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Categoría: Subliminal y publicidad
El gallego emplasmado

No entiendo a qué viene tanto interés por que Mariano Rajoy comparezca en carne y hueso ante los periodistas. Es legítimo que la prensa tenga la oportunidad de preguntar al presidente sobre la actualidad y retransmitir sus respuestas de fantasía. Pero visto el daño que hace el jefe del Gobierno a la ‘Marca España’ cuando no tiene más remedio que despachar ante los mortales, es casi mejor mantenerlo envasado, codificado o empantallado. De ese modo, si se queda en blanco, siempre puedes tirar del cable, como en las dictaduras. Hay asuntos que han dejado de impresionarme, y este no es la excepción. La cosa funciona del siguiente modo: el primer día choca, el segundo empiezas a mosquearte; al tercero te cabreas, y la cuarta vez que lo hacen es cuando estallas. Aunque, como nadie te ampara y el editor no permite que llegues de vacío plantando al político, se termina convirtiendo en algo normal.

Habida cuenta de que el español tiene un carácter simpático y bastante creativo, el reportero acomoda su enojo alumbrando chistes, chascarrillos o una concatenación de comentarios crueles totalmente legítimos hacia Mariano Rajoy y sus desafortunados voceros, que dan un juego tremendo. Una jornada en la sede del PP en Madrid arranca más carcajadas que los clubes de la comedia. Y se pasa mal cuando contienes la risa ante la gente que la provoca.

Hay gente que cree en la veracidad de lo que emiten las cadenas. Discuten con cualquiera sobre algo porque lo han visto en televisión y ese argumento va a misa. Es discutible e incluso posible: ¿Serán Mariano Rajoy y su corte una creación ficticia o forman parte del censo? Lo fácil en estos casos sería machacar a quien pregunta esto; lanzo la cuestión porque hemos conocido muñecos de ventrílocuos con más crédito. George Orwell vaticinó este escenario del líder emplasmado soltando diatribas en “ 1984” , escrita hace casi setenta años contra el totalitarismo estalinista. Quién iba a decirnos que nuestro gran hermano se llamaría Mariano y que reviviríamos esa distopía en 2013.

Publicado en El Norte de Castilla el 10 de abril de 2013

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Wert para creer

España encabeza la lista del fracaso escolar en Europa. ¿Y? Somos los mejores jugando al fútbol. ¿Algún problema?, ¿quién es el fracasado ahora? Los bautizados como ‘clase trabajadora’ no tienen por qué triunfar en las aulas. Los asientos de sus pupitres están patinados de un barniz especial, tan resbaladizo que duran dos entregas aposentados sobre ellos. Todo parece cabalgar a lomos de una estrategia que persigue ciudadanos ignorantes y dedicados a someterse sin rechistar. No puede haber otra explicación. Si no, ¿a qué obedece la aberración secular de cambiar el sistema educativo en función del color del Gobierno?
 
Transcurridos casi cuarenta años de democracia, España no ha dado con la piedra filosofal que convierta ejércitos de ignorantes en versados ciudadanos. Como somos el país más original sobre la faz del planeta, no nos gusta copiar. Quizá adaptar un poco de aquí, otro poco de allá; nunca fusilar la totalidad. Poco importa que Finlandia disfrute del mejor sistema educativo del mundo. Qué tienen en común los fineses con nosotros, aparte de los teléfonos Nokia y una digestión similar: nada. Es sólo que alguien se dio cuenta en aquel gélido país de que el conocimiento servía para calentar la mente y mover el cuerpo.
 
En España la educación siempre es noticia, no por su excelencia, sino por la personalidad del tipo que ocupe el Ministerio. El otrora demoscópico José Ignacio Wert sobreactúa para esconder su incapacidad, arremetiendo contra padres, madres, hijos y periféricos. Se ha convertido en el bufón del Reino y en un paranoico político que ve conspiradores izquierdistas y antisistema cuando las familias modestas se manifiestan en la calle, su próximo hogar. Para muestra de la consideración que tienen Wert y la Administración Rajoy en esta materia, baste un botón: el presupuesto consignado en la compra de libros para las cincuenta y dos bibliotecas estatales durante el próximo ejercicio es de cero euros. ‘Eccolo cua’, que diría el otro. Aquí lo tienes, que decimos en este solar de Europa.

