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Categoría: Especies políticas
La ceremonia del exceso

Hay quien no se ha enterado aún de que España es un país aconfesional. Es decir, las instituciones estatales de cualquier rango no pueden manifestarse en favor de una u otra religión, bien sea mediante actos oficiales ni de cualquier tipo. Lo dice la Constitución, cuya letra sirve para algo más que para ser impresa. La pasada Semana Santa en los acuartelamientos militares ondeó a media asta la bandera española. Se conmemoraba la muerte de Jesús de Nazaret. Esto significa que el Gobierno conservador del que disfrutamos hoy ve con buenos ojos el hecho de que nuestra enseña nacional se rinda brindando un homenaje oficial al supuesto asesinato de un supuesto líder religioso. Tampoco sirve de coartada que el cristianismo sea la religión predominante en nuestro país, al menos así se declara mayoritariamente la población. Las banderas a media asta deben servir para homenajear a un soldado caído en combate en Agfanistán, por poner un ejemplo, y no para rendir pleitesía a ninguna fe, a ninguna. Pero se invoca el texto constitucional cuando interesa y no en toda su extensión. Chirría la visión durante los desfiles procesionales de políticos acompañando el cortejo, también a elementos de nuestras fuerzas de seguridad escoltando los conjuntos escultóricos. La ley regula la interpretación del himno nacional y, la verdad, no encuentro que deba ser tocado por ninguna banda cuando entran o salen vírgenes o cristos de ningún templo. En realidad todo lo narrado se permite en favor de unos días festivos en los que todos ganan, salvo el imperio de la ley. La vanidad de quienes el resto del año no son nadie y que durante estas fechas lucen sus entorchados, los negocios y la economía en general, que este año ha ido como un tiro gracias al buen tiempo en todo el país. Respetemos los sentimientos religiosos y todo tipo de manifestaciones en la vía pública, faltaría más, pero borremos de una vez por todas comportamientos anacrónicos que no casan en absoluto en una sociedad avanzada. Así califican a la española, pues habrá que creérselo. No seamos aguafiestas.

Publicado en El Norte de Castilla el 19 de abril de 2017

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La cara bien dura

A Cristóbal Montoro no le gusta el cine español. Lo dijo hace tiempo en una entrevista, en pleno fragor sobre el IVA que se aplica en España al séptimo arte. Qué le vamos a hacer. Si para el ministro de Hacienda nuestras películas no son de su predilección, hay que respetarlo. Pero sucede que una de sus obligaciones como miembro del Gobierno es apoyar y proyectar la industria nacional, y el cine forma parte de ella. Por tanto, las opiniones de Montoro sobre asuntos como este debería guardarlas para cuando hace la digestión, nunca lanzarlas a los cuatro vientos, porque si nosotros no apoyamos al sector quién va a defenderlo, ¿en el extranjero? Por cierto, nuestras películas suelen estar bien vistas en el exterior. Morralla hay en todas partes, no nos engañemos. El cine americano que se rueda hoy no es precisamente un ejemplo de cómo hay que hacer las cosas. Pero sucede que las grandes productoras estadounidenses se imponen en el mercado aplicando cierto grado de matonismo.

El bueno de Montoro ha tenido la gentileza de reducir el IVA a los espectáculos en directo. De nuevo, el cine se ha quedado fuera. El ministro ha asegurado que no puede aplicar el impuesto reducido a esta actividad comercial y artística porque no le cuadran los números con el maldito déficit, que en este caso suponen 300 millones. Es una forma de verlo; él sabrá. Todo el mundo conoce la aversión del ejecutivo popular hacia ‘los de la ceja’, unos izquierdosos con malas intenciones que no comulgan con las ideas conservadoras.

Dicen que las comparaciones son odiosas, así que aquí va una. El Ministerio de Defensa deberá pagar al consorcio aeronáutico Airbus una multa de 243 millones por rechazar la compra de trece aviones militares que había encargado. Defensa lo justifica con un argumento espectacular: ya no los necesitamos. La noticia ha pasado casi desapercibida y parece que Montoro tampoco se ha enterado o no le han pasado el resumen de prensa. Para evitar la sanción, España necesita colocárselos a algún primo. Sí, es cierto, las comparaciones son odiosas. Al menos esta.
 
