LEYENDA DEL CÉSAR VISIONARIO

leyenda-cesar-visionario“Principiando julio del 36 y terminando el curso, Francesillo había salido para la provincia a pasar el verano. Como las cosas no se estaban muy quietas en la política, don Manuel Azaña retenía a su gente en Madrid, y Clara, la madre de Francesillo hubo de retrasar un poco sus vacaciones, el reunirse con su hijo en la vieja casa hidalga de los abuelos”. Así empieza la cosa, con nuestro ya conocido Francesillo saliendo de Madrid y aterrizando en “provincia” (así, sin definir mucho, recurriendo más bien al corazón de la España nacional), donde sufrirá los horrores de la guerra. El lugar al que va, con la casa familiar convertida, para su sorpresa, en convento y cárcel, podría ser la recurrente Valladolid, donde se centra todo el ciclo narrativo umbraliano en torno a la guerra y las memorias de juventud y adolescencia; sin embargo en “Leyenda del César Visionario” se juega a la confusión: a veces se habla de un Burgos salmantino y militar y otras de una Salamanca burgalesa y campamental. Da lo mismo, sabemos dónde está el alter ego de Francisco Umbral y de lo que nos habla. “En un Burgos salmantino de tedio y plateresco, en una Salamanca burgalesa de plata fría, Francisco Franco Bahamonde, dictador de mesa camilla, merienda chocolate con soconusco y firma sentencias de muerte”.

“Leyenda del César Visionario”, galardonada con el Premio de la Crítica, es un ejemplo perfecto de la narrativa umbraliana. En ella asistimos a dos tramas que se mezclan y se confunden magistralmente. Por un lado las peripecias de nuestro Francesillo, aquí convertido en mozo de imprenta a las órdenes de Giménez Caballero y pronto obligado a participar en pelotones de fusilamiento, y por otro al retrato inmisericorde de la figura de Francisco Franco, un dictadorzuelo de camilla que asiste impertérrito y provocador a las discusiones que entablan, alrededor de él, sus colaboradores, muchos de ellos la flor y nata de la intelectualidad española de la época. Al menos de los que estaban en la zona nacional, en las viejas ciudades castellanas en mitad de esta España eterna, en el campo y las pequeñas ciudades agrarias donde primero triunfó el levantamiento “porque aquí es donde está la España de siempre, una herencia de siglos, en las catedrales y en las costumbres”. La galería de personajes famosos que aparecen es apabullante. Gracias a ellos asistimos al enfrentamiento, al rencor, a la violencia soterrada, al miedo, a todo lo que lleva implícita, en definitiva, la guerra. En paralelo, seguimos las peripecias de Francesillo, sus amores, su descubrimiento del sexo pero también de la muerte, su particular relación con un capitán homosexual que le anda rondando, pero también con la chica de la pensión y con una novicia muy peculiar que se aparece a los presos todas las noches. Y no es la única aparición. Por allí, anda también el espectro de José Antonio apareciéndose a diestro y siniestro. En fin, otra obra maestra del maestro.

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El Norte de Castilla

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