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Fecha: febrero, 2017
El cura de la linterna
Roberto Carbajal 23-02-2017 | 8:07 | 0

La Iglesia católica tiene que ponerse las pilas. Debe ser implacable con los abusos sexuales porque el daño que este tipo de delitos le inflige es intolerable. El más reciente es el caso sucedido hace años en el seminario de La Bañeza y alumbrado hace unos días. El sacerdote denunciado se pasaba por las habitaciones de los seminaristas linterna en mano y con las pilas bien puestas, a la caza de un adolescente que le proporcionase un oscuro placer. El obispo de Astorga compareció ante los periodistas para dar explicaciones. Dijo que lo que desea es “acabar con todo esto, porque se le hace un daño enorme a la infancia”. Los testimonios de los denunciantes afectados ponen los pelos de punta. Se acostaban temblando y haciéndose los dormidos, a ver si el hombre de la linterna no los abordaba en sus camastros. Estas víctimas viven con ese estigma desde que despertaron a la pubertad. La violación de su intimidad y de sus derechos como seres humanos les ha provocado un daño tremendo, no han logrado disfrutar de una vida plena y este estigma no tiene forma de ser reparado. Los afectados reclaman un resarcimiento económico, aunque esta demanda no puede mitigar tanto sufrimiento. En Irlanda asuntos como este fueron un escándalo en todo el país. Pero una vez llegados a este punto, la Iglesia tiene que aplicar medidas profilácticas. Benedicto XVI inició la lucha y el papa Francisco ha sido lo suficientemente sensible para ampliar su cruzada y buscar el fin de este tipo de comportamiento. Otro asunto incomprensible es la prescripción del delito. Es difícil hacer comprender a la gente el porqué de esta figura jurídica cuando un delincuente, con sotana o no, pueda irse de rositas como en el caso de La Bañeza. El tipo ha sido jubilado, según afirmó el Obispado, y todos lo hemos visto por televisión mariposeando ante las preguntas de los medios de comunicación. El obispo asegura que este sujeto no volverá a ejercer como sacerdote y que, en todo caso, podría hacerlo como un mero ayudante. En qué quedamos, ¿está o no apartado del cuidado del rebaño? Lo veremos.

Publicado en El Norte de Castilla el 22 de febrero de 2017

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Poder absolutista
Roberto Carbajal 16-02-2017 | 8:07 | 1

A Iósif Slatin le temían hasta sus más íntimos, y es que el líder de la antigua Unión Soviética resultaba impredecible. De repente alguien desaparecía y adiós, muy buenas. Las purgas del dictador georgiano eran tremebundas, aniquiló a millones de personas sin despeinarse. Hoy te acostabas y en mitad de la noche llegaba a tu casa la parca y te borraban literalmente del diario oficial Pravda (La Verdad).

Este fin de semana Podemos celebró su segundo congreso en el Palacio Vistalegre. Pablo Iglesias se lo llevó todo, frente a su antiguo amigo Íñigo Errejón, que tan solo obtuvo un par de abrazos, mientras mostraba un rostro al borde del quebranto. Preguntado sobre qué iba a hacer con Íñigo, Iglesias dijo que contaba con él, pero que la decisión debían tomarlo los consejos ciudadanos. El secretario general de Podemos ha mamado desde la infancia de Lenin, Marx o Stalin, porque fue criado en un entorno comunista. De ahí, entre otras fuentes históricas, aprendió casi todo lo que sabe en política. Son muchos los que temen que el sector vencedor inicie una purga no sangrienta entre la disidencia; sin muertos, pero una purga al fin y al cabo. “Unidos”, le gritaban desde el graderío, un eslogan que ha repetido y asumido. Pero viendo las trazas del politólogo madrileño, unidos sí, aunque menos. Al final triunfó la corriente increíble, esa que promete el país de las maravillas, aunque no explican de dónde va a salir el dinero. En definitiva, este joven partido se ha convertido en uno viejo, ese en el que las luchas intestinas suelen estar a la orden del día.

También el Partido Popular celebró su congreso. Como era previsible, Mariano Rajoy y el coro fueron reelegidos con toda la parafernalia y sin que se alzasen voces díscolas cuestionando su poder absoluto. Con la formación conservadora en los tribunales por la archiconocida caja B, no dejaba de tener su gracia que el evento tuviese lugar en la Caja Mágica. Estaban encantados de conocerse, a pesar de que aplicaran la máxima despótica e ilustrada del siglo XVIII: todo para el pueblo, pero sin el pueblo.

