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Categoría: Modus vivendi
Pieza de museo


Madrid ha cambiado hoy la placa del Kilómetro 0, una pesada baldosa semicircular de terrazo coloreado que ha soportado las pisadas de miles de personas a lo largo de casi sesenta años.
Tras su sustitución por una réplica exacta será merecedora de un descanso tutelado en el museo de la ciudad.
El autor de esta obra de incalculable valor simbólico fue el vallisoletano Cándido Herrero, un artista del terrazo y el dibujo con latón. Suyos fueron también los formidables motivos de la piscina de la Casa Cuna y el reloj de sol de la Plaza Zorrilla de Valladolid. La primera abrirá dentro de poco como centro cívico y espero que no se la hayan cargado en la remodelación; el segundo fue devorado por las excavadoras que no dejaron ni las migas.

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La ley de la jungla

El Norte de Castilla, 20 de febrero de 2008
Desde que nuestro padre, el mono loco, se bajó del árbol advertimos que las cosas no son lo que aparentan: los felinos que se acercan mostrándonos los dientes no sonríen, aunque pueda parecerlo; los buitres que nos sobrevuelan en círculos majestuosos no hacen acrobacias aéreas para nuestro deleite y, pasados los milenios, los enunciados casi nunca significan lo que dicen.
Ya sugirió Orwell que el ministerio de la Guerra, tarde o temprano, se llamaría de la Paz; Amor el de los castigos y Verdad el de la propaganda. Y con el mismo candor leemos enunciados como el de ‘Vivienda de protección oficial’ convencidos de que la panoplia es para nosotros, los monos recién caídos de los árboles, cuando a la postre esa protección oficial es para ellos, los promotores que vuelan en círculos sobre los adjudicatarios de Los Santos-Pilarica, por ejemplo, obligados a soportar a la espalda una segunda plaza de garaje que ni quieren ni pueden permitirse; la protección oficial es para los mismos promotores que en apariencia sonreían durante la firma del precontrato y el cobro de 3.000 euros de señal, cuando lo que hacían, realmente, era enseñar los dientes. Ellos son los protegidos por este sistema infame que se alimenta de los monos caídos de los árboles.

©Rafael Vega

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Negro y en chándal

El Norte de Castilla, 26 de enero de 2008
Ahora resulta que, a pesar de la imagen de precavidos que difunden, los bancos también tienen su corazoncito; restos de imperfecta y pacata humanidad. Un individuo ha conseguido torear a algunas entidades haciéndose pasar por un jugador profesional de baloncesto. Por supuesto, le dieron hasta la llave del baño. Los grandes timadores de la historia se han servido siempre de los prejuicios establecidos. La ancianidad aseada inspira disposición; la belleza, servidumbre; la fortaleza, sumisión, la autoridad, obediencia y, por lo visto, una combinación de espectacular altura, pigmentación cutánea y ropa deportiva inspira confianza ciega en la solvencia. Y ahí reside, precisamente, uno de nuestros graves problemas de convivencia. Si un sujeto, con iguales características e indumentaria, hubiese dicho que era notario, habría levantado tales sospechas que su plan estaría en el guano. No podemos acudir a una joyería desaliñados ni vender crecepelos si padecemos alopecia. Las apariencias y los prejuicios mantienen una fluida conversación a nuestra costa y se empeñan en ahorrarnos reflexiones y curiosidades; como si todo lo blanco y en botella no pudiera ser más que leche. Menos mal que la picaresca está ahí, para contradecirnos.
©Rafael Vega

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Caminar de espaldas

El Norte de Castilla, 19 de enero de 2008

El combate que libramos ahora –«debate abierto» lo llaman– es exactamente el mismo que tuvo lugar a principios del siglo XX: los dependientes del comercio y de otros servicios lograron, no sin tortas y alguna que otra pedrada, que se promulgara y respetara una ley sobre el descanso dominical; un voluntarioso, aunque bruto texto, concebido con tan poco esmero que una vez puesto en marcha mereció múltiples parches. Entre otros, por ejemplo, el de permitir a los toreros faenar en festejos dominicales, o el de abrir las cantinas para solaz de la parroquia después de misa. Pero al menos, con aquella conquista, los barberos dejaron de recortar patillas en domingo. Si levantaran la cabeza aquellos belicosos trabajadores, que se dejaron la piel a cambio del respeto a su merecido descanso, llorarían, pues resulta que el progreso viene a ser un regreso a la explotación decimonónica. El comercio del siglo XXI, ese que exige domingos de puertas abiertas, anduvo vigente cuando Cuba usaba reales. No es el único avance retroactivo que sobrevuela nuestras cabezas. También el abastecimiento de agua es ahora privado, como antaño, después de años de soberbia batalla para que el bien común conquistara su control. Cualquier día los niños vuelven al tajo.

©Rafael Vega

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A llorar, a enero

El Norte de Castilla, 29 de diciembre de 2007

A veces, la cultura del paso del tiempo es un despiporre. Ahora, sin ir más lejos, ha querido el calendario que se unan el descanso habitual y la parranda en cuatro interminables días de brindis urgentes. Todo está listo para la liturgia de los excesos, que rinde homenaje cada año al parto de Gargantúa. «¡A beber! ¡A beber!» gritaba el recién nacido, en vez de maullar como todo el mundo, y el eco de sus primeras voces aún retumba por occidente. Nosotros, obedientes, hacemos caso al gigante que, literalmente, vio la luz por la oreja de su madre y recreamos el parto con modestas menudencias. Así han de salirnos de igual modo y por semejantes partes los tragos y las viandas, hasta que el cuerpo no pueda más y se rompa. No es de extrañar que los años broten agotados y arrepentidos, que los eneros aburran a las ovejas y cueste comerlos. Somos vasallos mediocres del atracón, minúsculos individuos con apetitos desmedidos que hacemos reír cuando lloramos nuestras limitaciones. Pero no importa. La misa orbital ya está en marcha. Celebramos nuestra supervivencia poniéndola en peligro y aun así, por un instante, nos creemos gigantes omnipotentes. Nos hemos comido otro año, eructemos al unísono. Y el que quiera llorar, que se vaya a enero y nos espere sentado.

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Caros augurios

El Norte de Castilla, 8 de diciembre de 2007

Desconozco el modo en que lo han averiguado pero los responsables de la Unión de Consumidores de España aseguran que durante esta campaña navideña gastaré, junto con mi familia, 856 euros. Ya supongo que la cifra, por muy precisa que parezca, no es vinculante, que lo mismo puedo pasarme un pico como no llegar y que ello no supondrá quebranto alguno ni para mí, ni para los agoreros de la UCE.Quizás la cifra obedece a una estimación que debieran tener más en cuenta los comerciantes y no los consumidores, pues son ellos los interesados en el trasiego pecuniario y quienes, a la postre, propiciarán o evitarán su cumplimiento. En este sentido, y con todo respeto a los encargados del análisis prospectivo de la UCE, acaso sea muy aventurado dictar una cifra cuando ésta depende del encarecimiento irracional de los productos, ése que tantas veces acaba provocando histerias cuando el fin de año arrastra subidas más propias del fin del mundo.Y en cierto modo da igual cómo hayan averiguado los sensatos amigos de la UCE la pasta que vamos a gastarnos y en qué, el porcentaje de la misma que irá al estómago o a la basura. Firmaríamos ahora mismo todos los implicados en esta farra desmedida si el susto no se pasa, finalmente, de la raya.

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Sobre el autor Sansón
Rafael Vega, también conocido como 'Sansón' por eso de las viñetas.

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