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Fecha: noviembre, 2016
Un tirano “amable”
Alfredo Barbero 28-11-2016 | 11:10 | 0

Con anterioridad a que Clístenes realizase en torno al año 508 a. C. las reformas políticas que habitualmente se consideran el origen histórico de la democracia, la antigua Atenas tuvo otras formas de gobierno como la monarquía, la aristocracia y la tiranía. Los tiranos solían acceder al poder de facto mediante la fuerza de las armas, apoyados unas veces y otras no por el pueblo (demos). Luego, en el ejercicio de su gobierno terminaban siendo odiados, pero algunos consiguieron tener buena fama popular a lo largo de todo su mandato. Pisístrato, por ejemplo, es recordado por su moderación política, por fomentar el comercio y nuevos mercados, por patrocinar las artes y embellecer la ciudad con varios templos.

De entre la multitud de comentarios que tras el fallecimiento de Fidel Castro su obra está suscitando en los medios de comunicación de todo el mundo, de manera emocionalmente muy polarizada tanto a favor como en contra en la mayor parte de los casos, el “diagnóstico político” que me ha parecido más sorprendente es el que ha hecho la directora para las Américas de Amnistía Internacional, Erika Guevara-Rosas, al referirse al Comandante como: “un líder progresista pero profundamente defectuoso”.

Castro llegó al poder en la estela ideológica del marxismo-leninismo de la Revolución Rusa mediante una guerra de guerrillas, instaurando en Cuba una dictadura comunista que ha durado 57 años. Éste es el origen de La Revolución de la que se sentía tan orgulloso. Durante más de medio siglo privó de libertad democrática a todos los ciudadanos, reprimiendo con cárcel a los opositores (además de a los homosexuales “enfermitos”), y obligando a dos millones de compatriotas a tomar el camino del exilio. Hechos que hoy no serían tolerados sino que se rechazarían por completo si ocurriesen en cualquier país europeo democrático actual. El Comandante ha sido “profundamente defectuoso”, esto es indudable, pero el sistema político-militar que ha inoculado a la sociedad cubana durante toda su vida, y la propaganda única de su régimen a través de los medios de comunicación estatales que él mismo encabezaba con sus largos discursos de horas y horas hasta llegar al adormecimiento, nada tiene que ver con el progresismo. Nada que ver tampoco con el progresismo encarcelar a periodistas críticos. El progresismo es otra cosa. Para el progresismo el fin no justifica los medios. No se puede sacrificar la libertad individual y la democracia mediante la imposición militar por razón de conseguir determinadas conquistas sociales o servicios públicos. Una “metodología” antidemocrática y coercitiva nunca es progresista. En la segunda mitad del siglo XX Europa ha demostrado que es posible alcanzar democráticamente un amplio Estado del Bienestar sin recurrir a un sistema político controlado por un Ejército Revolucionario. Los legítimos fines de justicia social e igualdad no exculpan ni justifican a los tiranos, tengan el color que tengan. Dentro del espectro de la ideología de izquierda, Barack Obama, Helmut Schmitt, Mitterrand y Olof Palme fueron progresistas. Lenin, Stalin, El Gran Timonel Mao y Fidel Castro han sido antes que nada tiranos. Por respeto a los primeros no debiéramos confundirles con los segundos, ni tampoco mezclarlos en el mismo grupo de personalidades históricas. Los tiranos suelen tener un gran calado en la Historia, pero esto no les puede equiparar de ninguna manera con los líderes democráticos.

Los dictadores o tiranos modernos, que empezaron a manifestarse ya en el transcurso de la Revolución Francesa, suelen catalogarse ahora como de “extrema derecha” o de “extrema izquierda”. La mayor parte de las veces han sido rechazados por el pueblo, pero algunos -igual que ocurrió en la antigua Atenas- han contado con una muy notable aceptación popular al pacificar territorios, realizar obras públicas, tomar medidas beneficiosas para el conjunto de los ciudadanos, y contar con una cierta capacidad personal de seducción (además de un eficiente aparato represivo, por supuesto). Pudieran llamarse “tiranos amables”, “tiranos protectores” o “tiranos-padre” (que con su habitual longevidad terminan siendo “tiranos-abuelo”). El Líder Eterno de la República, Líder SupremoGran Dirigente y Amado Líder de Corea del Norte, Kim Jong-il, fue uno de ellos. En su última etapa de supuesta “dictablanda”, El Generalísimo y asimismo Caudillo, Franco, contó con el decidido apoyo de un gran número de españoles que agradecían al “abuelo” el desarrollo económico de los 60, la Seguridad Social y los pantanos. La atractiva y torrencial labia caribeña de Fidel, junto a la sanidad y la educación, le sitúan también en este grupo. El Comandante, con su “método político”, creó unos servicios públicos de calidad semejante a los europeos o a los de Canadá en un país mucho más pobre, y sin duda era ocurrente y simpático.