Publicado en El Norte de Castilla el 5 de abril de 2017

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La tesis de los bares llenos

Cristóbal Montoro no es un científico al uso. Hace tiempo aseguró que la crisis prácticamente era historia. No hay más que echar un vistazo a los bares: están llenos, remató. Con teorías como esta nos ahorraríamos un montón de pasta en elaborar estadísticas. Yo le daría una vuelta a la reflexión del bueno de don Cristóbal: los bares están a rebosar porque la gente quiere olvidarse de este Gobierno y de su inoperancia para resolver los problemas que acucian a la gente que padece situaciones de auténtica precariedad y emplean el alcohol para lograrlo. Pero poniéndonos serios, no compren ninguna de las dos tesis. La realidad es que los establecimientos donde se sirve la sustancia son visitados por la gente que puede permitírselo, que al fin y al cabo son los de siempre. La clase media alta, la media, los jubilados con posibles y los funcionarios, además de los jóvenes que conviven con todos los anteriores.

Este periódico publicó anteayer que el Banco de Alimentos de Valladolid ha experimentado una reducción de usuarios, producto del relativo crecimiento económico. Pero, del mismo modo que aseguró esta evidencia, alertó también del peligro en que puede caer esta institución por una percepción social que alejaría la solidaridad hacia quienes aún precisan de productos básicos con los que alimentar a sus familias. El empleo que se ha creado en España es precario, nada estable y sin perspectivas de serlo. Por tanto, es acuciante la subida del salario mínimo, que estimularía el crecimiento en todos los sectores productivos y que provocaría el flujo del dinero.

España sigue sin tener un presupuesto, pero la ministra Cospedal se ha comprometido con su homólogo estadounidense a duplicar la cantidad que aporta a la OTAN. La pregunta es de dónde va a salir el dinero, aunque imaginamos que la partida de asuntos capitales se verá mermada si el compromiso se consuma, pero todo apunta a que es un brindis al sol. Que responda el saltimbanqui de Montoro, tal vez el ministro más provocador de la historia, tras José Ignacio Wert. Mientras tanto, ustedes beban.

Publicado en El Norte de Castilla el 29 de marzo de 2017

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Poder absolutista

A Iósif Slatin le temían hasta sus más íntimos, y es que el líder de la antigua Unión Soviética resultaba impredecible. De repente alguien desaparecía y adiós, muy buenas. Las purgas del dictador georgiano eran tremebundas, aniquiló a millones de personas sin despeinarse. Hoy te acostabas y en mitad de la noche llegaba a tu casa la parca y te borraban literalmente del diario oficial Pravda (La Verdad).

Este fin de semana Podemos celebró su segundo congreso en el Palacio Vistalegre. Pablo Iglesias se lo llevó todo, frente a su antiguo amigo Íñigo Errejón, que tan solo obtuvo un par de abrazos, mientras mostraba un rostro al borde del quebranto. Preguntado sobre qué iba a hacer con Íñigo, Iglesias dijo que contaba con él, pero que la decisión debían tomarlo los consejos ciudadanos. El secretario general de Podemos ha mamado desde la infancia de Lenin, Marx o Stalin, porque fue criado en un entorno comunista. De ahí, entre otras fuentes históricas, aprendió casi todo lo que sabe en política. Son muchos los que temen que el sector vencedor inicie una purga no sangrienta entre la disidencia; sin muertos, pero una purga al fin y al cabo. “Unidos”, le gritaban desde el graderío, un eslogan que ha repetido y asumido. Pero viendo las trazas del politólogo madrileño, unidos sí, aunque menos. Al final triunfó la corriente increíble, esa que promete el país de las maravillas, aunque no explican de dónde va a salir el dinero. En definitiva, este joven partido se ha convertido en uno viejo, ese en el que las luchas intestinas suelen estar a la orden del día.

También el Partido Popular celebró su congreso. Como era previsible, Mariano Rajoy y el coro fueron reelegidos con toda la parafernalia y sin que se alzasen voces díscolas cuestionando su poder absoluto. Con la formación conservadora en los tribunales por la archiconocida caja B, no dejaba de tener su gracia que el evento tuviese lugar en la Caja Mágica. Estaban encantados de conocerse, a pesar de que aplicaran la máxima despótica e ilustrada del siglo XVIII: todo para el pueblo, pero sin el pueblo.

