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El porvenir de una ilusión
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Alfredo Barbero | 15-11-2017 | 07:45

Los líderes independentistas catalanes han empezando a reconocer que necesitan más tiempo para materializar su deseo, que no es momento de hacerlo. ¡Sorprendente!

Dicen ahora, sin que sepamos qué sistema de contabilidad de votos han utilizado en las últimas 48 horas para anular el sagrado mandato del pueblo catalán que según ellos surgió del ‘referéndum’ del 1 de Octubre, que en realidad no hay una mayoría de catalanes que apoye la independencia (!). Y que tampoco ellos están preparados, una vez proclamada, para dar continuidad y contenidos reales a la República independiente de Cataluña (!).

Unas declaraciones que ayer nos sorprendieron mucho, sobre todo porque son ciertas.

Trasladarse a una realidad fantaseada guiados por un deseo y una emocionalidad genuinos, pero primarios, no regulados ambos mínimamente por los principios de realidad y de alteridad, negando de manera sistemática la realidad tangible de los otros (emocional, histórica, social, política y legal) porque no coincidía con su propio deseo, era evidente que sólo podía conducir donde les ha conducido: primero, al menosprecio hacia España y los españoles en tono de superioridad; luego, a la empecinada obstinación, casi fanática, por lograr su propósito, sin importarles lo más mínimo romper un veterano país europeo; y finalmente, al Juzgado.

El reconocimiento de la realidad política de la nación histórica que es España (de la que, aunque no les guste ni lo deseen, Cataluña viene formando parte al menos desde hace 500 años) supone una magnífica evolución psíquica del núcleo de liderazgo, de poder o director del independentismo catalán. Un núcleo del que seguramente el patriarca Pujol no debe andar muy lejos. No es ni mucho menos descartable la intuición o hipótesis de que algún pequeño ‘dios’ o ‘sagrada familia’ decidiese tras su caída hace unos cuantos años disfrutar de uno de los placeres más divinos: la venganza.

La evolución del núcleo líder o director del independentismo catalán abre nuevos caminos y posibilidades para el pacto, la negociación y el diálogo políticos dentro del marco constitucional, con arreglo al apoyo democrático que el conjunto de los españoles queramos dar a cada una de las opciones que los partidos nos propongan. Una magnífica evolución psíquica siempre y cuando sea auténtica, sincera, y no una nueva simulación táctica para volver dentro de poco a las andadas.

Desde el comienzo del Procés sus líderes han demostrado una extraordinaria irresponsabilidad, manipulando la Historia, adoctrinando a los niños en los colegios, a los adultos en los medios públicos de comunicación, exacerbando el legítimo sentimiento nacionalista catalán hasta el punto de sacarlo fuera del contexto de realidad y de legalidad, vendiendo como meta posible algo que unilateralmente nunca podía alcanzarse, e inoculando la idea de un nuevo país que iba a ser aceptado por Europa. Todo lo cual ha hecho vivir a muchos catalanes de buena fe un sueño, un espejismo, una vana ilusión.

Los múltiples y muy reales ‘procés’ abiertos con la querella de la Fiscalía General del Estado (por presuntos delitos de rebelión, sedición, malversación y otros), y el cese en pleno del Govern catalán mediante el artículo 155 de la Constitución aplicado en legítima defensa de la democracia de todos, han conseguido que por primera vez en muchos años algunos líderes del independentismo catalán empiecen a poner los pies en el suelo. A partir de ahora tienen la oportunidad de corregir su actitud respecto de sus votantes, si entienden que en buena medida les han manipulado, mentido o engañado. Tienen un mes y una semana hasta las próximas Elecciones para aterrizar, para bajar de la nube. Por ejemplo, podrían reconducir sus mensajes mostrándose favorables a un diálogo político que reivindique su sentimiento nacional dentro del marco de la Constitución y la legalidad españolas, que por los cauces democráticos establecidos pueden reformarse. Una vez perdido el miedo y comprobada la eficacia del artículo 155, aplicarlo en caso de reincidencia será más rápido y fácil. Ya veremos lo que deciden hacer los líderes del independentismo, igual que lo van a ir viendo los jueces del Tribunal Supremo.

Y también tienen la oportunidad personal de corregir, si lo estiman benéfico y saludable para sí mismos, su propio más que probable autoengaño.

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Sobre el autor Alfredo Barbero
Psiquiatra del Centro de Salud Mental "Antonio Machado" de Segovia