PASOS EN LA PIEDRA

Publicado en El Norte de Castilla el 17 de marzo de 2017

A veces la literatura nos trae buenas noticias. La última ha sido la concesión del Premio de la Crítica de Castilla y León a José Manuel de la Huerga por su novela “Pasos en la piedra”. Compañero de viajes (¡viva México!), de generación, de mesas redondas, de cenas y de sueños. Poeta temprano y de raza, de salmos de amor y de batalla, conjurador del señor de la profundidad infernal, caricaturista delineante de cuadernos azules con vocación manchada en saudade, hacedor de historias para lectores inteligentes, demiurgo de fábulas memorables protagonizadas por el David de Miguel Ángel, perfecto anfitrión en la casa de Bach y de Kafka, perseguidor de nubes y, además, alguien que vive, come, bebe, ama y sonríe en la casa del poema, alguien que lleva piedrecitas de una esquina a otra en la casa del poema. Tras dos fantásticos libros en Menoscuarto, De la Huerga cerró el año pasado su particular trilogía triunfal con la publicación de “Pasos en la piedra”, su obra probablemente más ambiciosa que nos llegó con una portada impactante de Rafael Vega, protagonizada por la grieta, símbolo de la herida, del origen del mundo, de la cicatriz por la que entra la luz. “Pasos en la piedra”, novela coral que hermana revoluciones y cofradías, narra cinco días cruciales que culminan con la legalización del Partido Comunista el Sábado Santo de 1977. German Ojeda, hijo del gobernador y simpatizante comunista, regresa a casa por los días santos después de que un grupo de ultraderecha viole y asesine a una camarada en Madrid. Germán debe desprenderse de su melena de Jesucristo Superstar, beatificarse con el pelo cortito y recorrer los escenarios de la Pasión de Cristo. Al fin y al cabo, sus mejores recuerdos están decorados con calles estrechas y oscuras a la luz de los hachones y con un Cristo o una Virgen mecidos al ritmo de una banda de cornetas y tambores. Con una prosa poética en la que el cimborrio de la catedral en día de nevada es una tortuga asistimos a un ejercicio de catarsis colectiva en un lugar, Barrio de Piedra, donde “todas las primaveras viene la muerte y levanta las cortinas”. José Manuel de la Huerga consigue emocionarnos con esta particular puesta en escena de madera, fuego y música. Barrio de Piedra puede no ser nuestra ciudad. De hecho, es una ciudad y muchas ciudades. Da lo mismo, el caso es que nos sentimos orgullosos de ser barriopetrinos.

 

Facebook Twitter Stumbleupon Delicious More More More
El Norte de Castilla

EN CUALQUIER CASO TODOS LOS DERECHOS RESERVADOS:
Queda prohibida la reproducción, distribución, puesta a disposición, comunicación pública y utilización, total o parcial, de los contenidos de esta web, en cualquier forma o modalidad, sin previa, expresa y escrita autorización, incluyendo, en particular, su mera reproducción y/o puesta a disposición como resúmenes, reseñas o revistas de prensa con fines comerciales o directa o indirectamente lucrativos, a la que se manifiesta oposición expresa.