Q ue los coches oficiales van por encima de los límites de velocidad ni es nuevo ni está ligado a la identidad política de la persona que viaja en su interior. Les cuento esto con motivo de la noticia sobre el presidente de la Junta de Extremadura, pillado in fraganti a 180 km/h en un Audi A8 oficial. Desconozco donde le han hecho «la foto», si había o no tráfico o cuales eran las condiciones climatológicas, factores para mi importantes pero que a la DGT le importan un carajo a la hora de criminalizar la velocidad… de usted y mía que no viajamos en coche oficial. Si a usted, querido lector, le cogen a 180 le habrían calificado de inmediato de criminal para arriba, sin tener en cuenta para nada si se ha puesto en peligro a alguien o a algo. Lo que me molesta y mucho es que primero se dijera por parte de la delegada del gobierno en Extremadura que no era el coche del presidente sino de unos escoltas, cuando el propio presidente, honestamente, ha dicho que era el suyo. Y en segundo lugar que a un conductor al que se manda cumplir unos horarios más que imposibles se diga que nadie le ha obligado a saltarse los límites, me parece escandaloso. «Yo no soy responsable de que el coche corra, lo soy de mi agenda y lo asumo, y quizás a veces mi agenda provoca que otros tengan que extralimitarse en la velocidad», ha señalado el presidente extremeño en un alarde equilibrio sobre el alambre de la lingüística que recuerda a Clinton en otro tema muy diferente. Menos mal que Fernández Vara entiende que «no caben argumentos, lo que hay que hacer es asumir y aprender de ella». Lo que no se es si reir o llorar cuando dice que quizás está «forzando demasiado las cosas en al ánimo de conciliar la gestión del día a día y la política de proximidad que me gusta». Pues miren, este argumento les sirve que ni pintado a los que trabajan en las empresas de mensajería o a cualquiera de los, muchos, que utilizamos el coche para nuestros desplazamientos de trabajo. Pero me da que no, que no nos va a servir de mucho…
El problema es que estas limitaciones son irreales para los tiempos que corren, para los coches y carreteras del S XXI, para la vida actual, y ni los propios políticos que las votan y aprueban en el Congreso y Senado, son capaces de cumplirlas. Claro que viene muy bien para recaudar cuando la caja está casi vacía.
En cualquier caso mientras impongan estas limitaciones , que insisto en su carácter irreal, al menos que no nos cuenten historias, que no nos mientan.