Los cuernos de Frida Kahlo

Descubrir que el amor de tu vida te engaña con otras mujeres hace que el cielo se desplome, que tus esperanzas se derrumben y desaparezca todo en lo que creías. ¿Algo peor? Sí, que tu marido pase las noches en la cama de tu hermana pequeña.

La relación entre Diego Rivera y Frida Kahlo siempre fue como una montaña rusa. Enemistado con la monogamia, el muralista había sido amante de la    mitad de las mujeres que posaron para él. Frida, cansada de no conseguir nada con gritos y broncas acabó siguiendo los pasos de su marido y coleccionando amantes.

Hsta que llegó un día que todo explotó: La pintora mexicana descubrió a su hermana Cristina con Diego en el estudio de este. Lo más irónico de la situación, aparte de que su relación durase casi un año, es que fue Frida quien convenció a su marido para que pintase a Cristina, separada recientemente y con mucho tiempo libre. Así que la pintora mexicana no se lo pensó dos veces. Metió su ropa en una maleta, recogió todos sus bártulos y abandonó la Casa Azul. ¿Destino? Un pequeño apartamento alquilado en México DF.

 La obra de Frida Kahlo destaca por plasmar sus sentimientos en el lienzo. Ella cambió el bolígrafo y el diario por la paleta y la tela. Obviamente el engaño que sufrió por parte de su esposo con su hermana favorita fue una herida que no logró cicatrizar con el tiempo. Nunca dejó de sangrar. Durante años pintó el desconsuelo por la infidelidad.

 

 

La sangrienta obra ‘Unos cuantos piquetitos’ tiene a otra mujer como protagonista. El dolor es tal que Frida fue incapaz de retratarlo en su propio cuerpo, como normalmente hacía, para describir su situación. Había leído en el periódico que un hombre apuñaló repetidas veces a su pareja y en el juicio dijo “Pero solo fueron unos cuantos piquetitos”. La puñalada más grande está trazada en el corazón.

Varias primaveras más tarde se cortó el pelo (“parezco un marinero”, comentó a un amigo en una carta) simplemente porque Diego adoraba su espesa y larga melena. Se retrató con traje masculino –que bien podría ser de Diego por el tamaño– y solo con unos pendientes como adorno.

Aunque el tiempo no todo lo cura, al menos sí que lo entierra. Años después de haberse divorciado volvieron a darse el ‘sí quiero’. Ya no se volvieron a separar nunca y Diego permaneció al lado de Frida Kahlo hasta el último suspiro de esta, que tuvo lugar el 13 de julio de 1954.

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El Norte de Castilla

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