Aventuras imperiales

Si los españoles no lo fuésemos, inventaríamos esa nacionalidad. Aunque sólo nos sirviese para definirnos. No acertamos casi nunca, y cuando parece que hemos dado en el clavo, resulta que es consecuencia de un error de cálculo acompañado de mucha suerte. Hace unos siglos nos montamos en tres barcos en dirección a las Indias y atracamos en el lugar opuesto. Una catástrofe para los lugareños. Los bautizamos como ‘indios’, aunque no lo fueran, pero es que el carácter español es tozudo: si se supone que nos dirigíamos a las Indias, estos tipos tienen que serlo y punto. Tras cortar unas cuantas cabezas y violar a las huérfanas, comenzamos a llevarnos su riqueza. Los indios estaban atontados por el color brillante de aquellos metales; nosotros, por el peso subyacente. Bendito error el de Colón: no dábamos abasto. Hasta que aparecieron los ingleses. Hundían nuestros barcos o se quedaban con el botín al abordaje. Y recientemente, los cazatesoros de Odyssey: se sumergieron y se llevaron nuestras monedas.

El ministro de Cultura quiere ahora dar limosna a los peruanos. Planea prestar una parte del tesoro de ‘la Mercedes’ para que dejen de llorar con que es suyo. También maneja ceder otra porción a Estados Unidos en agradecimiento por su colaboración (¡). Wert aún no se ha enterado de que la justicia estadounidense es un poder independiente. Lo que sí le ha llegado a este profesional de la demoscopia es que es el miembro del Gobierno peor valorado, por enfangar la limpieza de nuestros deportistas, por burlarse de los opositores o por demoler Educación para la Ciudadanía usando argucias torpes. Tal vez piense que toda España sólo se alimenta de pan y circo.

Hace ya tiempo que nos dejaron de interesar otros tesoros escondidos. De hecho, despreciamos la inteligencia y el conocimiento. El ministro Wert ha pasado media vida elaborando encuestas. Tras la devolución de las monedas, le preguntaron por el coste económico de estos años de litigio. Se ha negado a ser transparente. Prefiere la oscuridad del fondo del mar.

Publicado en El Norte de Castilla el 29 de febrero de 2012

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  • solidario

    Todo lo resolvemos criticando a la “leyenda negra”y adulando el gesto de las joyas de la Reina Católica para armar las naves, rumbo “a las Indias” (no otras tierras, que por casualidad descubrimos, y que un italiano le dio el nombre de América (es como nuestra aceite que se comercializa como italiana para darle mas prestigio).

    Wert, el insigne buen “tertuliano”, y no tan buen Ministro, tiene OCURRENCIAS, como decía D. Mariano a Zapatero, que parte del tesoro habría que depositarla en Perú y en Estados Unidos, benefactor- este último (bueno sus Jueces) – de haber arrebatado la carne a sus “buitres carroñeros”, y al primero como compensación generosa que vislumbraría mas tarde el poeta español García Lorca cuando dijo :”¡Oh, Perú de metal y de melancolía” o de ello sabemos “que el rey de España es superior a todos los reyes y príncipes de Europa por causa de la abundancia y las riquezas del reino del Perú”, lo que se le llegó a conocer como “valía un Potosí”.

    Albert Einstein (1879-1955) el famoso científico, Premio Nóbel de Física en 1921, se cuenta de él que en una reunión social coincidió con el actor Charles Chaplin. En el transcurso de la conversación, Einstein le dijo a Chaplin:
    “-Lo que he admirado siempre de usted es que su arte es universal; todo el mundo le comprende y le admira.
    A lo que Chaplin respondió:
    -Lo suyo es mucho más digno de respeto: ¡todo el mundo lo admira y prácticamente nadie lo comprende.!”.

    El ciudadano demoscópico )que no demasiado democrático) WERT, parece “admirado” por las mesnadas de los conservadores pero poco comprendido por los “rebaños” de izquierda (que por cierto también militó al principio de la democracia en el partido de Joaquín Ruiz Gimenez , “Izquierda Unida”), pero con la salvedad con lo expuesto por Chaplin, desea que todo el mundo lo admire pero nadie lo comprenda.

    Atticus Finch

  • Pablomlopez1973

    Ojalá encontraramos muchos yesoros. Fundimos el oro y lo vendemos y se acaba el défivit pitando.

El Norte de Castilla

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