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Categoría: Críticas conciertos VII Festival Internacional de Música “Pórtico de Zamora”
Vivaldi amable y rotundo


Ensemble Orquesta Barroca de Venecia
“Motetes Virtuosos” (Vivaldi)

Dirección: Andrea Marcon. Soprano: María Espada. Auditorio: Iglesia de San Cipriano. Lleno.


Con algunos compositores es muy fácil errar el tiro. Elegir a Vivaldi entraña cierto riesgo si cae en las manos equivocadas, porque su música está trufada de delicadeza, virtuosismo y de un cierto aire dictatorial que no suele dar pábulo al libre albedrío del intérprete que desee triunfar con ella. De ahí que cuando alguien alcanza a comprender su filosofía, se produce el hermanamiento perfecto, alejado de la impostura. Andrea Marcon y su Orquesta Barroca de Venecia han asumido estos rudimentos básicos como la senda que les conduce hacia el éxito con este tipo de repertorio.
El ejemplo lo tenemos con el “Concierto en sol menor”, al comienzo del recital. Los violines administraron las posibilidades del arco con delicadeza, obteniendo del instrumento un sonido aterciopelado, muy alejado de lo que en otras ediciones y con partituras similares perpetraron formaciones de infausto recuerdo.
La flauta travesera y el oboe barrocos de Michele Favaro pasaron desapercibidos en el “Concierto en sol mayor” que precedió al escrito en sol menor para chelo. En este punto se produjeron sentimientos encontrados. Por una parte, Francesco Galligioni parecía tenerlo bajo control, aunque personalmente me decepcionó durante el adagio. Trató de paladear la dulzura que rezumaba este movimiento y compartirla, pero daba la sensación de no sentirse cómodo del todo y sí durante el virtuosismo que exigía el allegro que afrontó a continuación.
La soprano extremeña María Espada fue la estrella de la noche. Su técnica refinadísima, unida a fraseos límpidos, dinámicas audaces y legatos cargados de soberbia bien entendida conquistaron al auditorio, que brindó al conjunto una intensa ovación, premiada con el “Lascia ch”io pianga” del Rinaldo de Haendel, en una noche muy amable.

Publicado en El Norte de Castilla el 28 de marzo de 2009

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La exquisitez y el silencio

El silencio es un sonido más y el público ayer se convirtió en un miembro inconsciente del coro en esa cuerda tan necesaria.
No hay suficiente espacio aquí para describir lo vivido durante el concierto que Tenebrae Choir brindó a los privilegiados que participamos anoche de forma indirecta en una muestra sin par de gusto, refinamiento y generosidad. La formación británica es insultantemente joven pero goza de una solidez que te deja sin habla. Su director constituye la quintaesencia del conocimiento y estruja como pocos las posibilidades armónicas y de empaste de los repertorios más intimistas y gloriosos que ha alumbrado la música antigua.
Comenzó la velada con el ‘Stabat Mater’ de Palestrina, las lamentaciones de Tallis o de Alonso Lobo. Todo este riquísimo repertorio tratado con exquisitez y sabiduría, aderezado con ingentes dosis de creatividad, pues Short jugó con el balanceo del sonido generando audaces juegos de cromatismos instrumentados al servicio de los sentidos. Intercambiando a los cantantes de ubicación, creando un entramado que urdía las posibilidades particulares de cada uno de los cantantes en el conjunto, que ante todo buscaba recrearse en la maravillosa sensación que son capaces de transmitir las voces humanas bien gobernadas. ‘Tenebrae’ actúa con las mejores orquestas del mundo porque son capaces de trabar un inagotable torrente de variedades sonoras que les han convertido en un referente de primera línea para quienes saben apreciar lo que representa este impagable grupo.
El responsorio ‘O vos omnes qui transitis’ como propina fue el aldabonazo del potencial vocal de estos cantantes británicos, que hicieron enmudecer a un auditorio que anhelaba que este concierto no tuviese fin. Cuando se desvaneció aquel silencio especial, llegó el turno de la palabra.
Publicado en El Norte de Castilla el 29 de marzo de 2009

