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Roberto Carbajal

La aventura humana

Jueces a la carta

Es tal el jolgorio que padece España entre los poderes del Estado que ahora ya casi nadie parece distinguir entre unos y otros. La sentencia sobre ‘La Manada’ ha sacado a la gente a la calle porque consideraban que estos cafres se han beneficiado de un código penal laxo. La democracia se sustenta sobre el imperio de la ley y, cómo no, de la separación de poderes. Todas las asociaciones de fiscales y jueces españoles han pedido la dimisión del ministro de Justicia por sus declaraciones sobre el asunto. Rafael Catalá no es un ministro que se caracterice por su prudencia (eso ya se sabe). En un comunicado, estos asociados han calificado al ilustre de “temerario”, por meterse en los charcos arremetiendo contra estos profesionales. Nos guste o no, la sentencia contra los violadores de una pobre chica es legal y parece que la debilidad del Gobierno y del partido que lo sustenta ha constituido el terreno abonado para hacer populismo y obtener réditos electorales. Se produce una colisión de intereses. Por un lado, la independencia del poder judicial debería ser sacrosanta en un estado de derecho. Pero los hechos nos remiten a que desde que se implantase la democracia en España la política ha venido sirviéndose de los jueces para aplicar sus caprichos. De hecho, no hay más que echar un vistazo y comprobar que el Consejo General del Poder Judicial está formado por personas elegidas por los partidos políticos. Primer error. Deberían ser los propios jueces quienes eligiesen quiénes son sus representantes en su órgano de gobierno. De igual forma, el Tribunal Constitucional está constituido por un grupo variopinto de leguleyos nombrados por los partidos políticos mayoritarios. El comunicado difundido coloca bajo sospecha al Gobierno y asegura que hoy no les gusta la sentencia aplicada a los integrantes de un grupo organizado de violadores y mañana podría no satisfacerles otras. Lo que no se comprende es qué pinta un fiscal general, un ministro de justicia y un CGPJ alumbrados por la política. Es un batiburrillo que no hay dios que lo entienda. ¿O sí?

Publicado en El Norte de Castilla el 2 de mayo de 2018

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Sobre el autor

Tenía siete meses cuando asesinaron a John F. Kennedy. De niño me sentaba en los parques a observar a la gente, pero cuando crecí ya no me hacía tanta gracia lo que veía. Escribo artículos de opinión en El Norte desde 2002, y críticas musicales clásicas desde 1996. Amo la música, aunque mi piano piense lo contrario. Me gusta cocinar; es decir, soy un esclavo. Un esclavo judío a vuestro servicio.

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