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Poder absolutista
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Roberto Carbajal | 15-02-2017 | 16:30

A Iósif Slatin le temían hasta sus más íntimos, y es que el líder de la antigua Unión Soviética resultaba impredecible. De repente alguien desaparecía y adiós, muy buenas. Las purgas del dictador georgiano eran tremebundas, aniquiló a millones de personas sin despeinarse. Hoy te acostabas y en mitad de la noche llegaba a tu casa la parca y te borraban literalmente del diario oficial Pravda (La Verdad).

Este fin de semana Podemos celebró su segundo congreso en el Palacio Vistalegre. Pablo Iglesias se lo llevó todo, frente a su antiguo amigo Íñigo Errejón, que tan solo obtuvo un par de abrazos, mientras mostraba un rostro al borde del quebranto. Preguntado sobre qué iba a hacer con Íñigo, Iglesias dijo que contaba con él, pero que la decisión debían tomarlo los consejos ciudadanos. El secretario general de Podemos ha mamado desde la infancia de Lenin, Marx o Stalin, porque fue criado en un entorno comunista. De ahí, entre otras fuentes históricas, aprendió casi todo lo que sabe en política. Son muchos los que temen que el sector vencedor inicie una purga no sangrienta entre la disidencia; sin muertos, pero una purga al fin y al cabo. “Unidos”, le gritaban desde el graderío, un eslogan que ha repetido y asumido. Pero viendo las trazas del politólogo madrileño, unidos sí, aunque menos. Al final triunfó la corriente increíble, esa que promete el país de las maravillas, aunque no explican de dónde va a salir el dinero. En definitiva, este joven partido se ha convertido en uno viejo, ese en el que las luchas intestinas suelen estar a la orden del día.

También el Partido Popular celebró su congreso. Como era previsible, Mariano Rajoy y el coro fueron reelegidos con toda la parafernalia y sin que se alzasen voces díscolas cuestionando su poder absoluto. Con la formación conservadora en los tribunales por la archiconocida caja B, no dejaba de tener su gracia que el evento tuviese lugar en la Caja Mágica. Estaban encantados de conocerse, a pesar de que aplicaran la máxima despótica e ilustrada del siglo XVIII: todo para el pueblo, pero sin el pueblo.

Publicado en El Norte de Castilla el 15 de febrero de 2017

Sobre el autor Roberto Carbajal
Tenía siete meses cuando asesinaron a John F. Kennedy. De niño me sentaba en los parques a observar a la gente, pero cuando crecí ya no me hacía tanta gracia lo que veía. Escribo artículos de opinión en El Norte desde 2002, y críticas musicales clásicas desde 1996. Amo la música, aunque mi piano piense lo contrario. Me gusta cocinar; es decir, soy un esclavo. Un esclavo judío a vuestro servicio.

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