Un tirano puede resultar “amable” favoreciendo social y económicamente a un sector o a la mayoría de la población, pero aun así no deja de ser lo que es. Fidel Castro estaba equivocado, su régimen político ha sido erróneo. A todos nos llega nuestro turno como dijo en una de sus últimas declaraciones públicas, y a él le ha llegado, pero las ideas de los comunistas cubanos no creo que le sobrevivan. ¿Por qué? Por razón de que El Comandante Fidel lo que ha hecho políticamente durante más de medio siglo en Cuba no es ni mucho menos algo propio de un líder progresista, sino de un dictador militar. Su hermano Raúl aparenta llevar ahora otro camino. Recibió muy contento a Barack Obama en la Plaza de la Revolución, y ha manifestado: “hay que relacionarse con todos, comerciar con todos”. Un acuerdo de transición hacia un modelo democrático de partidos con una fuerte impronta socialdemócrata que preserve y mejore la sanidad y la educación públicas, y otros servicios sociales de los cubanos, es posible que haya sido pactado. La tibieza en las declaraciones de muchos líderes democráticos occidentales, incluido Mariano Rajoy, hace pensar que todos quieren tener la fiesta en paz con Cuba, pasar página… y hacer negocios.

No sabemos quién escribirá la Historia en el futuro, pero me parece que no absolverá a Fidel Castro. Se limitará a describir con detalle su obra, demostrando que en el balance la parte “amable” de un tirano nunca puede justificar la otra, la profundamente defectuosa. Y demostrando también con su frío análisis en perspectiva que cosas peores han ocurrido, y ocurrirán, en éste nuestro difícil mundo.
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Académicos
Alfredo Barbero 11-11-2016 | 8:30 | 0

Cervantes hace al menos dos grandes parodias en el Quijote: la de los libros de caballerías, y la del mundo académico. Esta última, mucho más breve pero no por ello menos intensa, la lleva a cabo sobre todo en el Prólogo y último capítulo de la Primera Parte, con los sonetos y epitafios de los muy afamados académicos de la Argamasilla, lugar de la Mancha: el Monicongo, el Paniaguado, el Caprichoso, el Burlador, el Cachidiablo y el Tiquitoc.

Gracias al desarrollo de su parodia principal, la de los caballeros andantes, don Miguel nos legó el genial juego dialéctico entre su grandísimo sabio loco, Don Quijote, y su no menos grande sabio pícaro, Sancho Panza. Un alarde de ritmo y belleza lingüísticos, de maestría irónica, y de profundidad emocional y reflexiva. Juego dialéctico, puede entenderse también, entre el mundo de los ideales y de los sueños, y el de los hechos, el universo de la imaginación y la fantasía en fecunda / problemática interacción con la realidad. Su sentido del humor, descontadas las caídas, tortas y golpes que utiliza como recurso primario para conectar con todo tipo de públicos (Chaplin, por ejemplo, hace lo mismo en el cine), es educado, respetuoso, elegante y sutil. Nada que ver, por tanto, con el vulgar cachondeo al que los hispanos somos tan aficionados. La comicidad es continua, pero también lo son las humillaciones y derrotas de Don Quijote, que el autor sabe hacer que nos duelan. Hombre mayor, bueno, digno, sabio e ingenuo, al que con frecuencia vemos ser objeto de burlas y apaleado. El resultado, la escritura, permite aprender deleitándonos sobre lo más hondo de la naturaleza humana, siguiendo de cerca por las ventas y caminos de La Mancha la ruta de los tragicómicos sucesos que jalonan la aventura vital de ambos “héroes”. Y de esta manera representada, la de todos nosotros. Quizá por eso Cervantes sea autor primero en la historia del arte de la Literatura.

Si Cervantes hubiese decidido desarrollar en extenso la parodia del mundo académico, sus pompas, boatos, exhibiciones e imposturas, su vanidad, seguramente también nos habría dejado una gran novela de personajes memorables y no menores aventuras. Prefirió, sin embargo, las ventas y caminos por los que circulan en libertad todo tipo de gentes, antes que los pasillos y bibliotecas de los eruditos sesudos. El ágora antes que la Academia. No vamos a reprocharle ahora esta elección a don Miguel, ni mucho menos. Con su larga parodia de los libros de caballería… ¡nos conformamos!
Hace algunas semanas asistimos en el diario El País a una un tanto penosa algarabía dialéctica entre dos de nuestros actuales “académicos estrella” de la RAE, Arturo Pérez-Reverte y Francisco Rico. ¡Qué tiempos aquellos de los discretos Martín de Riquer y Fernando Lázaro Carreter! He leído con detenimiento los artículos, y me parece que en el fragor de su intercambio público de lindezas ambos se olvidaron de una de las enseñanzas importantes del Quijote que seguro conocen mejor que nadie: que aun no siendo su protagonista un “auténtico” caballero andante, sí es en cambio el hidalgo cervantino todo un caballero.
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Sobre el autor Alfredo Barbero
Psiquiatra del Centro de Salud Mental "Antonio Machado" de Segovia