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El Sol y nosotros


El único dios incontestable es el Sol. Ayer, a través de los ventanales de la iglesia de San Cipriano, se coló para brindarnos una muestra de cuán grande es su influjo sobre quienes lanzamos loas a su soberbia omnipresente.
La muestra musical que cerró la séptima edición del festival centró su exposición en la relación del astro con la especie humana y su inspiración en los sentimientos, culminando siete conciertos en los que el recorrido coherente desde las sombras, los planteamientos que trataban de eludirlas y la eclosión de la luz como manifestación excelsa del arte pusieron el colofón a un discurso cargado de emoción. A ‘Les Paladins’ les fue encargada la difícil tarea de culminar esa filosofía, aquilatada bajo el lema ‘Ave Lux’. Cumplieron a plena satisfacción con esa misión, interpretando con mesura unos bellos textos en los que la protagonista fue, una vez más, la palabra, interiorizada y musicalizada sin invasiones. El Sol y los mortales frente a frente en ‘La predica del sole’, con las voces y los instrumentos alejados de protagonismos incontrolados, plenos de sensualidad, y que a lo largo del programa fue desarrollándose metafóricamente como un culto a la divinidad religiosa pero zafándose hábilmente de ella, revestido de un dechado de administración responsable para no desviar el mensaje que se transmitía. Los cantantes y el conjunto de los instrumentistas constituyeron todo un ejemplo de lo anterior. Fueron todo expresividad, coherencia y cordura. A pesar de la capacidad de poder trazar con más energía todo el ornamento latente a su alcance, un cromatismo sonoro contenido eludió dotar de énfasis religioso a un texto disfrazado de esa esencia. En la pieza de Marazzoli laten intrínsecos la piedad y el pecado en su visión del repertorio, pero lo que quedó de manifiesto en este viejo auditorio fueron la relación telúrica humilde con lo inalcanzable, cuya esencia fue entendida a la perfección por ‘Les Paladins’, premiados con aplausos cargados de complicidad por manifestarse como súbditos humildes y tañedores de una extraordinaria calidez.
Publicado en El Norte de Castilla el 30 de marzo de 2009

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Hablar sin palabras

Fahmi Alqhai y Alberto Martínez Molina

“Sonatas de J. S. Bach”
Auditorio: Iglesia de Nuestra Señora de la Asunción (Morales del Vino). Lleno.


Fue un concierto matutino, intenso y corto. Pero la supuesta racanería no hizo más que concentrar el buen gusto. Esta cualidad es la que adorna al violagambista sevillano Fahmi Alqhai, que dio cuenta de tres sonatas de Bach adaptadas para ese instrumento en menos de una hora, afortunadamente, sin descanso. Su técnica y su seguridad permitieron a Alqhai centrar toda su maestría en paladear las exquisitas notas que inundaron arrolladoramente las paredes del templo. La viola da gamba es un instrumento que permite al músico hablar a través de ella como ningún otro, violenchelo al margen, por su desgarro.
La constatación de este hermanamiento quedó patente sobre todo en los movimientos más lentos de las tres sonatas, las BWV 1028, 1027 y 1029. En sus adagios, Alqhai transmitió toda la carga emocional de estas partituras, en las que un intérprete como él paladeaba cada compás con pasajes de una belleza dinámica que nos dejaron absortos y sumidos en un mar de placidez. Mientras, en los allegros o en el vivace de la 1029 el auditorio comprobó el dominio del instrumento del que goza el violagambista sevillano, afrontando cada pasaje sin dejar un solo resquicio que pudiera dejarle en evidencia.
Alberto Martínez Molina al clavicémbalo se convirtió en un cómplice necesario, creando el diálogo musical adecuado que suplía a los instrumentos para los que fueron escritas originariamente estas tres sonatas. Toda esta muestra artística, condensada en una fría mañana de extraordinaria música breve e intensa.

Texto publicado en El Norte de Castilla el 29 de marzo de 2009

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Oscuridad, recogimiento y pasión

Foto: LUIS CALLEJA
Schola Antiqua
‘Monodias para Tiempos de Penitencia’
Obras: Canto gregoriano y canto hispano. Dirección: Juan Carlos Asensio Palacios. Auditorio: Iglesia de San Cipriano. Lleno.

