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Grandeza y miseria
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Roberto Carbajal | 10-05-2017 | 17:06

Un treintañero se ha convertido en presidente de la República francesa. Mientras Europa contenía la respiración a la espera de los resultados electorales, Francia votaba con responsabilidad. No solo estaba en juego quién ocuparía el palacio del Elíseo, sino la supervivencia de la Unión Europea, dado que el país vecino constituye uno de los pilares del club europeo. Emmanuel Macron triunfó, a pesar de ser un desconocido para el gran público, montando una candidatura en un período de tiempo muy corto. Pero es que los franceses no tenían dónde elegir. El partido socialista francés había certificado prácticamente su muerte y, por tanto, la opción socialdemócrata no existía, lo que provocó que el electorado votase con una pinza en la nariz a un liberal económico que gusta poco a las clases trabajadoras. Pero se trataba de que la ultraderechista Marine Le Pen no desmantelara la democracia y no propusiera la salida del euro y de la propia UE. Por fortuna, el pueblo francés se pronunció a favor de la opción más lógica, aun siendo significativo el treinta por ciento largo que obtuvo la derechista gala que pretendía dinamitar el orden establecido. Al final, todos respiramos.

En España la socialdemocracia está a punto de desaparecer si no prima la cordura. Ayer comenzó oficialmente la campaña de primarias que alumbrará al nuevo responsable del PSOE. La formación está destrozada, se baten a puñetazos, aunque pretendan presentar la liza como una práctica democrática. El partido se enfrenta a una escisión una vez concluya la elección del nuevo jefe o jefa socialista. Susana Díaz dijo hace meses que quería coser el partido. Visto lo sucedido desde entonces, la veneno andaluza se ha convertido no en una costurera, sino en una forense que ha despiezado como una carnicera la anhelada unión. Lamentablemente, la elección no se celebrará a doble vuelta, lo que facilitaría la integración de candidaturas, que sería lo deseable. Pero vivimos en España. Grandeza la justa; miserias, demasiadas. A una buena noticia siempre se le superpone una nefasta, irresoluble.
 
Publicado en El Norte de Castilla el 10 de mayo de 2017

Sobre el autor Roberto Carbajal
Tenía siete meses cuando asesinaron a John F. Kennedy. De niño me sentaba en los parques a observar a la gente, pero cuando crecí ya no me hacía tanta gracia lo que veía. Escribo artículos de opinión en El Norte desde 2002, y críticas musicales clásicas desde 1996. Amo la música, aunque mi piano piense lo contrario. Me gusta cocinar; es decir, soy un esclavo. Un esclavo judío a vuestro servicio.

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