Más allá de sus conocidas repercusiones políticas, la “inmolación” protagonizada la pasada semana por Francisco Camps, el dimisionario presidente valenciano, simboliza a la perfección el pinchazo de la gran burbuja política que ha significado en España el despliegue del Estado de las Autonomías.
Si hay una región española que en las últimas décadas se ha dejado deslizar irresponsablemente por el tobogán de un crecimiento urbanístico descontrolado, esa ha sido sin duda la de Levante. A rebufo de la gallina de los huevos de oro del sector turístico, la comunidad valenciana apostó sin reservas por el cortoplacista cultivo del ladrillo, generador de ingentes plusvalías y pingües ingresos que han atiborrado durante años las arcas públicas de los ayuntamientos y de la propia comunidad autónoma. Un modelo de desarrollo manifiestamente insostenible, no solo económicamente, sino también territorialmente, al punto de que la Unión Europea dio la voz de alarma ante la saturación urbanística detec
tada en la franja costera levantina, donde resulta todo un hallazgo encontrar un solo tramo de tierra virgen.
Aunque esa dinámica ya estaba en marcha, la llegada a la Generalitat Valenciana de Eduardo Zaplana conllevó su impulso definitivo. Procedente de la alcaldía de Benidorm, donde había promovido el polémicoTerra Mitica, Zaplana tenía muy clara la senda a seguir (y también, según testimonios recogidos en el llamado “caso Naseiro”, el propósito que le había animado a emprender su carrera política). Antes de que Aznar lo hiciera ministro, el “milagro valenciano” era la envidia de España. Su sucesor, Francisco Camps, se ha limitado simplemente a seguir las mismas pautas, si acaso aumentadas. Recuerdo una visita suya a Valladolid en la que Juan Vicente Herrera le presentó con rendida admiración en un foro organizado por el PP de Castilla y León. El modelo valenciano era para Herrera el referente a seguir por las demás comunidades autónomas.
La abundancia de dinero fácil ha sido el perfecto caldo de cultivo de los delirios de grandeza y proyectos megalómanos propios de los nuevos ricos. Desde la Ciudad de las Artes y de las Ciencias al circuito de Fórmula 1 y el multimillonario contrato con su magnate, Berni Ecclestone, socio del yernísimo Agag, pasando por la Copa América o la visita del Papa, cuyo sospechoso sobrecoste ha sido objeto de investigación judicial por su relación con el caso Gürtel. Naturalmente, en ningún momento nadie se paraba a pensar que algún día podía pincharse la burbuja inmobiliaria y reducir a arena el adorado becerro de oro.
A los tres años de crisis económica, el resultado es que Valencia es la comunidad autónoma más endeudada de España y una de las que registra mayor índice de desempleo. Eso en cuanto a lo socio-económico. En lo político, bate todos los records de casos judiciales instruidos por presunta corrupción. Aparte de los imputados en la trama Gürtel (del cual los trajes son simple fleco), se cuentan por decenas los alcaldes y concejales investigados judicialmente, a los que hay que sumar a los anteriores presidentes de las Diputaciones de Castellón, el célebre Ricardo Fabra, y de Alicante, el zaplanista José Joaquín Ripoll.
Todo ello convierte a la Comunidad Valenciana en el paradigma de esa “burbuja política autonómica” referida al principio. La coincidencia en el tiempo de ese desmesurado crecimiento sustentado en el ladrillo con la tendencia al derroche de las instituciones autonómicas ha conducido a esa situación límite. Valencia no era el referente a seguir, era justo el modelo a evitar. Y lo lamentable es que en algunos de sus más perniciosos aspectos sin duda lo hemos estado emulando.
(Publicado en la edición impresa de “El Norte” de 25 de julio. En las fotografías, Eduardo Zaplana y Juan Vicente Herrera con Francisco Camps)
Pero no lo creo. Uno no se imagina a Landelino Lavilla o a Gregorio Peces-Barba (por citar a dos antiguos presidentes del Congreso) profiriendo expresiones malsonantes, ni siquiera con sordina. Bono además es reincidente. No hace mucho protagonizó otro episodio similar mas comprometido para él, cuando otra oportuna cámara grabó su conversación informal con varios diputados del PP reunidos en corrillo en el patio del Congreso. “Los del propio partido son unos hijos de puta”, decía Bono a modo de versión manchega de la célebre distinción entre adversarios, enemigos y compañeros de partido atribuida a Winston Churchill. Y siendo ministro de Defensa, gracias a otro indiscreto micrófono, supimos que a su juicio el entonces primer ministro británico, Tony Blair, era “un gilipollas integral”.

