AÑO NIUNAMENOS

campana4Publicado en El Norte de Castilla el 5 de enero de 2018

Cada mes de enero siempre empezamos con una columna dedicada a algún aniversario o conmemoración importante a celebrar en el año entrante. En esta ocasión vamos a hacerlo con un deseo: el mantra #niunamenos grabado a sangre y fuego y el empeño en borrar de la faz de la tierra a todos los maltratadores, a todos los asesinos y a todos los que con la mierda de excusas que esgrimen se convierten en cómplices. 2017 ha terminado de forma brutal (ya han muerto más mujeres en los últimos trece años que todas las personas que asesinó ETA en cuarenta años): un hombre matando a su pareja delante de sus tres hijos; un macho pirulo arrastrando del pelo a su expareja, subiéndola por la fuerza a su coche y estrellándolo contra una gasolinera; y, en fin, el caso de Diana Quer poniendo sobre el tapete la realidad de unos hechos vomitivos. Uno recuerda a mucha gente insultando a la familia y mancillando a la joven madrileña, poniéndola en entredicho por ser joven, guapa, rica, por salir de noche y volver a casa sola… Ahora, en una primera declaración, tras confesar dónde estaba el cadáver, el tal Chicle ha declarado que la metió en el coche, la ató y que quiso violarla pero no pudo al no parar ella de dar patadas. Enhorabuena a todos los miserables que con su mente purulenta critican a las chicas que según ellos no se defienden lo suficiente. Enhorabuena a la parte de esta sociedad aposentada en su machismo feroz que alienta a manadas. A los que sólo saben hablar de denuncias falsas (la Fiscalía General del Estado las deja en el 0,01%). A los que escriben en las redes sociales cuando matan a una mujer para hacerse los ofendidos y recordarnos sus penas de macho herido. A los que disculpan o jalean a los descerebrados que portan los carteles de feminazis. A los que ponen el mundo al revés y convierten a la víctima en culpable. Ellas, las mujeres, han dicho basta. No quieren ser la próxima. Se han convertido en el grito de las que ya no tienen voz. Las princesas a las que intentaron adoctrinar se han transformado en guerreras. “Disculpen las molestias: nos están asesinando”, gritan como una sola persona. Quieren elegir las manos que las tocan, volver a casa de noche sin miedo, ponerse el escote que les salga de los ovarios y echar del planeta a los asesinos y a los machorros hipócritas que los defienden. No pararán hasta conseguirlo. No pararemos hasta conseguirlo.

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