EL VIEJO ZORRILLA

zorrilla22Publicado en El Norte de Castilla el 1 de diciembre de 2017

Cuando en Valladolid se habla del viejo Zorrilla nadie se refiere al padre de don Juan Tenorio entrado en años. Todos sabemos que el viejo Zorrilla es el antiguo estadio de fútbol, el escenario en el que muchos aprendimos a soñar, la ventana de plata desde la que nos abrimos al mundo, un templo con alma propia en el que aprendimos, a regaliz y fuego, el undécimo mandamiento: “Santificarás el recuerdo de tus ídolos de infancia”. Ahora, 35 años después de aquel último gol en el viejo estadio, el de Gail al Osasuna en febrero del 82, José Miguel Ortega nos regala un chute de nostalgia con su nuevo libro “El viejo estadio Zorrilla”. Gracias a él he comenzado a nadar en los ríos de Babilonia de la memoria. Recuerdo mi primer partido en el viejo Zorrilla y la impresión que me causó Cardeñosa. Recuerdo a los chicos saltando al césped cuando los jugadores salían al campo y recuerdo, por supuesto, los nervios que pasé al acercarme a mi ídolo, Alfredo Amarillo, y pedirle allí mismo un autógrafo. Recuerdo aquel fútbol en blanco y negro y aquel verde casi fosforescente de la hierba, el blanco y el violeta de nuestras camisetas, las banderas de los equipos que mostraban la clasificación, el olor de los puros asfixiando el aire, recuerdo a Gilberto y al loco Fenoy, recuerdo a Landáburu marcando un gol desde el centro del campo, recuerdo al tipo de la botella de coñac y los vasos pequeños de plástico, recuerdo a los policías con perros en los córneres, recuerdo los Trofeos Ciudad de Valladolid que terminaban de madrugada y a unos mocosos haciéndose mayores en aquellas noches de agosto. Y recuerdo, claro, el marcador simultáneo Dardo que nos obligaba a recortar en El Norte de Castilla las claves para poder seguir los partidos. Recuerdo aquel último partido de liga con el Real Madrid celebrando el título en el viejo Zorrilla y Juanito regresando de rodillas al vestuario, tal y como había prometido. Eso antes de saber que el encargado del marcador había puesto la flecha negra que indicaba el final del partido de la Real Sociedad sin haber terminado y sin haber reflejado el gol que les daba el título a los vascos. En fin, cosas del abuelo Cebolleta. Para terminar, regresamos con José Zorrilla (uno de los pocos escritores, por cierto, a los que se les ha dedicado un campo de fútbol) y con unos versos que le hicieron famoso: ¿No es verdad, ángel de amor, que sólo hay dos tipos de personas? Las del Pucela y las que no saben de fútbol.

 

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