Once años después de nuestro primer encuentro nos volvimos a ver. No esperaba verlo allí, ni siquiera sabía que estaba invitado. Estábamos él y yo, frente a frente, estudiándonos mutuamente. Como no soy un narrador omnisciente ni sé lo que pasaba por sus pinceladas cuando me tenía delante, voy a contarlo todo desde mi subjetiva óptica.
Volví a tener el mismo ritual de asombramiento gestual que otras veces: primero, boca abierta; segundo, media sonrisa. Y, por tercero y último, movimiento lateral de cabeza y varios minutos de lentitud, mientras mis ojos recorren cada esquina del lienzo en busca de inmortalizar la obra en mis retinas.
Pigmalión y Galatea, mi cuadro favorito de Gérôme, estaba colgada de la pared del Thyssen. Once años atrás, me encontraba frente a ese cuadro en el Metropolitan de New York. En el primer momento de mi ritual, el de la boca abierta, un guía pasó prácticamente de largo –diciendo: “Un cuadro que emana carnalidad”–. Reprimí mi instinto animal de patearlo, ya que quería admirar la pintura un rato más, y pasé al segundo estado: la media sonrisa.
Va mucho más allá de la carnalidad y de la mitología, utiliza el lienzo como papel y el pincel como bolígrafo y cuenta una historia. La historia de Pigmalión y Galatea. Es tan mágica su narración que el espectador puede imaginarse cómo era la estatua antes de ser convertida en mujer por Cupido, pinta mentalmente la carne de blanco y la transforma en mármol.
Más allá de mi obra –que presidirá la entrada de mi casa cuando enmarque la lámina– descubrí grandes trabajos del pintor francés, dignísimos de mención. Evidentemente animo a todo aquel que pueda, a acercarse al Thyssen y dfisfrutar de esta muestra que estará abierta hasta el 22 de mayo.
No puedo cerrar este post sin aludir a otro trabajo de Gérôme, que yo no conocía.
Police Verso, lienzo que brilla con luz propia por su color, sus reflejos y sus sombras…es espeluznante ponerte frente a este cuadro. Te engulle y estás, de repente, en mitad del anfiteatro…hasta se puede llegar a oír el rugido del público. Ridley Scott también sufrió el hechizo de esta obra, ya que se inspiró en este cuadro para captar la decadencia romana en Gladiator.

