Hace años en cada temporada caían varios pilotos. La lista crecía sin parar en los años 50,60 y 70. Pero algo o alguien contribuyó a que esa dramática lista se frenara. Su nombre era Sid Watkins, el médico de la Fórmula 1 entre 1978 y 2005.
Lewis Hamilton lo ha definido perfectamente: “Sin su increíble aportación al automovilismo, nuestras vidas estarían en peligro”.
Habían pasado solo unos meses desde su nombramiento como médico oficial de la Fórmula 1 cunado el Dr. Watkins hubo de afrontar el primer drama. En Monza, en la salida del Gran Premio de Italia un terrible accidente que involucraba a varios coches se saldaba con un Ronnie Peterson con terribles heridas en las piernas. La ambulancia tardaría veinte minutos en evacuarlo. Al día siguiente Petersson moría en el hospital a consecuencia de una embolia grasa.
Tras esta tragedia Sid Watkins exige un cambio importante en las medidas de seguridad de los circuitos. Así a partir de la siguiente carrera el equipo médico contará con un helicóptero medicalizado y un centro de socorro correctamente equipado. Y además Sid Watkins irá en un coche medicalizado que sigue a los monoplazas en los primeros metros de carrera con el objetivo de poder intervenir lo más rápidamente posible en el principio de la carrera, uno de los momentos más peligrosos, sin duda.
La lista de los pilotos que deben su vida a Sid Watkins es larga: Didier Pironi, Gerhard Berger o Rubens Barrichello son algunos de ellos. Y quizás sea el de Mika Hakkinen uno de los más citados. En los entrenamientos del Gran Premio de Australia de 1995 el piloto finlandés sufrió una muy violenta salida de la pista. Watkins le practicó de inmediato una traqueotomía y logró por dos veces hacer volver a funcionar el corazón del piloto de Mclaren. Hakkinen no tendrá ninguna secuela de aquel accidente y logrará dos títulos de campeón del mundo. Años más tarde el propio Sid Watkins confesará que se trató del acto quirúrgico al borde de una pista del que se sentía mas orgulloso.
Pero también pasó por horas amargas. Durante sus 26 años de carrera, cinco pilotos se fueron: el ya citado Peterson, Ricardo Paletti, Gilles Villeneuve, Roland Rattzenberger y Ayrton Senna.
El sábado por la tarde, aquel 30 de abril, tras el accidente mortal de Rattzenberger se cuenta que quiso disuadir a Senna de que corriera al día siguiente. Pocas horas después intentaba en vano salvar la vida del piloto brasileño, tras su salida en la curva de Tamburello en la vuelta siete de carrera.
Pero gracias a Sid Watkins en buena parte esa fue la última muerte hasta hoy en la Fórmula 1. Sid Watkins había dejado su trabajo en los circuitos en 2005 pero ha trabajado en la FIA hasta 2011, siempre buscando una mayor seguridad.
Ahora en este mes de septiembre nos ha dejado a los 84 años. Como bien ha dicho Button con motivo del fallecimiento del Dr. Watkins en su cuenta de Twitter, retomando las palabras de Einsten, “solo una vida dedicada a los demás vale la pena”.

