlo: ¡los “datos” que el profesor Parra entrega a los matemáticos NO son datos empíricos! Su mezcla y confusión entre mundo ficcional y realidad empírica es muy evidente.

15. Los dos principales avales de la hipótesis del profesor Parra Luna no tienen capacidad de verificación empírica o científica. Son estos: a) unos cálculos teóricos de probabilidad matemática hechos con “datos” no empíricos sobre tardanzas y distancias extraídas de un texto literario, de una novela; y b) una serie de “datos adverbiales” proporcionados por Cervantes en el Quijote que el propio profesor de Villanueva de los Infantes considera epistemológicamente “débiles” (y que por si fuera poco obedecen a la intención de “despistar” por parte de don Miguel, según el profesor Parra, aunque en ningún momento especifique cuándo sí y cuándo no).

16. Las posibles intenciones de Cervantes al escribir las dos frases de las que hemos venido hablando bien pudieron ser otras: 1) homenajear con la primera de ellas a toda La Mancha, como Amadís homenajeó a su patria llamándose Amadís de Gaula (comparación que el propio don Miguel hace ya en el primer capítulo); 2) hacer en la frase del último capítulo una gran broma, una GRAN IRONÍA, igualando al loco hidalgo manchego, Don Quijote, con la fama y grandeza del legendario padre de la Literatura occidental, Homero (registro irónico que, salvo al profesor Parra, a casi todo el mundo le resulta bastante evidente); 3) dar intencionadamente datos de varios pueblos para provocar una cómica contienda entre Ayuntamientos y entre eruditos; 4) elegir el nombre sonoro y musical de un amplio territorio para tan afamado “caballero”; 5) abrir un interrogante con el que captar desde el principio la atención del lector; 6) fundir en un “crisol literario”, como a menudo hacen los escritores, información de varios sitios o lugares; etc. Apuntamos algunas, pero no es posible saber con certeza las intenciones que realmente pudo haber tenido Cervantes (como el profesor Parra a estas alturas ya debiera saber).

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Confundir una interpretación sobre las intenciones de don Miguel con un hecho probado es el GRAN ERROR, en términos de fundamentación lógica, del estudio del profesor de Villanueva de los Infantes. Un error que invalida ya en origen su conclusión. La “GRAN PREMISA” del “acertijo” en la que se basan la supuesta objetividad de los “datos” sobre tardanzas y distancias obtenidas del Quijote, y todos los cálculos matemáticos posteriores, en realidad es una PSEUDO o FALSA PREMISA. Por tanto, la conclusión del profesor Parra: “el lugar” de La Mancha es Villanueva de los Infantes, no puede considerarse una “tesis científica verificada”. No es más que una simple -aunque bien GRANDE, bien GIGANTE- hipótesis. Su Dulcinea, ¡ah, Dulcinea! es una humilde lugareña. Mejor y más sabio sería reconocerlo aprovechando la excelente oportunidad que le brinda este 2015.

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Sobre el autor Alfredo Barbero
Psiquiatra del Centro de Salud Mental "Antonio Machado" de Segovia