img
Fecha: mayo, 2017
El triunfo de la voluntad
Roberto Carbajal 25-05-2017 | 8:07 | 0

Contra casi todo pronóstico, Pedro Sánchez ha vuelto a ser elegido secretario general del PSOE. Tras ser humillado y defenestrado por su propio partido, el exjugador de baloncesto ha metido el balón en la canasta en el último segundo. Hay quien cree que se trata de un hecho insólito, pero conviene recordar cómo se produjeron los acontecimientos pretéritos para entender por qué las urnas han alumbrado semejante resultado. Sánchez fue pateado en un explosivo comité. Humillado y desposeído de todo el poder, renunció a su escaño en el Congreso y comenzó a recorrer España. La comisión gestora que se hizo dueña y señora de la formación socialdemócrata renegó del legado de Sánchez. La gestora montó un escenario de primarias y en comandita se afanaron en apoyar a Susana Díaz, la lideresa andaluza. Entre el caldo de cultivo socialista pronto comenzó a sentirse un malestar que solo hizo que ir en aumento. Sánchez se presentó ante el electorado del partido como un hombre maltratado, machacado por los suyos y, así las cosas, pronto comenzó a dar forma un pensamiento sentimental hacia la persona que había sufrido la humillación más cruel. El victimismo comenzó a conformar una candidatura por la que nadie daba un euro. El aparato del partido comenzó a decantarse sin tapujos por Susana Díaz. La inmensa mayoría de los barones y las viejas glorias del partido socialista corearon a la veneno andaluza, que era recibida en los mítines en loor de multitudes, dando por hecho que representaba el futuro del partido. Pero el victimismo ha dado sus réditos. Sánchez se presentó como un ciudadano apaleado, desnudo en mitad de la calle, y esta situación le ha devuelto a la vida. La gente tiene su corazoncito y no le gusta ver cómo se lapida a nadie. Pedro Sánchez ha vuelto a nacer, sí. Ahora se confía en que haya aprendido de los errores del pasado. Lo que es irrefutable es que el PSOE está más dividido que nunca y el nuevo secretario general tiene el reto de integrar a todas las facciones. Si esto no se cumple, el partido habrá muerto y él se convertirá en un zombi.

Publicado en El Norte de Castilla el 24 de mayo de 2017

Ver Post >
No en mi nombre
Roberto Carbajal 18-05-2017 | 8:07 | 0

Ha vuelto a suceder: España ha hecho el ridículo en el festival de Eurovisión. El representante español, como era previsible, ha quedado en un meritorio último puesto, que es una manera como otra cualquiera de llamar la atención y promocionarse. ¿Cómo si no hemos de entender lo que ha pasado? Durante los últimos años, el festival de la canción europeo se ha convertido en una astracanada y los concursantes de muchas naciones parecen sacados de una serie B del circo más chusco. Dicen que este concurso es sólo para horteras; no lo creo. Yo dejé de verlo desde que desapareció la música en directo en 1979 en Israel, en el que el país anfitrión venció con su famoso ‘Haleluya’. La música ha formado parte de mi vida. La he tenido en la familia desde la infancia y nunca he dejado de amarla. Otra cosa bien distinta es a qué llamamos música. El sujeto que representaba a Televisión Española en el certamen concurrió con una canción que no había por donde cogerla. La escuché porque el día de que la eligieron se armó un escándalo en el plató porque el público se dio cuenta de que se había producido un pucherazo. Los sinvergüenzas que optaron por el tema cantado por un supuesto músico han colocado a España a los pies de los caballos con semejante apuesta. Finalmente, y a pesar de la tendencia de los últimos años, Portugal se alzó con el triunfo, con una balada preciosa cantada en su propia lengua. Y esta circunstancia tiene mérito. Los ‘nuestros’ berrearon en inglés, algo que no entiendo, porque quienes representen a nuestro país deberían hacerlo en español, una lengua con una proyección que no tiene freno. Alguien tiene que tomar las riendas de este sinsentido. Tenemos talento suficiente para crear una partitura digna y que opte a ser triunfadora. Por tanto, hemos de concurrir en un concurso nacional que alumbre a un artista solvente y su música no nos deje en ridículo. Y el jurado debe estar formado por profesionales reconocidos. La marca España no puede arrastrarse por el mundo y nuestra dignidad, tampoco. Como español, esta gentuza no me representa.

