
No se trata de épica, de una narración épica -basada en hechos reales-, porque si esta existe esta oculta bajo los tejemanejes, los secretos, el universo poliédrico que se desenvuelve en el interior de un club entre conversaciones, transacciones, intercambios de jugadores, que en realidad viene a ser metáfora sobre el capitalismo, propiamente dicho, sobre su refundación tras la debacle, tampoco al realizador y a sus inteligentes guionistas Steven Zaillian y Aaron Sorkin les interesa los trascursos de un encuentro de beisbol, solo apuntes, leves apuntes, ráfagas, sino las bambalinas, las interioridades, la intriga a veces mezquina que se desarrolla en oficinas, estadios, vestuarios, contradicciones y malos hábitos, moralidad inquietante mostrada –nunca Miller juzga, sino que se mantiene como un realizador objetivo-