Publicado en El Norte de Castilla el 17 de octubre de 2012

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RTVE

En España se aplica a rajatabla el aserto de que si algo funciona, tarde o temprano llegará alguien y acabará con él. El extinto Zapatero prometió que llevaría al Congreso una ley para que el presidente de la televisión pública estatal fuese nombrado en sede parlamentaria, desligando así al ente de las fauces gubernamentales. ZP cumplió y RTVE fue labrándose una reputación entre la audiencia. Los informativos son aplaudidos dentro y fuera de nuestras fronteras por su calidad, independencia y la exquisitez con que tratan los asuntos delicados. Los espectadores consideran que los telediarios y la programación de TVE son un oasis en mitad del desierto. Los tildan de independientes y serios. Lejos quedaban aquellos años en los que Felipe González tenía a su servicio a Calviño o María Antonia Iglesias, sectarios que se abrían el pecho por sus amos.

Con el advenimiento del régimen de Aznar aterrizó en TVE Alfredo Urdazi, un espécimen digno de una tesis. Sus telediarios eran un tratado sobre cómo ofender a la ciudadanía. En aquella radiotelevisión desovaron sujetos que ahora sueltan su espuma en los medios ultraderechistas. Son estos guerrasanteros quienes piden a Rajoy que haga una limpieza dentro de la casa. A Dolores de Cospedal, secretaria general del PP, no le hacía gracia Ana Pastor ni sus desayunos. Arremetió en antena contra la línea editorial de TVE, acusando a la cadena de manipularlo todo. Ahora, con la excusa de que no se ponen de acuerdo con el PSOE para nombrar a un nuevo presidente del consejo, el partido del Gobierno decidirá con su mayoría al capitán de la gabarra neopropagandística. A Cospedal no le parece bien nunca nada, ni siquiera que Soraya Sáenz de Santamaría se convirtiese en omnisciente vicepresidenta. Si no se disuelve esta pestilencia, el PP podría sentar en los despachos a los que le han dorado la píldora y aplicarán el modelo vigente en las comunidades autónomas con canal propio. El pluralismo informativo hibernará y la gente echará de menos los programas de la tele de Franco.

Publicado en El Norte de Castilla el 25 de abril de 2012

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Transparencia y justicia

Quién iba a pensar que la Casa del Rey se convertiría en la primera institución que anuncie transparencia en sus cuentas. Bien es cierto que el ‘caso Urdangarin’ ha puesto contra las cuerdas a la Corona y ha provocado este anuncio cristalino. Hasta ahora, la partida presupuestaria asignada al sostenimiento del jefe del Estado y su entorno se consignaba en una sola línea, sin especificar nada más que la cantidad. A pesar de las circunstancias que han precipitado estos cambios, hemos de saludarlos como merecen, sin excesos. Que nadie espere que se revelen detalles morbosos, porque si no muchos van a llevarse una gran decepción. La reina de Inglaterra narra en su web hasta los gastos de peluquería, un material folclórico que da mucho juego a la hora del té.

Mientras se habla de hacer transparentes las cuentas reales, en el resto de las instituciones españolas es inexistente, y eso que se trata de un derecho contemplado en la Constitución que nadie se ha ocupado de desarrollar. El PSOE engañó a los españoles durante dos mandatos incluyéndolo en sus programas. Nunca cumplió con lo escrito y traicionó a quienes esperábamos que la ley de transparencia y acceso a la información se convirtiese en una realidad. El PP plasmó en el suyo la formalización de esta pata de la democracia, pero habrá que verlo para creerlo, habida cuenta de que con la excusa de la crisis se puede burlar el todo.

El hecho de no tener acceso a la información pública impide, entre otras cosas, que sean legión los ciudadanos que puedan fiscalizar los dineros públicos, el cruce de influencias y mala praxis en los despachos de la Administración, la alegría en el gasto y el soborno oficializado. De repente, se ha producido una eclosión de causas judiciales en todos los costados de nuestro país. Y salpica a la realeza, a políticos de altura y también a los de bajura. La Justicia no se casa con nadie y ahora tiene la oportunidad de mostrarse ante los ciudadanos como un poder diáfano, independiente y creíble. Al parecer, el único que nos queda.   

