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El sexo de los ángeles
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Roberto Carbajal | 08-03-2017 | 18:46

Confirmado: los niños tienen pene y las niñas, vulva. Estoy de acuerdo con Hazte Oír, la organización ultracatólica que ha generado una situación controvertida por pasear un autobús rotulado con mala uva para la ocasión. “Que no te engañen”, añaden. Pues sí, queridos aguerridos servidores de Dios, así son las cosas, la Biblia no lo cuenta, pero la anatomía humana es de esa guisa. ¿Entonces de qué estamos hablando, a qué viene tanto lío? Es la misma historia de siempre: Dios creó al hombre a su imagen y semejanza, señalan las sagradas escrituras; más tarde, tomó una costilla de Adán y dio vida a la primera mujer, Eva, según los textos. Todo muy respetable, pero permitan que yo no me lo crea. Este tipo de grupúsculos que velan por que todo en nosotros se revista de pureza se interponen entre la naturaleza humana ‘normal’ y la que reviste cierta discrepancia sexual. Cualquier ser humano debe ser tenido en consideración, poco importa su condición, su rebeldía interior por un cuerpo que no obedece a su mente. Pues bien, esa gente no comprende que desde la infancia existan personas que no se encuentran identificadas con su cuerpo y decidan cambiarlo. Tampoco alcanzan a entender el tremendo drama que supone para quienes padecen esta divergencia sexual. Nadie está legitimado para inmiscuirse en la vida de los demás, y menos aún en lo tocante al sexo. A los ultracatólicos solo les preocupa hacer una interpretación torticera de la Biblia y del supuesto mandato divino que creen implícito en ese libro tan entretenido. No existe una sola página en la que Jesús de Nazaret o su padre condenen las distintas facetas morfológicas de quienes son destinatarios de esos textos. Todo forma parte de un modo de retorcer la palabra de Dios y reescribirla, arrogándose el papel de correctores de estilo. Además, nuestra Constitución deja claro que todos los españoles somos iguales, sin hacer distinción de sexo, raza o religión. Dejemos que quienes no se encuentran a gusto con su cuerpo se hagan oír y se les deje vivir en paz con otro nuevo con el que ser felices.

Publicado en El Norte de Castilla el 8 de marzo de 2017

Sobre el autor Roberto Carbajal
Tenía siete meses cuando asesinaron a John F. Kennedy. De niño me sentaba en los parques a observar a la gente, pero cuando crecí ya no me hacía tanta gracia lo que veía. Escribo artículos de opinión en El Norte desde 2002, y críticas musicales clásicas desde 1996. Amo la música, aunque mi piano piense lo contrario. Me gusta cocinar; es decir, soy un esclavo. Un esclavo judío a vuestro servicio.

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