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Fecha: noviembre, 2015
Legítima defensa
Alfredo Barbero 16-11-2015 | 1:26 | 2

El atentado de París ha sido el 11-S de la civilizada y progresista Europa, la tardía toma de conciencia de lo que el Presidente francés, François Hollande, ha conceptuado con certeza como “un acto de guerra cometido por un ejército terrorista”. A pesar de los atentados que ha habido hasta ahora, incluido el nuestro de Atocha, en Europa todavía una parte de los intelectuales y de la opinión pública venía creyendo que si se producen este tipo de atentados es porque nosotros o nuestros gobernantes hacemos algo mal. Es decir, que en el fondo somos los países occidentales quienes tenemos la culpa. Los políticos de nuestras democracias hacen mal muchas cosas, es cierto, pero no por eso se les puede culpar de los acciones terroristas. La culpa está del otro lado, de los fanáticos violentos que las ejecutan, y de sus líderes y autores “intelectuales”.

¿Existe alguna “terapia” contra el terrorismo…? La ciencia médico-psiquiátrica y psicológica no ha descubierto hasta la fecha un tratamiento eficaz contra el fanatismo religioso e ideológico, ni tampoco contra el odio extremo, la venganza y la agresividad destructiva que a veces mueve la mente humana. Esta falta de “arsenal terapéutico” nos conduce irremediablemente a la legítima defensa. Y en este punto, el viejo proverbio sigue siendo válido: no hay mejor defensa que un buen ataque. El que hicieron anoche los cazas franceses tiene más valor simbólico que práctico, un valor de desahogo del dolor, el miedo, la indignación, la rabia y la impotencia que unos cuantos fanáticos terroristas generaron este fin de semana en la ciudad de la luz.

Los “mecanismos de defensa” a los que las sociedades democráticas occidentales tenemos derecho (además de la información y del conocimiento histórico y sobre las causas, tan fundamentales) deben ser debatidos racionalmente con serenidad, coordinados y financiados internacionalmente, y aplicados con eficacia.

No quiero olvidarme de decir que todas las religiones son respetables mientras no alienten el uso de la violencia.  Y que Occidente tiene como aliados a la mayoría de países musulmanes que está en contra del terrorismo salvaje que practica el Estado Islámico.

 

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La Justicia en las manos
Alfredo Barbero 12-11-2015 | 9:38 | 0

 

A veces, las pequeñas y delicadas manos de una niña de 12 años, sus finos dedos, saben interpretar con asombrosa belleza alguno de los 48 preludios y fugas que contienen los dos volúmenes del Clave bien temperado, de don Juan Sebastian Bach. Otras veces, esas manos sólo saben coger con fuerza un boli para hacer las tareas, doblando en inverosímil arco el dedo índice, o recorrer de pronto con suavidad las mil arrugas del rostro de la abuela.

Esas manos, llenas de vida, ¿sólo valen 18 años de cárcel…?

(In Memoriam de Asunta Basterra)

 

 

 

 

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¡ Tranquil, Jordi, tranquil !
Alfredo Barbero 10-11-2015 | 11:15 | 0

No sabemos lo que el Rey Emérito, que tiene experiencia en este tipo de asuntos, pudo decir anoche a su hijo, el joven Rey recién estrenado en tan hispanas e históricas querencias. Tampoco sabemos el mensaje que uno u otro pudieron enviar por teléfono, si es que lo enviaron, al actual Presidente del Gobierno, Mariano Rajoy.

El “golpito” que unos cuantos señores diputados, cuyo sueldo pagamos todos los españoles, dieron ayer en el Parlamento Autónomo de Cataluña nos trae algunas reminiscencias del pasado que creíamos felizmente superado para siempre. Naturalmente, no es lo mismo un golpe militar que un golpe civil o político. Para perpetrar un ataque tan extremo contra un sistema social de convivencia, un ordenamiento legal y democrático internacionalmente reconocido, y una Constitución, la del 78, que han proporcionado casi medio siglo de paz y prosperidad al conjunto de la nación, resulta todo un detalle que no se utilice la violencia ni la fuerza física. En este sentido, todos los españoles, castellanos, andaluces, gallegos, extremeños, asturianos, murcianos, valencianos, cántabros, canarios, etc. debemos estar muy agradecidos a los parlamentarios catalanes por el elegante golpe de Estado que dieron ayer. Y por supuesto, además de este merecido agradecimiento les pedimos muy encarecidamente que sigan siendo tan civilizados, demostrando ese famoso “seny” que nos admiraba antaño, cuando dentro de pocos días u horas las leyes vigentes y la Constitución del Estado democrático español se empiecen a aplicar para depurar las responsabilidades jurídicas individuales en que han incurrido o vayan a incurrir. Cuando comparezcan, para mejor hacerse entender, en el Juzgado que les corresponda estamos casi seguros de que seguirán siendo igual de elegantes.

En aquel lejano 23-F, Jordi Pujol era Molt Honorable y “nacionalista moderado”, mientras que hoy se ha descubierto como un presunto corrupto de muy altos vuelos y un independentista radical. Lo uno junto a lo otro, lo otro en relación directa con lo uno. Nuestro Rey Emérito tranquilizó aquel día al Molt con un insuperable: “tranquil, Jordi, tranquil”. Hoy, ni Felipe VI, joven pero experimentado, ni Mariano Rajoy, necesitan este mensaje de tranquilidad (es más, en el caso de don Mariano le pediríamos que por favor no siga su habitual derrotero de estar “tan tranquilo”).

La Comunidad Europea y Estados Unidos, en un mundo en el que la economía y la política son cada vez más sistémicas e interdependientes, han enviado claros mensajes al fanatismo nacionalista -de nefasto recuerdo histórico en la Vieja Europa- apoyando la unidad de España. Si termina produciéndose una “batalla mediática”, que los poderes institucionales democráticos españoles siempre han temido y rehuido, habrá que darla, y es de esperar que también en los medios de comunicación se nos brinden claros apoyos internacionales.

Todos tenemos legítimos sentimientos. La decisión unilateral que tomó ayer el Parlamento catalán no respeta el sentimiento de nación española que compartimos muchas personas en este veterano país. Ciudadanos, PSOE y PP representan a la inmensa mayoría que defiende la Constitución (incluyendo la posibilidad de reformarla). Una mayoría democrática que va a seguir demostrando a ciertos políticos catalanes y minorías ciudadanas que hemos sido nosotros, el conjunto de los españoles, quienes en todo este largo “Proceso” venimos teniendo con ellos, los catalanes independentistas, mucho, pero que mucho “seny”. Aunque, claro está, lo cortés no quita lo valiente.

 

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Sobre el autor Alfredo Barbero
Psiquiatra del Centro de Salud Mental "Antonio Machado" de Segovia