Publicado en El Norte de Castilla el 14 de diciembre de 2011

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El enemigo en casa

Óscar López no debió nunca acompañar a Rubalcaba al debate con Rajoy, ni siquiera haberle rozado días antes. Si no se contextualiza, resulta incomprensible que el candidato socialista tratase al aspirante popular como si fuera el ganador de las elecciones. Y cuesta más entender que sucediese algo así en alguien como el exministro del Interior, un tipo listo y fajador como pocos, que experimentó una transformación inédita ante quienes le habíamos juzgado de otra guisa. La explicación habría que buscarla en el efecto contagio, en esa ósmosis de estado anímico con la que López traspasó la piel de Rubalcaba. La actitud que adoptó el jefe regional de los socialistas en su disputa electoral de mayo tuvo los mismos tintes de rendición que la vivida en el debate del lunes. Todo se pega, como sucede en los parvularios, en los que un niño sano por la mañana se llena de piojos o varicela por la tarde.
 
Rajoy estuvo más cómodo que nunca, incluso llegó al punto de disfrutar de la situación. A medida que transcurrían los minutos, el líder popular lucía muy relajado, a pesar de estar envuelto en demasiadas chuletas, que no le pasaron factura. Rubalcaba se comportaba como un súbdito suyo, dado que lo trató de presidente electo a lo largo de la emisión del espacio. Imagino la estupefacción de Elena Valenciano, la jefa del tinglado. En el receso debió de advertir a su pupilo del trato que dispensaba a su contrincante, porque se notó en la reanudación el cambio verbal al dirigirse a él. Pero de nuevo el efecto López se apoderó de Rubalcaba, y volvió a plasmarse la evidencia de que su interior se rinde a la certeza del posible barrido electoral que aguarda en pocos días. La gente estará aún preguntándose para qué tanta preparación, para qué ese cuidado enfermizo de los detalles si, al final, se termina descuidando uno enorme, como es la presencia de un asesor con mal fario. Óscar López cosechó la mayor derrota electoral del PSOE en Castilla y León. Y parece que otra historia similar se producirá en un par de domingos.  
 
Publicado en El Norte de Castilla el 9 de noviembre de 2011
 

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Señorías al descubierto

Seis diputados del Congreso aún no han publicado sus bienes. Hacen bien, así no tendrán que escuchar los chascarrillos de los votantes incrédulos de su circunscripción. El resto de sus colegas y las reinas madres del Senado aparecen en las páginas de las cámaras, desnudándose tímidamente ante la ciudadanía.

Acostumbrados como estamos a la telerrealidad, o a la programación basura, el morbo ha llevado en tromba a curiosear entre los bolsillos de los representantes públicos. Ciñéndonos a las decepcionantes cifras colgadas, la mayoría de sus señorías son casi pobres, si los comparamos con el patrimonio que mucha gente cree que atesora el diputado o senador de su provincia. Quien más quien menos conoce de cerca la trayectoria política de sus intermediarios en Madrid. Muchos fueron alcaldes de sus municipios y su tren de vida no pasa desapercibido. Cuando dejaron de tener tirón electoral se les encumbró hasta la capital del Reino. Madrid abre muchas puertas, entre las que se encuentran las de los zorros que manejan los recovecos de la evasión fiscal. Un diputado listo puede resolver media vida si toca los timbres adecuados. En contra de lo que se empeña en vender José Bono, sus subordinados pasan más tiempo a su aire que atendiendo las demandas de los votantes. Esto es así porque el sistema les obliga a levantar la mano incondicionalmente, aunque traicionen a la provincia por la que fueron elegidos.

Los cónyuges de todas estas señorías juegan un papel esencial en esta obra de teatro de la transparencia patrimonial. Hay que despojarse de la ingenuidad para confiar el magro de tus posesiones a quien te ha visto crecer como político. Todo equilibrio sentimental es poco para que no cante las verdades fiscales del barquero. He leído las declaraciones de bienes de los dignatarios de mi circunscripción y, sinceramente, no dejo de pensar en qué vida tan placentera disfrutan las mujeres que los cubren. Pero lo que más me intriga es saber cuánto vale su silencio y cuánto durará su relación. Para ponerme en la cola. 

Publicado en El Norte de Castilla el 14 de septiembre de 2011

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Sobre el autor Roberto Carbajal
Tenía siete meses cuando asesinaron a John F. Kennedy. De niño me sentaba en los parques a observar a la gente, pero cuando crecí ya no me hacía tanta gracia lo que veía. Escribo artículos de opinión en El Norte desde 2002, y críticas musicales clásicas desde 1996. Amo la música, aunque mi piano piense lo contrario. Me gusta cocinar; es decir, soy un esclavo. Un esclavo judío a vuestro servicio.

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