EL PISTOLERO

contadorPublicado en El Norte de Castilla el 22 de septiembre de 2017

Aprovechando la jornada en la que, por un día, dejan reinar a la bicicleta, no podemos olvidarnos de la despedida del último ciclista, el último inconformista, el último enamorado de la bicicleta. Pues eso, Alberto Contador ha dejado el ciclismo. En la penúltima etapa, la del mítico Angliru, presenciamos una despedida que perdurará en el imaginario colectivo con miles de personas vociferando a su lado y dándole alas. En la montaña del diablo todo el mundo supo que estaba asistiendo a una despedida de leyenda. Alguno fue más allá y asegura haber visto a Dios vestido de ciclista. En la cima del Angliru, Contador se golpeó el pecho y soltó su último disparo. El último disparo del pistolero. Como dice el maestro Gómez Peña, Contador se va pero deja un legado: los niños ya no quieren ser ciclistas, quieren ser Alberto Contador.

El pinteño nunca lo tuvo fácil y eso, sin duda, forjó su carácter indomable. Desde el cavernoma cerebral que a punto estuvo de truncar su carrera hasta los famosos 50 picogramos por mililitro de clembuterol que provocaron un injusto y terrible linchamiento. Da igual. La UCI podrá eliminar de su palmarés lo que quiera pero los aficionados sabemos que Contador ganó 3 Tours, 3 Vueltas y 3 Giros. El primer y único ciclista español en conseguir ganar las tres grandes, una hazaña que sólo han logrado seis ciclistas en toda la historia. Pero más allá de su palmarés lo que queda es el carácter rebelde de Contador. En un deporte en el que, desde la llegada de los equipos anglosajones, lo que cuenta son los potenciómetros, los pinganillos, el conservadurismo y el ciclismo youtube con ataques a un kilómetro de meta, Contador representaba el ciclismo de otro tiempo, el de Merckx, Hinault, Ocaña o Fuente. Contador era el lobo que intentaba comerse al rebaño de ovejas pastoreadas por el Sky. A él sólo le valía ganar. Y, si no, morir matando. Por ello ostenta el record de haber ganado 9 grandes vueltas y no haber sido podio en ninguna de ellas. Lo dicho, o todo o nada. Echaremos de menos su peculiar balanceo sobre la bicicleta en las altas cumbres, su forma de celebrar las victorias, sus ataques suicidas. Con la retirada de Alberto Contador se va una forma de entender el ciclismo. Tiempos oscuros se avecinan. Ya le echamos de menos.

 

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