LA MONTAÑA RUSA

miroPublicado en El Norte de Castilla el 15 de septiembre de 2017

Nuestra particular vuelta al cole llega marcada ineludiblemente por los atentados en Barcelona y Cambrils. Ha pasado mucho tiempo y no ha pasado apenas el tiempo, tal vez porque seguimos montados en una perversa montaña rusa. En acontecimientos extremos como los de estos atentados la metáfora de la montaña rusa adquiere un especial significado. Hemos asistido a verdaderas muestras de solidaridad, nobleza y heroísmo pero también a un peligroso descenso a los infiernos protagonizado por bastantes indeseables. Es la montaña rusa de la vida en la que se sube todo tipo de gente. Gente propagando odio y sectarismo en una manifestación por la paz y por las víctimas del terrorismo. Gente a la que se le llena la boca diciendo que los yihadistas quieren atentar contra nuestro modelo occidental, contra nuestra forma de vivir, contra nuestra libertad, y se olvidan de que más del 90% de las víctimas son musulmanas. Gente que confunde musulmanes con islamistas radicales (curiosamente los mismos que confundían vascos con etarras). Un conseller distinguiendo entre víctimas catalanas y españolas. La Casa Real haciendo comunicados ofensivos para defenderse de críticas mezquinas. Curas señalando culpables desde el púlpito. Y, claro, muchos políticos utilizando bastardamente una masacre. Eso sin olvidar al nazi que algunos llevan dentro saliendo a morder y a vomitar en las redes sociales. Frente a todo ello, gente de la calle que no duda en ayudar al que lo necesita, gente acogiendo en su casa a turistas esa noche, gente coordinándose para llevar agua y comida a los atrapados en atascos, taxistas llevando y trayendo gente, hoteles, bares y otros establecimientos abriendo sus puertas de par en par, un enfermero en chanclas ayudando a las víctimas, un motorista recorriendo hospitales para ayudar a los afectados, un hombre sacando de debajo de la furgoneta asesina a un niño, otro  jugándose la vida para que un niño no muriese solo y acariciándole hasta que la ambulancia se lo llevó. Incluso el padre de una de las víctimas abrazando al imán de Rubí. Con estas cosas uno recupera la confianza en el ser humano. Luego vemos los comportamientos de nuestros políticos y las barbaridades que escupen muchos y se nos pasa. Pues eso, la montaña rusa que no deja de subir y bajar.

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