Publicado en El Norte de Castilla el 15 de febrero de 2017

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Cataluña, año cero

Como diría el presidente Rajoy, esto de Cataluña es un lío. Yo diría más: es el lío. Los independentistas quieren convocar un referéndum antes del verano y aseguran que va a celebrarse a pesar de las amenazas del Gobierno central. El ministro de Justicia asegura que el Ejecutivo contempla la aplicación del artículo 155 de la Constitución, que viene a decir que se suspenderá la autonomía de cualquier comunidad que incumpla la ley. Observando cómo se está desarrollando el plan secesionista, esto es lo más probable, a pesar de que la vicepresidenta Santamaría se muestre más mansa. Lo que es innegable es la determinación de los independentistas, no se arredran ante las advertencias y confían en que el sector de Cataluña que ha comprado su discurso les arrope y creen conflictos sociales difíciles de manejar sin una represión total en las calles a manos de las fuerzas de seguridad. La policía autonómica catalana se tendría que poner a las órdenes de los interventores y, si se negaran, sería la Guardia Civil quien se haría cargo del cumplimiento de la ley y del orden. Este escenario es más que probable, y son los propios Mossos d’Esquadra quienes están alertando de este choque de trenes. Hace un par de días, Artur Mas se envolvió en la bandera y fue acompañado por decenas de miles de simpatizantes que le arroparon hasta el juzgado. La cuestión es qué alternativas se presentan, salvo las narradas anteriormente, porque a este auténtico problemón aún nadie le ha encontrado una salida que satisfaga a los dos contrincantes. La reforma de la Constitución podría alzarse como una salida, pero a estas alturas el independentismo no desea una España plurinacional, que podría ser una opción airosa, pues la plataforma Junts pel Sí ya ha anunciado que sus intenciones bogan en la creación de un Estado propio, independiente del resto del Estado español. Ante este desafío, ¿y si hay muertos?, ¿cómo afectaría este escenario a la imagen de España y a las huidizas inversiones?, ¿qué se puede presentar como alternativa? He aquí, amigos míos, la pregunta del millón.

Publicado en El Norte de Castilla el 8 de febrero de 2017

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El puto amo

Vamos a ver si nos aclaramos: ¿No habíamos quedado en que nos gustaría que los políticos cumpliesen sus promesas electorales una vez instalados en el poder? Bien, pues ya tenemos a uno, se llama Donald Trump y es nuestro emperador. Qué más podemos pedirle a un hombre que nada más sentarse en el sillón de la Casa Blanca comenzó a firmar decretos a diestro y siniestro (sobre todo lo último) para hacernos ver que es un tipo que cumple lo que promete. El planeta está escandalizado por las medidas del jefe del imperio. Todo el mundo lo tilda de payaso, xenófobo, sexista y todos los calificativos que se quiera, pero es un tío de fiar. No va a decepcionar a nadie porque es un cumplidor nato. Durante la campaña, su boca nauseabunda no cesó de emitir improperios. Muchos dijeron, bueno, cuando sea presidente ya habrá quien le ponga en su sitio y le convencerá de que una cosa es el discurso electoral y otra bien distinta gobernar. En Europa estamos mal acostumbrados, somos demasiado finos para mi gusto. A nadie se le ocurriría llamar asquerosa a una oponente durante un debate televisado, como hizo Trump con Hillary Clinton, porque estoy seguro de que espantarían el voto femenino. Pero Estados Unidos está hecho de otra pasta. ¿Se atreverían los medios de comunicación europeos a llamar payaso, idiota e ignorante a un candidato presidencial? Aquí, desde luego, no. Bueno, casi. Durante el ascenso del nazismo, en Alemania muchos periódicos calificaron a Adolf Hitler del mismo modo en que ha sucedido con Trump. Se escribió que era un payaso de opereta y que quien más tarde resultó ser un genocida que hipnotizaba a las masas no tenía mayor recorrido que sus puestas en escena. El Führer, en contra de lo que se cree, no ganó nunca unas elecciones; solo es cierto que llegó legalmente al parlamento y más tarde irrumpió en la cancillería. Nos guste o no, hemos de lidiar con Donald Trump, que no es un genocida, y desde Europa tan solo tenemos que ir a lo nuestro. Seamos prudentes, no vaya a ser que el jefe se enfade y aplique aranceles a nuestras exportaciones.

Publicado en El Norte de Castilla el 1 de febrero de 2017

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Sobre el autor Roberto Carbajal
Tenía siete meses cuando asesinaron a John F. Kennedy. De niño me sentaba en los parques a observar a la gente, pero cuando crecí ya no me hacía tanta gracia lo que veía. Escribo artículos de opinión en El Norte desde 2002, y críticas musicales clásicas desde 1996. Amo la música, aunque mi piano piense lo contrario. Me gusta cocinar; es decir, soy un esclavo. Un esclavo judío a vuestro servicio.

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