Y de Cultura… sabe Herrera

La crisis económica en la que se halla inmersa España desde el comienzo de la actual legislatura, ha traído consigo numerosas protestas por parte de distintos grupos sociales: desde quienes han optado por tomarse la Ley por su mano y ocupar espacios públicos, hasta quienes han hecho de la situación una oportunidad para la consecución de intereses más propios que generales. Sea como fuere, el conjunto de muchas críticas ha ido aparejado de una pertinaz exigencia a las distintas administraciones para que se reduzca el número de altos cargos, responsables políticos, departamentos… y, en general, todo aquello que, a juicio de no sé sabe qué representantes, «no haga falta».

Un enunciado así, con el que muchos podemos compartir aspectos básicos, se puede transformar en un arma de doble filo contra todas aquellas partidas o políticas que no cuenten con el ‘beneplácito’ de quienes consideren superfluo, a veces por malicia y a veces por ignorancia, todo aquello que no sea invertir en ayudas sociales. Algo que nadie en su sano juicio puede rechazar pero que, como dice el refrán, no deja de ser pan para hoy…

Cuando los distintos presidentes de cualesquiera gobiernos han comenzado a anunciar recortes y, sobre todo, reducción en el número de los responsables de sus oportunos gabinetes, algunos empezamos a temer por esas ‘banales’ e ‘innecesarias’ estructuras que más de uno ya tenía por enterradas… Y, como reina de todas ellas, la Cultura.

No pocas voces se han encontrado en las últimas 24 horas cuando se ha sabido que en el recién nombrado gobierno del presidente Herrera se ha mantenido impertérrita la consejería de Cultura y Turismo, al frente de la cual se instala ya Alicia García. O lo que es lo mismo: una política preparada, e ilusionada, a la que debemos ofrecer los cien días de rigor antes de juzgar, pero que indudablemente cuenta con los mimbres de la experiencia y la novedad…

No sabemos si el Presidente ha sido consciente de que en la cultura está el futuro, al ser el cauce a través del cual los jóvenes y los niños puedan completar, con un aporte realmente útil y extraordinario, los ya sobresaturados –y por ello poco competitivos– currículums con los que contamos los jóvenes más preparados de la historia… ni si se ha dado cuenta don Juan Vicente de que la cultura es, por definición, el incuestionable ejemplo de bien al que el Estado debe proteger: por ser nuestro más valioso patrimonio, fuente del futuro y espejo del pasado, y asimismo deficitario por naturaleza. Y es que ningún teatro, museo, auditorio u orquesta sinfónica podría ser hoy rentable sin el esfuerzo de la Administración Pública. Es lógico creer que ninguna producción con 60 músicos en un foso, 50 coristas en el escenario, 6 solistas, atrezzistas, directores, iluminadores, decorados o publicistas ensayando durante semanas podría ser rentable en un escenario en el que sólo podría caber un millar de espectadores. Pues, por mucho que el respetable adore “Las bodas de Fígaro”, “Don Juan Tenorio” o cualquier colección de Goya, nunca podrá permitirse financiar una milésima parte del salario de doscientas personas.

Desde luego que hay que hacer un sano esfuerzo por limitar los derroches que, bajo el paraguas de ese laxo término que son “las bellas artes”, ha podido existir en épocas pretéritas. Por supuesto que hay que afrontar que hay que acercarse al público para que, si no rentable, la cultura sí sea al menos atractiva o tenga más fácil un porqué en la cabeza de los políticos que muchas veces observan butacas o salas de exposiciones poco concurridas. Y naturalmente que entre todos tenemos que hacer un importante esfuerzo para que los niños se interesen por las expresiones artísticas en todas sus vertientes… a fin y al cabo no sólo serán ellos los pintores, compositores, intérpretes, escultores o actores de este siglo, sino también los visitantes de las salas y los espectadores de los auditorios, centros cívicos y teatros que, con tanto esfuerzo y dinero se han puesto en pie en los últimos años a lo largo de todo nuestro territorio.

Pues no debemos olvidar que como consecuencia de Barcelona 1992, en España se empezaron a implementar unas fuertes y bien estructuradas medidas a favor del deporte. Unas semillas que, sembradas en los cuerpos de quienes entonces daban sus primeros pasos, han germinado en figuras como la de Rafa Nadal, o las selecciones Españolas de Fútbol y Baloncesto.

Sabedores del latinismo ‘mens sana in copore sano’ hoy sabemos que, como resultado de los esfuerzos de la última década en materia cultural, los años 20 de este siglo pueden volver a aportar una edad dorada a las Bellas Artes españolas. Interrumpir esta labor hubiera sido fatal.

No sabemos si Herrera lo sabe –que sí–, pero si no es así, desde luego está muy bien asesorado. E, igual que achacamos los errores al poder, debemos felicitarles por sus aciertos. Por eso sabemos que contamos con razones para decir sinceramente:

Enhorabuena, Presidente. Suerte, Consejera (¡no lo olvides!).

¡Enhorabuena Castilla y León!

(ah… ¡y también a San Sebastián!)

Sede de la Consejería de Cultura y Turismo (Junta de CyL)

Facebook Twitter Stumbleupon Delicious More More More
El Norte de Castilla

EN CUALQUIER CASO TODOS LOS DERECHOS RESERVADOS:
Queda prohibida la reproducción, distribución, puesta a disposición, comunicación pública y utilización, total o parcial, de los contenidos de esta web, en cualquier forma o modalidad, sin previa, expresa y escrita autorización, incluyendo, en particular, su mera reproducción y/o puesta a disposición como resúmenes, reseñas o revistas de prensa con fines comerciales o directa o indirectamente lucrativos, a la que se manifiesta oposición expresa.