Hasta que la Humanidad pudo asistir a la eclosión del Barroco, hubo de recorrer un largo trecho. Durante un período hacia el que hay que remontarse más de mil años, la cristiandad lanzaba loas a la Divinidad en el interior de los conventos. Eran cánticos de escritura sencilla y monocorde, que balbucía en torno a una notación monopolizada por medidas ‘ad libitum’, en cierto modo caóticas, aunque cargadas de intensidad y fervor. Pronto convirtieron esa monotonía en argumentos polifónicos y el resto de la evolución melódica comenzó su andadura. Pero la música no existiría tal como la conocemos hoy sin ese fervor cristiano.
El lema del Festival de este año, ‘Ave Lux’, no era óbice para que la organización rindiese un homenaje a estas primigenias melodías de una época oscura y trufada de miedos, unas formas musicales que, por otra parte, siempre han salpicado distintas ediciones de este ciclo de conciertos, en un claro homenaje a esos inicios tenebrosos. Schola Antiqua es una formación que ama este repertorio. No en vano, sus componentes han sido educados como niños de coro, y ésta es la razón por la que la conexión entre sí y el auditorio obedecía a toda una vida dedicados a estos menesteres. Este extremo se percibía en la atmósfera austera y de entrega total que acogió el templo durante el concierto vespertino de ayer. Responsorios, lamentaciones o antífonas fueron expuestos sobre el escenario entre claroscuros. Las dieciocho voces sonaron como una sola en la mayor parte del recital. Esto obedece a toda una vida entregados a esta extraordinaria forma artística. Pero la luminosidad con la que brilló la contrición de la Schola no habría alcanzado la excelencia de no ser por el refinamiento de su director, que ha sabido tejer un entramado sonoro administrado con una responsabilidad sin parangón. El canto gregoriano precisa de una habilidad especial para no aburrir al público actual, de ahí nuestro reconocimiento a la labor de dirección de Juan Carlos Asensio, que fue aplaudida por el público. Concluyó el programa con el ‘Miserere’, pero la tradición ha representado en el tenebrario los quince cirios que encarnan a los apóstoles, a ‘las dos mujeres’ y a María, cuya luz permaneció encendida tras haber sido apagadas el resto una a una por los miembros del coro. En honor a la Virgen, el programa concluyó con un canto de la ‘Salve Regina’, en un concierto pleno de austeridad, de música sincera y enriquecedora del espíritu.
PRÓXIMOS CONCIERTOS
Finaliza así la primera entrega de esta séptima edición. El viernes 27, el templo románico retomará el ciclo con la Orquesta Barroca de Venecia. El sábado a mediodía, en Nuestra Señora de la Asunción, de Morales del Vino; por la tarde, en San Cipriano, la formación Tenebrae Choir, y, finalmente, el domingo, a las 18.30, el cierre del Festival, a cargo de la formación camerística Soles Barrocos.

Publicado en El Norte de Castilla el 23 de marzo de 2009

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Pasión con gloria

FOTO: NATI HERNÁNDEZ

Die Kölner Akademie
‘La Pasión según San Mateo’

Autor: J. V. Meder. Dirección: Michael Willens. Tenor: Nicholas Mulroy. Auditorio: Iglesia de San Cipriano. Lleno.


Si puede permitírselo, tome un par de aviones durante el verano y siga a estos músicos excepcionales por el mundo. Porque lo vivido anoche en San Cipriano quedará grabado en la memoria de los amantes de la música, de la exquisita, y de quienes sepan apreciar el compromiso. Todos ellos seguro que atesorarán en su íntimo ideario la composición que sobre el texto análogo realizase Johann Sebastian Bach, pero estoy convencido de que después de la intensidad de ayer la mayoría van a hacerle un hueco a otro Johann, esta vez, a herr Meder.


A lo largo de estas siete ediciones del Festival, son pocos los conciertos inolvidables que podría citar de memoria el público fiel. Y es que el auditorio permaneció absorto durante más de una hora sin pausa, alimentando los sentidos con una tromba de buen gusto y de una responsabilidad extrema: se trataba del relato de la Pasión de Jesús de Nazaret narrado por Mateo, el evangelista, en una transfiguración protagonizada por el excelso tenor británico Nicholas Mulroy. Absolutamente inconmensurable, Mulroy puso toda su disciplina, su gusto y su entrega al servicio de esta pieza, con una modulación vocal y una administración dinámica ejemplares, arropado por el resto de los cantantes, partícipes necesarios de esta muestra artística sin parangón. Es difícil citar un momento especial en la ejecución de esta inconmensurable partitura, porque la Akademie es una formación que no deja fisuras. Michael Willens anida en la estratosfera, dirigiendo a este grupo humano para el que todas las alabanzas en esta obra se quedan cortas. Destacar a un miembro de la Akademie acarrea injusticia, pero el público fue consciente de quién llevó todo el peso de la obra y brindó vítores y la ovación más intensa a Mulroy, fiel reflejo del altísimo nivel de la escuela inglesa. Las secciones instrumentales permanecen como colaboradores necesarios, pero en su honor es obligado decir que participaron de la misma atmósfera que envolvió a quienes fuimos unos privilegiados este 21 de marzo inolvidable.

Publicado en El Norte de Castilla el 22 de marzo de 2009

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Sobre el autor Roberto Carbajal
Tenía siete meses cuando asesinaron a John F. Kennedy. De niño me sentaba en los parques a observar a la gente, pero cuando crecí ya no me hacía tanta gracia lo que veía. Escribo artículos de opinión en El Norte desde 2002, y críticas musicales clásicas desde 1996. Amo la música, aunque mi piano piense lo contrario. Me gusta cocinar; es decir, soy un esclavo. Un esclavo judío a vuestro servicio.

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