LA ESFINGE DE LOS HIELOS

El barco Halbrane sigue el itinerario de Arthur Gordon Pym. El viaje comienza sin sobresaltos, pero pronto chocan con un bloque de hielo en el que el cuerpo de un tripulante de la “Jane” (el barco que llevaba a Pym en la novela de Poe) llamado Patterson avisa de la existencia de supervivienes en la isla Tsalal, entre ellos el capitán del barco, Willian Guy, que es hermano del de la “Halbrane”. Esta nave es reforzada para ir en busca de los supervivientes, y se contrata a nuevos marinos, entre ellos a un extraño mestizo de nombre Hunt. Siguiendo el itinerario trazado por Pym, los personajes parecen destinados a ir fatalmente al Polo Sur. Como en la novela de Poe, se produce una rebelión que se ve ferozmente acentuada al chocar el navío contra un iceberg al pasar las islas Aurora y vislumbrar los restos del naufragio del Jane en la isla Tsalal. Los supervivientes se dividen en dos bandos. Por un lado están los amotinados, y por el otro los oficiales. Hasta que una fuerza misteriosa parece atraerlos hacia un punto incierto del Polo Sur. Al igual que le sucedió a Arthur Gordon Pym…

Qué gozada reencontrarse con Julio Verne. Aventuras y más aventuras. El placer de volver a ser un niño. Sin embargo, la sensación que uno tiene es que éste no es el mismo Verne que leíamos entonces. Hay en Verne un gusto exagerado por el dato y por los detalles técnicos que probablemente nos hurtaron en aquellas ediciones resumidas de las novelas del escritor francés. En la que nos ocupa, hay decenas de páginas consagradas a detalles específicos de la navegación, a la geografía de la zona, a los descubrimientos, etc, que en ocasiones abruman. Bienvenidos sean. Ya somos mayorcitos para saberlos masticar y que no nos impidan ver la maravillosa aventura que nos presenta el maestro Verne. En esta ocasión a la tradicional aventura se une un aspecto metaliterario que habría hecho las delicias de Ariel Conceiro, el detective de libros. Y es que “La esfinge de los hielos” no es otra cosa que la continuación de, nada más y nada menos, “La narración de Arthur Gordon Pym”, de Edgar Allan Poe. Años antes de escribir esta novela, el mismo Julio Verne se preguntaba en un ensayo que había escrito sobre el poeta americano, quién sería tan osado para continuarla. Finalmente, fue él mismo el que se atrevió a imaginar lo qué había sucedido con Pym y los misterios que alcanzó a vislumbrar antes de perderse para siempre… Y lo hace de una forma elegante y con un resultado excelente. Qué grande es Julio Verne y qué descubrimiento esta novela donde la ficción sigue a la ficción, donde los personajes de Poe reaparecen, donde encontramos una nueva reescritura a la obra maestra de Poe y donde se nos permite soñar con lo que pudo haber sucedido en aquel terrible y mágico viaje que protagonizó Arthur Gordon Pym.

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El Norte de Castilla

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