
Son Romeo y Juliette, se conocen, su amor surge de inmediato, la felicidad inunda sus vidas, se filtra el infortunio, nada que ver con la obra del maestro Bardo, la familia no es interviniente, su hijo Adán le encuentran un tumor cerebral.
La primera imagen que vemos es la de Juliette con Adán han debido pasar algunos años, el chico debe someterse a una revisión. El ruido que emite la máquina de resonancia permite desatar los exactos recuerdos de la madre, un flashback nos permite volver al pasado, narrar la historia, el momento en que se conocieron Juliette y Romeo, aquella fiesta, breves momentos, intensos momento de amor, para enseguida lentamente introducirnos en el drama. Esta no es una cinta que se escore hacia el culebrón, sino que sin dejar a un lado la gravedad de lo narrado atenúa el drama con momentos livianos –evitar en lo posible la acumulación de sucesos trágicos-, la introducción de momentos musicales que registran los momentos emocionales de la pareja, la comicidad que surge de inmediato.
El ritmo de la cinta viene marcado también por las diferentes estrategias que adoptan sus protagonistas para combatir la enfermedad, La Guerre est déclarée, sin embargo estos no se resignan, su ánimo pese a las dificultades intenta no decaer, una nueva readaptación de la vida pese a la dificultad, los sacrificios no deben interferir en el derecho a la felicidad, aunque a pesar de la firmeza, siempre la firmeza, las consecuencias; la separación final que deviene del desgaste (de la pareja), aún así la persistencia, el valor de luchar por la vida, la vida de Adán, el objetivo. También es el objetivo de los médicos, el espíritu de un equipo de la sanidad pública, los valores humanos de la sanidad pública.
Así mismo la realizadora no incide en aspectos mórbidos, acorde con el tono, aunque no oculta los hechos, ni el día a día de la vida de un hospital infantil.

