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Fecha: abril 13, 2017
Prohibido menstruar
Roberto Carbajal 13-04-2017 | 8:07 | 2

En la Guardia Civil aún perviven tipejos que manchan este cuerpo de seguridad. Son casos minoritarios, pero intolerables. Recordemos, por ejemplo, a la agente que fue sancionada por negarse a colocarse un chaleco antibalas diseñado para hombres, lo que le impedía acceder a su arma si tuviese que defenderse. El cafre que la sancionó debería haber sido el destinatario de la reprimenda de sus superiores, y no la joven guardia. Ahora hemos conocido que un teniente del Cuerpo ha amenazado con expedientar a una agente. La funcionaria estaba de guardia en un coche patrulla cumpliendo una función rutinaria. De repente le bajó la regla y se ausentó de su puesto para colocarse una compresa, alegando que no quería mancillar el uniforme y manchar el asiento del vehículo. La tarea le llevó diez minutos y regresó a su puesto. El oficial llegó con su coche y la joven guardia civil se acercó a él para cuadrarse y darle novedades, ya saben. El teniente en cuestión le contestó que no le contase milongas, y que la compresa tenía que ponérsela antes del servicio o después, nunca durante. La agente pidió hablar con su capitán para denunciar el hecho, pero este le remitió al teniente en cuestión, lo que supone volver al principio, demostrando que algunos en la Guardia Civil buscan la cuadratura del círculo de forma atolondrada. Por su parte, la Benemérita se defiende y acusa a la joven de abandonar su puesto durante un servicio con alerta terrorista de nivel cuatro sin avisar. Y como el corporativismo también está incardinado en la estructura de este cuerpo policial, en defensa del teniente se ha pronunciado la unión de oficiales, poniendo en tela de juicio la versión de la guardia y cerrando filas con el susodicho. Desde esta columna se ha alabado reiteradamente la función impagable que cumple el benemérito cuerpo, pero hay quien persiste en mantener comportamientos medievales. Por el buen nombre de la Guardia Civil, sucesos como el relatado deben ser erradicados y sancionar con contundencia a quienes los cometan. Todo por la patria y por la dignidad femenina.
 
Publicado en El Norte de Castilla el 12 de abril de 2017

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Sobre el autor Roberto Carbajal
Tenía siete meses cuando asesinaron a John F. Kennedy. De niño me sentaba en los parques a observar a la gente, pero cuando crecí ya no me hacía tanta gracia lo que veía. Escribo artículos de opinión en El Norte desde 2002, y críticas musicales clásicas desde 1996. Amo la música, aunque mi piano piense lo contrario. Me gusta cocinar; es decir, soy un esclavo. Un esclavo judío a vuestro servicio.

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