EL FORGES Y EL QUIJOTE

forges2Publicado en El Norte de Castilla el 23 de febrero de 2018

Don Quijote, Sancho y Forges, el trio la la la, nos aguardan en la casa Revilla. Medio centenar de viñetas poniendo en valor la lectura y regalándonos, en clave de humor, reflexiones y pensamientos en boca de los inmortales personajes de Cervantes que sirven, además, para comprender un buen puñado de temas de nuestra actualidad. Un diálogo a tres bandas a ritmo de chotis castizo con la jerga única y memorable de Forges encerrada en sus inimitables bocadillos de línea gruesa. El humorista gráfico, en fin, convertido en necesario cronista de la sociedad. Todo ello junto a una beligerante defensa a capa y espada del valor de los libros y de la necesidad de la lectura. Forges en estado puro, o sea. Como ese tipo encerrado en la cárcel acusado de proxelecta, es decir de intentar que la gente lea. O ese pueblerino que agradece que el pedrisco salvaje haya caído sobre la biblioteca y no sobre alguno de los 26 bares, lo que hubiera ocasionado sin duda un porrón de víctimas. O ese niño al que se le ocurre ponerse a leer en la cama y provoca un escape de neuronas en una urbanización de adosados. O ese tipo que se indigna porque quieren cambiar la asignatura de capitalismo salvaje por la de aprender a leer. Por otro lado, las referencias de Forges a Cervantes y al Quijote han sido constantes a lo largo de los años. Don Quijote y Sancho luchando con los molinos de la actualidad, unos molinos convertidos ahora en “últimos molinos dúplex” con un precio el metro cuadrado que escandaliza a nuestro hidalgo preferido. Cervantes a golpe de tuit regalándonos un Quijote posmoderno. O Don Quijote enfurecido, con un móvil en una mano y una espada en la otra, confundiendo al Servicio de Atención al Cliente con un taimado malandrín. Forges y el libro, una sempiterna reivindicación. Forges y Cervantes, dos pasiones irrenunciables. Tengo por una de mis posesiones más preciadas una carta que el propio Forges me envió hace tiempo a raíz de un artículo. Desde entonces mi admiración por Forges no ha dejado de crecer. Forges, un dibujante torero, la flor de Benamejí y tipo fetén. Forges, extraordinario cantante de boleros, filósofo de jerga única y genio cañí. El aserejé de la Real Academia y uno de nuestros últimos genios. Pues eso, Forges y Cervantes, dos maestros que siempre permanecerán vivos.

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