En un pleno express celebrado al efecto, las Cortes Regionales elevaron ayer a la categoría de senadores a Juan José Lucas, María Jesús Ruíz y Óscar López, este último a la sazón portavoz del grupo socialista en el “mausoleo” de Villa del Prado. El ex presidente de la Junta no es precisamente nuevo en el Senado, ya que lleva allí instalado desde el año 2002, cuando dejó de ser ministro de José María Aznar y pasó a presidir la Cámara Alta, para lo cual fue necesario nombrarle precisamente senador en representación de Castilla y León. Lucas lleva por tanto 9 años representando a esta comunidad autónoma en el Senado, ocupando un puesto que tiene toda la pinta de tener carácter vitalicio.
e nuevo como consejera y titular de esa misma vicepresidencia ya completame
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Otro aspirante a pillar cacho en uno de los Consejos es Francisco Aguilar, el veterano político vallisoletano sacrificado en la lista de procuradores del PP para dejar hueco al presidente provincial del partido, Ramiro Ruíz Medrano. Como abogado que es de profesión, Aguilar reune el requisito imprescindible para pertenecer al Consultivo, aunque en principio parece mejor situado para el Consejo de Cuentas. Otro viejo conocido de las Cortes Regionales, Emilio Melero, es el mejor colocado para ocupar la única plaza de que dispondrán los socialistas en esa institución.

dente del Real Valladolid, Carlos Suárez, quién con el club en Segunda ha comprado casi el 60 por ciento de las acciones a los socios cuasi fantasmales que ostentaban la mayoría de la sociedad. Ha revelado el alcalde que Suárez empeña lo que tiene y lo que no tiene, esto es, que se juega su patrimonio personal.
Vista la alta dosis de “endogamia” observada la pasada semana en el segundo nivel (viceconsejeros y secretarios generales), ha sorprendido el grado de renovación que experimenta el “staff” de los directores generales, en el que aparecen bastantes mas caras nuevas de las esperadas. La amortización de mas de una docena de direcciones generales no ha impedido que ingresen en ese escalafón 16 nuevos altos cargos. Con ello se palía en parte la falta de renovación en el conjunto del organigrama, si bien la incorporación de savia nueva está muy desigualmente distribuida entre las Consejerías.
De la Universidad proceden tres de los nombramientos mas sorprendentes. De un lado, el del nuevo director general de Universidades, cargo en el que recala el ex vicerrector de la Universidad de Valladolid, Angel de los Ríos, ilustre miembro del Banco de Pensadores tutelado por el Consejero de la Presidencia. De otro, el del director general de Politicas Culturales, José Ramón Alonso, el ex rector de Salamanca que hace un par de años se vió forzado a dimitir precipitadamente por mor (nunca mejor dicho) de determinada circunstancia personal. Y finalmente el director general de la Oficina del Portavoz y Relaciones con los Medios, Alejando Salgado, quién parece un clon de su antecesor, el ex director de Comunicación, Ángel Losada.

El meollo de la cuestión estaba en saber que suerte corrían las seis Viceconsejerías existentes en el gobierno anterior, buena parte de las cuales, carentes de un contenido sectorial propio, resultaban difícilmente justificables. Eran los casos de las Viceconsejerías de Educación, Cultura, Agricultura y Medio Ambiente, si bien esta última, al desaparecer la Consejería, ahora estaría más justificada que nunca.
Sería el caso de la citada Viceconsejeria de Empleo, cuyo anterior titular, Ignacio Ariznavarreta, había renunciado a continuar, y sobre todo de la

s vueltas el elegido ha resultado ser un viejo conocido, Antonio María Sáez, quien, entre otros cargos, fué sucesivamente gerente regional de Salud y de Servicios Sociales. Un hombre tan próximo a De Santiago Juárez que hasta ayer ejercía de “fontanero” en el mismísimo “ala oeste”. Su nombramiento es una demostración de fuerza de su mentor y encaja en esa línea de continuismo. Lo mismo que el de Milagros Marcos como nueva consejera de Familia, que supone directamente un ascenso en el escalafón.
noticia. 

Pero de lo que no puede sustraerse el presidente de la Junta es de proceder a un drástico recorte en el organigrama de gobierno que ha mantenido en la pasada Legislatura, un recorte que no tendría que ser tan drástico si se hubiera realizado alguna poda intermedia en los dos últimos años. Herrera, que en 2007 se inventó dos nuevas Consejerías e incremento en más de un 25 por ciento la nómina de altos cargos, no ha reducido nada desde entonces y ahora le va a tocar ponerse al día. Es lo que pasa cuando por pereza no se hacen los deberes a tiempo. 
