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Divorcio a la catalana
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Roberto Carbajal | 19-10-2017 | 08:36

Mariano y Carla forman un matrimonio peculiar. No están casados, sino amancebados. Todo ha sido un cúmulo de intereses. Sus parientes miraron hacia otro lado y lo dejaron estar. Pronto, este par de extraños comenzaron a procrear. La prole fue creciendo y principalmente fue Carla quien se encargó de la educación. Mariano era sólo un semental, pero no hagamos que recaiga toda la responsabilidad en él; el pobre es fruto de la tradición familiar. Sus antepasados formaron pareja del mismo modo, así que se vio abocado a actuar de igual forma. Carla comenzó a influir en una parte de su extensa familia, mientras que su esposo se dedicaba a otras ‘cosas’. La zozobra se instaló en el ayuntamiento marital y un buen día Carla y parte de su familia conspiraron contra el matrimonio y la proclamada lideresa pidió el divorcio. Carla se calzó los pantalones que Mariano había dejado despistados en un rincón y cobró la apariencia de ‘prima inter pares’. Nuestro hombre se quedó de piedra, habida cuenta de que la había colmado con todos sus caprichos. Carla reunió a sus hijos y les pidió que decidieran si se divorciaba de su padre. Muchos convinieron en aceptar la propuesta de la ‘matrioshka’. Mariano envió a un grupo de amiguetes para que apaciguasen a la familia. Craso error: sacudió aún más el avispero. Género epistolar en mano, Mariano le pidió a su mujer que le aclarase si le había pedido el divorcio, dado que Carla lo había proclamado y negado a la vez. Ella le respondió “hablemos”, aunque su pareja tenía claro que su pretensión era seguir juntos. Le querían hacer creer que estos amantes a la antigua eran iguales, pero Mariano no tragó. Volvió a escribirle para que se aclarase. Carla se fue por las ramas y sus hermanas acusaron a Mariano de no querer arreglar el asunto. Hubo quien aseveró que Carla era en realidad hija de Mariano; por tanto, el lío fue en aumento. No estábamos hablando de matrimonio o divorcio; la verdad era que lo que nos traíamos entre manos era puro incesto, por lo que a día de hoy las cosas solo han hecho que empeorar. Puro cuento.

Publicado en El Norte de Castilla el 18 de octubre de 2017

Sobre el autor Roberto Carbajal
Tenía siete meses cuando asesinaron a John F. Kennedy. De niño me sentaba en los parques a observar a la gente, pero cuando crecí ya no me hacía tanta gracia lo que veía. Escribo artículos de opinión en El Norte desde 2002, y críticas musicales clásicas desde 1996. Amo la música, aunque mi piano piense lo contrario. Me gusta cocinar; es decir, soy un esclavo. Un esclavo judío a vuestro servicio.

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