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Tiempos modernos
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Roberto Carbajal | 03-05-2017 | 12:03

Es la historia de siempre. El empresario contra el trabajador y viceversa. Cuando aún no han desaparecido los ecos inflamables de las soflamas del Primero de Mayo, me vienen a la cabeza las palabras pronunciadas por una dirigente empresarial de nuestra tierra. Sostiene que, si se sube el salario, los grandes perjudicados serán los trabajadores, porque la empresa no podrá contratar como lo está haciendo hoy. Es tautología pura el hecho de que la portavoz de la patronal defienda los intereses de sus afiliados; de igual modo, el discurso de los sindicatos del lunes goza de la misma legitimidad. Pero lo que los economistas revelan con la autoridad de la que están investidos deja claro que la subida de los salarios contribuye a dinamizar la economía y, así, ganaría el conjunto de la sociedad. Con dinero en el bolsillo la gente consume; sin él, el gasto o la inversión se resiente y los restos del exiguo salario se almacenan para cuando vengan mal dadas. Esta es la realidad. El Gobierno de España debe subir el salario mínimo. Lo deseable sería que nadie con un trabajo solvente cobrase menos de mil euros. El aumento de las percepciones dinamiza la economía. El Estado recauda más por las cotizaciones sociales, por el impuesto de actividades económicas y por el conjunto de la trama impositiva que sostiene a un país. Más cotizantes con sueldos más altos permiten revertir la tendencia actual y dotar de medios al fondo de pensiones. Los propios empresarios, renuentes al discurso de las subidas de sueldos, también saldrían ganando. Con dinerito extra en el bolsillo, los españoles y todo hijo de vecino salen de sus casas y gastan. Por consiguiente, todo el mundo se beneficia. Las compañías ligan las subidas salariales a la productividad. Nunca he comprendido en qué consiste exactamente ese término. Cómo se mide. Tal vez piensen en la película de Charles Chaplin ‘Tiempos modernos’, en la que el genial actor se afana en apretar tuercas cada vez más rápido para no interferir en la cadena de montaje. Las charlotadas deben ser sustituidas por la valentía.

Publicado en El Norte de Castilla el 3 de mayo de 2017

Sobre el autor Roberto Carbajal
Tenía siete meses cuando asesinaron a John F. Kennedy. De niño me sentaba en los parques a observar a la gente, pero cuando crecí ya no me hacía tanta gracia lo que veía. Escribo artículos de opinión en El Norte desde 2002, y críticas musicales clásicas desde 1996. Amo la música, aunque mi piano piense lo contrario. Me gusta cocinar; es decir, soy un esclavo. Un esclavo judío a vuestro servicio.

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