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El puto amo
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Roberto Carbajal | 31-01-2017 | 16:00

Vamos a ver si nos aclaramos: ¿No habíamos quedado en que nos gustaría que los políticos cumpliesen sus promesas electorales una vez instalados en el poder? Bien, pues ya tenemos a uno, se llama Donald Trump y es nuestro emperador. Qué más podemos pedirle a un hombre que nada más sentarse en el sillón de la Casa Blanca comenzó a firmar decretos a diestro y siniestro (sobre todo lo último) para hacernos ver que es un tipo que cumple lo que promete. El planeta está escandalizado por las medidas del jefe del imperio. Todo el mundo lo tilda de payaso, xenófobo, sexista y todos los calificativos que se quiera, pero es un tío de fiar. No va a decepcionar a nadie porque es un cumplidor nato. Durante la campaña, su boca nauseabunda no cesó de emitir improperios. Muchos dijeron, bueno, cuando sea presidente ya habrá quien le ponga en su sitio y le convencerá de que una cosa es el discurso electoral y otra bien distinta gobernar. En Europa estamos mal acostumbrados, somos demasiado finos para mi gusto. A nadie se le ocurriría llamar asquerosa a una oponente durante un debate televisado, como hizo Trump con Hillary Clinton, porque estoy seguro de que espantarían el voto femenino. Pero Estados Unidos está hecho de otra pasta. ¿Se atreverían los medios de comunicación europeos a llamar payaso, idiota e ignorante a un candidato presidencial? Aquí, desde luego, no. Bueno, casi. Durante el ascenso del nazismo, en Alemania muchos periódicos calificaron a Adolf Hitler del mismo modo en que ha sucedido con Trump. Se escribió que era un payaso de opereta y que quien más tarde resultó ser un genocida que hipnotizaba a las masas no tenía mayor recorrido que sus puestas en escena. El Führer, en contra de lo que se cree, no ganó nunca unas elecciones; solo es cierto que llegó legalmente al parlamento y más tarde irrumpió en la cancillería. Nos guste o no, hemos de lidiar con Donald Trump, que no es un genocida, y desde Europa tan solo tenemos que ir a lo nuestro. Seamos prudentes, no vaya a ser que el jefe se enfade y aplique aranceles a nuestras exportaciones.

Publicado en El Norte de Castilla el 1 de febrero de 2017

Sobre el autor Roberto Carbajal
Tenía siete meses cuando asesinaron a John F. Kennedy. De niño me sentaba en los parques a observar a la gente, pero cuando crecí ya no me hacía tanta gracia lo que veía. Escribo artículos de opinión en El Norte desde 2002, y críticas musicales clásicas desde 1996. Amo la música, aunque mi piano piense lo contrario. Me gusta cocinar; es decir, soy un esclavo. Un esclavo judío a vuestro servicio.

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