ANITA

anitaPublicado en El Norte de Castilla el 23 de junio de 2017

Pensábamos que las diosas nunca morían. Y mucho menos las diablesas. La noticia de la muerte de Anita Pallenberg nos ha dejado sumidos en la perplejidad. No sólo ha muerto un icono de los 70, la musa/amante de los Rolling Stones. Ha muerto una de las mujeres más fascinantes del siglo, alguien que se merece un sinfín de libros, películas y discos en su honor. Anita era preciosa y salvaje a partes iguales. También culta, inteligente y rebelde. Fue mucho más que una groupie de lujo. Había nacido en Roma, sus padres eran alemanes, sabía cuatro idiomas, había rondado la dolce vita de Fellini y la Factory de Warhol, había pasado por el Living Theather y se comía la vida a bocados. A los Stones les aportó sabiduría, sofisticación, audacia. Fue la novia de Brian Jones aunque desde el principio Keith Richards bebió los vientos por ella. Los tres iban juntos a todas partes. Les introdujo en los círculos más cultos y también en el ácido y la heroína. Tras recibir una paliza de Jones, cayó en los brazos de Richards en un viaje por España rumbo a Marrakech. Ella apareció en la Barbarella de Vadim y en Dillinger ha muerto de Ferreri. También en Performance, protagonizada por Jagger. Durante el rodaje, el cantante se enteró de que su novia Marianne Faithfull se había acostado con Richards y sedujo a Anita. Dice la leyenda que incluso existe una copia porno de Performance que fue exhibida en un festival de cine X de Amsterdam. Los Stones viajaban en un tren diabólico y sin frenos. Richards fue detenido en Toronto acusado de traficar con drogas y un joven de 17 años con el que Anita tonteaba apareció muerto en la casa yanqui del músico. Los abogados de los Stones presionaron para apartar a la diablesa del grupo. Malas influencias, decían. Poco antes la pareja había perdido a su tercer hijo y se tomaron medidas para que los otros dos se criaran con personas “como Dios manda”. Todo estaba en contra de la pareja más salvaje del rock. Ella entró y salió de clínicas de desintoxicación y acabó convertida en una viejita vegetariana que incluso desfilaba en pasarelas y pinchaba música en fiestas privadas. Su estilo (abrigos de piel, gorros, botas de cowboy, minishorts) ha sido imitado hasta la saciedad. No ha habido nadie como ella por mucho que la haya intentado imitar Kate Moss. Nadie como Anita. Por eso todos caímos enamorados de ella en algún momento.

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