Hacía nueve meses que no escribia en mi blog, por cuestión de prioridades, como indicaba en mi último artículo. Todavía estoy inmersa en una serie de asuntos que me quitan la mayoría de mi tiempo libre, y no puedo pararme demasiado a reflexionar sobre la vida y el ser humano. Pero ante la proximidad de una huelga general, no me puedo quedar callada.
A lo largo de estas semanas, he escuchado los argumentos de quienes no están a favor de la huelga: no servirá para nada, los sindicatos están comprados, me quitarán un día de sueldo, tendría que haberse organizado mucho antes, etc. Además, un gran número de funcionarios dicen que como muchos ciudadanos se alegraron de que les bajasen el sueldo, ahora ellos no van a apoyar la huelga.
Cierto es que los sindicatos a nivel general, no han estado a la altura en los últimos años. Dentro de estas organizaciones, hay gente que merece la pena y que son sindicalistas de verdad, todo hay que decirlo, pero la imagen global que se aprecia desde fuera no es la que había hace años. Sin embargo, no se trata de una huelga de los sindicatos sino de los ciudadanos, pero ha sido convocada por los sindicatos porque hoy en día (nos gusten o no) son los únicos que pueden organizarla. No podemos dejar de hacer huelga como castigo a los sindicatos, pues en tal caso no sólo les hacemos daño a ellos, sino también a nosotros mismos. Si queremos decirles que no estamos de acuerdo con su actuación, debemos ir directamente a ellos y exponerlo. Yo ya les he expresado mi descontento personalmente en varias ocasiones, del mismo modo que le he agradecido a ciertos sindicalistas su apoyo con varios temas que he vivido de cerca. Además, al Gobierno le ha interesado desprestigiar a los sindicatos para que los ciudadanos no nos sintamos representados y no hagamos huelga. Por ejemplo, se ha hablado en prensa este año por activa y por pasiva sobre las subvenciones que reciben, pero ¿acaso no las recibían el año pasado o el anterior? ¿acaso los partidos políticos no las reciben? ¿y muchas asociaciones? ¿y la SGAE?. En fin, que no es mi intención defender a los sindicatos, sino que quisiera que no perdiésemos el punto central de para qué sirve la huelga y por qué conviene hacerla.
Es que si la mayoría de gente piensa hoy en día que la huelga no sirve para nada y que los sindicatos, que son los únicos legitimados para representarnos, no sirven para nada, entonces que quiten directamente de la Constitución el derecho de huelga. ¿Es lo que queremos?
Cierto es que nos quitarán el día de sueldo, con el prorrateo de la extras. Pero si comparáis esa cantidad con el salario anual (no el mensual, puesto que no sólo nos quitan ese día del mes y no se puede comparar con la nómina mensual), no es tanto, aunque nos duela perderlo, pues a nadie nos sobra el dinero y menos en esta época. Más dinero se puede gastar uno en irse de copas el fin de semana, en unos días de vacaciones, o en comprar algo de ropa. Y sin embargo, es mucho más lo que se pierde en derechos y seguridad, y en dignidad. Además, ¿acaso no quitaban el día de sueldo por la huelga hace años, y se hacía igualmente?
También es verdad que cuando bajaron el sueldo a los empleados públicos, a la mayoría de ciudadanos les pareció bien. Yo soy funcionaria de carrera, me han bajado el sueldo y también he oído esos comentarios de gente que se alegra, o que nos tacha de vagos, o que dicen que deberían echarnos a todos a la calle… Pero la solución no es decir: “ahora no voy yo a la huelga, y que se fastidien los que nos critican”. Seamos realistas, lo que está sucediendo en nuestro país nos afecta a TODOS, y quienes estamos siendo perjudicados, somos todos, cada uno en su pequeña parcela de vida. Si hoy en día, con la situación que tenemos, no nos ponemos en huelga y salimos todos a la calle a expresar nuestro malestar, ¿cuándo lo haremos? Además, si bien nosotros los funcionarios de carrera no somos personal contratado y no podemos ser despedidos, nuestra familia y amigos sí que lo son, y nuestros hijos y las generaciones venideras podrán serlo, por lo que se verán afectados por lo que ahora se está decidiendo en el país. Y no sólo se trata del tema del despido, sino de muchos derechos que estamos perdiendo de golpe y de la rebaja en calidad de vida.
Y he escuchado también eso de que “la huelga no sirve para nada”, que luchando no se consigue nada porque la batalla ya está perdida de antemano. ¿Qué habría sucedido si quienes lucharon por la democracia hubieran pensado que no valía para nada esforzarse? ¿y aquéllos gracias a los que hoy en día la mujer puede votar y tener los mismos derechos que el hombre? Me pregunto qué le diremos a nuestros hijos y a las generaciones futuras cuando a ellos el trabajo les vaya mal: ¿les aconsejaremos que se queden en casa quejándose, a ver si cae el maná del cielo algún día?, ¿o tendremos la cara de decirles que luchen por lo suyo, cuando nosotros no lo hicimos en su momento? Somos el ejemplo de los que vienen detrás, del mismo modo que nuestros padres y abuelos lo fueron para nosotros.
A este respecto, me da igual la manipulación que hace el gobierno y la oposición, me da igual si los sindicatos actúan o no como deben… Lo que sí me importa es que estamos en un punto tremendamente complicado en nuestro país, y no estoy de acuerdo con las medidas que se están tomando, cuando hay muchas otras que podrían hacerse y que no se hacen porque no les conviene a ellos. ¿No pensáis lo mismo vosotros? No me puedo quedar en casa callada e ir al trabajo como si nada pasase. Al menos, expresémonos, como mínimo para eso sirve la huelga, para expresar nuestro malestar.
Y tomemos la decisión que tomemos, por favor, respetemos la decisión de los demás. Cada uno que haga lo que considere oportuno, pero dejando espacio a los demás para que tomen su propia decisión.
Los seres humanos somos demasiado individualistas, tenemos que aprender a sentirnos parte de un todo y actuar conjuntamente con los demás para mejorar las cosas. En caso contrario, en lugar de evolucionar, seguiremos involucionando. No pongamos excusas, pensemos realmente en cómo nos sentimos con lo que está sucediendo en el país y tomemos la decisión de hacer huelga o no basándonos en el problema de fondo, no en todo el “ruido” que se escucha alrededor. Y recordad que quien calla, otorga.