Publicado en El Norte de Castilla el 15 de febrero de 2017

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Cataluña, año cero
Roberto Carbajal 09-02-2017 | 8:07 | 0

Como diría el presidente Rajoy, esto de Cataluña es un lío. Yo diría más: es el lío. Los independentistas quieren convocar un referéndum antes del verano y aseguran que va a celebrarse a pesar de las amenazas del Gobierno central. El ministro de Justicia asegura que el Ejecutivo contempla la aplicación del artículo 155 de la Constitución, que viene a decir que se suspenderá la autonomía de cualquier comunidad que incumpla la ley. Observando cómo se está desarrollando el plan secesionista, esto es lo más probable, a pesar de que la vicepresidenta Santamaría se muestre más mansa. Lo que es innegable es la determinación de los independentistas, no se arredran ante las advertencias y confían en que el sector de Cataluña que ha comprado su discurso les arrope y creen conflictos sociales difíciles de manejar sin una represión total en las calles a manos de las fuerzas de seguridad. La policía autonómica catalana se tendría que poner a las órdenes de los interventores y, si se negaran, sería la Guardia Civil quien se haría cargo del cumplimiento de la ley y del orden. Este escenario es más que probable, y son los propios Mossos d’Esquadra quienes están alertando de este choque de trenes. Hace un par de días, Artur Mas se envolvió en la bandera y fue acompañado por decenas de miles de simpatizantes que le arroparon hasta el juzgado. La cuestión es qué alternativas se presentan, salvo las narradas anteriormente, porque a este auténtico problemón aún nadie le ha encontrado una salida que satisfaga a los dos contrincantes. La reforma de la Constitución podría alzarse como una salida, pero a estas alturas el independentismo no desea una España plurinacional, que podría ser una opción airosa, pues la plataforma Junts pel Sí ya ha anunciado que sus intenciones bogan en la creación de un Estado propio, independiente del resto del Estado español. Ante este desafío, ¿y si hay muertos?, ¿cómo afectaría este escenario a la imagen de España y a las huidizas inversiones?, ¿qué se puede presentar como alternativa? He aquí, amigos míos, la pregunta del millón.

Publicado en El Norte de Castilla el 8 de febrero de 2017

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El puto amo
Roberto Carbajal 02-02-2017 | 8:07 | 0

Vamos a ver si nos aclaramos: ¿No habíamos quedado en que nos gustaría que los políticos cumpliesen sus promesas electorales una vez instalados en el poder? Bien, pues ya tenemos a uno, se llama Donald Trump y es nuestro emperador. Qué más podemos pedirle a un hombre que nada más sentarse en el sillón de la Casa Blanca comenzó a firmar decretos a diestro y siniestro (sobre todo lo último) para hacernos ver que es un tipo que cumple lo que promete. El planeta está escandalizado por las medidas del jefe del imperio. Todo el mundo lo tilda de payaso, xenófobo, sexista y todos los calificativos que se quiera, pero es un tío de fiar. No va a decepcionar a nadie porque es un cumplidor nato. Durante la campaña, su boca nauseabunda no cesó de emitir improperios. Muchos dijeron, bueno, cuando sea presidente ya habrá quien le ponga en su sitio y le convencerá de que una cosa es el discurso electoral y otra bien distinta gobernar. En Europa estamos mal acostumbrados, somos demasiado finos para mi gusto. A nadie se le ocurriría llamar asquerosa a una oponente durante un debate televisado, como hizo Trump con Hillary Clinton, porque estoy seguro de que espantarían el voto femenino. Pero Estados Unidos está hecho de otra pasta. ¿Se atreverían los medios de comunicación europeos a llamar payaso, idiota e ignorante a un candidato presidencial? Aquí, desde luego, no. Bueno, casi. Durante el ascenso del nazismo, en Alemania muchos periódicos calificaron a Adolf Hitler del mismo modo en que ha sucedido con Trump. Se escribió que era un payaso de opereta y que quien más tarde resultó ser un genocida que hipnotizaba a las masas no tenía mayor recorrido que sus puestas en escena. El Führer, en contra de lo que se cree, no ganó nunca unas elecciones; solo es cierto que llegó legalmente al parlamento y más tarde irrumpió en la cancillería. Nos guste o no, hemos de lidiar con Donald Trump, que no es un genocida, y desde Europa tan solo tenemos que ir a lo nuestro. Seamos prudentes, no vaya a ser que el jefe se enfade y aplique aranceles a nuestras exportaciones.

Publicado en El Norte de Castilla el 1 de febrero de 2017

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Sobre el autor Roberto Carbajal
Tenía siete meses cuando asesinaron a John F. Kennedy. De niño me sentaba en los parques a observar a la gente, pero cuando crecí ya no me hacía tanta gracia lo que veía. Escribo artículos de opinión en El Norte desde 2002, y críticas musicales clásicas desde 1996. Amo la música, aunque mi piano piense lo contrario. Me gusta cocinar; es decir, soy un esclavo. Un esclavo judío a vuestro servicio.

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