Publicado en El Norte de Castilla el 17 de mayo de 2017

Ver Post >
Grandeza y miseria
Roberto Carbajal 11-05-2017 | 8:07 | 0

Un treintañero se ha convertido en presidente de la República francesa. Mientras Europa contenía la respiración a la espera de los resultados electorales, Francia votaba con responsabilidad. No solo estaba en juego quién ocuparía el palacio del Elíseo, sino la supervivencia de la Unión Europea, dado que el país vecino constituye uno de los pilares del club europeo. Emmanuel Macron triunfó, a pesar de ser un desconocido para el gran público, montando una candidatura en un período de tiempo muy corto. Pero es que los franceses no tenían dónde elegir. El partido socialista francés había certificado prácticamente su muerte y, por tanto, la opción socialdemócrata no existía, lo que provocó que el electorado votase con una pinza en la nariz a un liberal económico que gusta poco a las clases trabajadoras. Pero se trataba de que la ultraderechista Marine Le Pen no desmantelara la democracia y no propusiera la salida del euro y de la propia UE. Por fortuna, el pueblo francés se pronunció a favor de la opción más lógica, aun siendo significativo el treinta por ciento largo que obtuvo la derechista gala que pretendía dinamitar el orden establecido. Al final, todos respiramos.

En España la socialdemocracia está a punto de desaparecer si no prima la cordura. Ayer comenzó oficialmente la campaña de primarias que alumbrará al nuevo responsable del PSOE. La formación está destrozada, se baten a puñetazos, aunque pretendan presentar la liza como una práctica democrática. El partido se enfrenta a una escisión una vez concluya la elección del nuevo jefe o jefa socialista. Susana Díaz dijo hace meses que quería coser el partido. Visto lo sucedido desde entonces, la veneno andaluza se ha convertido no en una costurera, sino en una forense que ha despiezado como una carnicera la anhelada unión. Lamentablemente, la elección no se celebrará a doble vuelta, lo que facilitaría la integración de candidaturas, que sería lo deseable. Pero vivimos en España. Grandeza la justa; miserias, demasiadas. A una buena noticia siempre se le superpone una nefasta, irresoluble.
 
Publicado en El Norte de Castilla el 10 de mayo de 2017

Ver Post >
Tiempos modernos
Roberto Carbajal 04-05-2017 | 8:07 | 0

Es la historia de siempre. El empresario contra el trabajador y viceversa. Cuando aún no han desaparecido los ecos inflamables de las soflamas del Primero de Mayo, me vienen a la cabeza las palabras pronunciadas por una dirigente empresarial de nuestra tierra. Sostiene que, si se sube el salario, los grandes perjudicados serán los trabajadores, porque la empresa no podrá contratar como lo está haciendo hoy. Es tautología pura el hecho de que la portavoz de la patronal defienda los intereses de sus afiliados; de igual modo, el discurso de los sindicatos del lunes goza de la misma legitimidad. Pero lo que los economistas revelan con la autoridad de la que están investidos deja claro que la subida de los salarios contribuye a dinamizar la economía y, así, ganaría el conjunto de la sociedad. Con dinero en el bolsillo la gente consume; sin él, el gasto o la inversión se resiente y los restos del exiguo salario se almacenan para cuando vengan mal dadas. Esta es la realidad. El Gobierno de España debe subir el salario mínimo. Lo deseable sería que nadie con un trabajo solvente cobrase menos de mil euros. El aumento de las percepciones dinamiza la economía. El Estado recauda más por las cotizaciones sociales, por el impuesto de actividades económicas y por el conjunto de la trama impositiva que sostiene a un país. Más cotizantes con sueldos más altos permiten revertir la tendencia actual y dotar de medios al fondo de pensiones. Los propios empresarios, renuentes al discurso de las subidas de sueldos, también saldrían ganando. Con dinerito extra en el bolsillo, los españoles y todo hijo de vecino salen de sus casas y gastan. Por consiguiente, todo el mundo se beneficia. Las compañías ligan las subidas salariales a la productividad. Nunca he comprendido en qué consiste exactamente ese término. Cómo se mide. Tal vez piensen en la película de Charles Chaplin ‘Tiempos modernos’, en la que el genial actor se afana en apretar tuercas cada vez más rápido para no interferir en la cadena de montaje. Las charlotadas deben ser sustituidas por la valentía.

Publicado en El Norte de Castilla el 3 de mayo de 2017

Ver Post >
Sobre el autor Roberto Carbajal
Tenía siete meses cuando asesinaron a John F. Kennedy. De niño me sentaba en los parques a observar a la gente, pero cuando crecí ya no me hacía tanta gracia lo que veía. Escribo artículos de opinión en El Norte desde 2002, y críticas musicales clásicas desde 1996. Amo la música, aunque mi piano piense lo contrario. Me gusta cocinar; es decir, soy un esclavo. Un esclavo judío a vuestro servicio.

Últimos Comentarios

malva2 27-04-2017 | 14:12 en:
Corrupción concatenada
Cari 13-04-2017 | 09:16 en:
Prohibido menstruar
malva2 13-04-2017 | 09:04 en:
Prohibido menstruar
malva2 06-04-2017 | 09:07 en:
La cara bien dura
Cari 31-03-2017 | 10:25 en:
La tesis de los bares llenos