VIVE Y DEJA MORIR

Publicado en El Norte de Castilla el 14 de abril de 2017

Viernes Santo. Día de Dolores. Día de Pasión. La ciudad huele a incienso y a santidad. En cualquier esquina puedes encontrarte a Cristo crucificado, a la Dolorosa de la Santa Veracruz, a Nuestra Señora de la Amargura, a la Virgen Vulnerata, a Nuestra Señora de las Angustias o al Santísimo Cristo de la Buena Muerte, de la Humildad, del Consuelo, de la Luz, de las Cinco Llagas, de la Exaltación, o el Cristo Yacente de Gregorio Fernández sin ir más lejos. También cofrades, penitentes, fotógrafos ocasionales, sermones, rezos. Y cruces, muchas cruces. El Viernes Santo se celebra la muerte de Jesús como paso necesario a la resurrección. Se trata de un recuerdo lleno de esperanza y de victoria. Valladolid se convierte en una fiesta, en un museo callejero, en un motivo de orgullo. Incluso para los no creyentes. Muchos nos hemos acordado estos días de José Antonio Arrabal, un hombre que ha padecido un calvario y que decidió suicidarse apenas diez días antes de la Semana Santa. El vídeo anunciando su suicidio nos ha puesto a todos el corazón en un puño. “Si ves este vídeo es que conseguí ser libre”. En él explicaba que tuvo que comprar los medicamentos letales en Internet y que tuvo que pedir a su familia que le dejasen solo para que nadie les pudiese acusar de colaborar con el suicidio. Todo esto produce vergüenza ajena. 20 años después de Sampedro seguimos igual. Mar adentro. Ignominia adentro. Me niego a creer que estos Cristos que recorren nuestras calles hubiesen prohibido a una persona enferma, sin esperanza ni futuro, morir en paz rodeado de sus familiares y con ayuda médica profesional. Supongo que los ultracatólicos y los señores del autobús naranja criticarán este acto de valor. Bueno, el presidente y cara visible de la campaña tránsfoba de Hazte Oír andaba enredado en otras cuestiones hace apenas un par de días. Un tuit le delató:  “Satanás existe. Ver foto del teléfono que llamó a casa de madrugada para extorsión. Por favor, oración para mi familia”, acompañado de una imagen de un viejo teléfono móvil en la que aparecía la llamada del número 666666666. El sinsentido lo resumió un tuitero a la perfección: “Los niños tienen pene. Las niñas tienen vulva. Satanás tiene un Nokia 3310″. Pues eso. Que vivir es un derecho, no una condena. En estas fechas de corazones en flor deberíamos ser todavía mucho más conscientes de ello.

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