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La hora de la verdad
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Roberto Carbajal | 05-10-2017 | 10:15

El poder engancha, pero no me gustaría estar hoy en el pellejo de Mariano Rajoy. Lo vivido el domingo en Cataluña sitúa al presidente del Gobierno español ante la tesitura de aplicar el artículo 155 de la Constitución e intervenir la comunidad autónoma. No le queda otra, dadas las circunstancias, porque se ha negado sistemáticamente a negociar con las autoridades de aquel territorio. El 1-O pasará a la historia de España como una fecha clave en la cohesión del Estado. Las imágenes de la policía repartiendo hostias a diestro y siniestro sólo ha conseguido soliviantar más si cabe a la población. Puesto que el referéndum era ilegal, fue innecesario el despliegue de fuerzas para reprimir el acto. No conducía a ninguna parte y no ha servido de nada, más bien todo lo contrario. El president Puigdemont ha afirmado que en breve declarará de forma unilateral la independencia. Así las cosas, ¿qué hacer? El panorama se antoja sombrío, cuando menos. Se prevén detenciones de los máximos dirigentes de la Generalitat, lo que provocará manifestaciones masivas para rescatar a los mártires. Como ven, todo son complicaciones. Esta vez, a Rajoy no le ha servido su filosofía de que las ‘cosas’ se arreglen por sí solas.

Lo que no tiene remedio es restañar las heridas en el plano sentimental, Es un hecho que una gran parte de la ciudadanía catalana ha roto los afectos con España. No ver esto es estar ciego. Los sentimientos contienen más poder que el imperio de la ley. Hemos de reconocer que todos, sin excepción, hemos fracasado, no aplicando el sentido común ni medidas que acercasen a los catalanes al resto de la población. La hermandad ha saltado por los aires y la manipulación sistemática de la opinión pública catalana ha dado sus frutos. Ha habido dejación de funciones durante décadas y ahora se pretende aplicar una cadena de remedios que producen vértigo. El problema catalán no se resuelve con represión y la aplicación de la ley. La solución se esconde en alguna parte y se hace necesaria la intervención de un estadista. A ver quién le pone el cascabel al gato.

Publicado en El Norte de Castilla el 4 de octubre de 2017

Sobre el autor Roberto Carbajal
Tenía siete meses cuando asesinaron a John F. Kennedy. De niño me sentaba en los parques a observar a la gente, pero cuando crecí ya no me hacía tanta gracia lo que veía. Escribo artículos de opinión en El Norte desde 2002, y críticas musicales clásicas desde 1996. Amo la música, aunque mi piano piense lo contrario. Me gusta cocinar; es decir, soy un esclavo. Un esclavo judío a vuestro servicio.

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