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	<title>El último paciente del doctor Wilson, de Reyes Calderón | CampoGrande &quot;club de lectura&quot; - Blogs elnortedecastilla.es</title>
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		<title>El último paciente del doctor Wilson, de Reyes Calderón | CampoGrande &quot;club de lectura&quot; - Blogs elnortedecastilla.es</title>
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		<pubDate>Thu, 17 Mar 2011 04:42:00 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Beatriz</dc:creator>
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		<description><![CDATA[El último paciente del doctor Wilson Reyes Calderón Planeta, Barcelona, 2010 Intriga en pequeñas dosis; “in crescendo”, desde la primera página a la última. Un asesino en serie. Todo comienza en una cacería ilegal, porque matar gorilas es ilegal: hay que protegerlos; están en peligro de extinción. Y después de la cacería una pregunta inquietante [&#8230;]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<!DOCTYPE html PUBLIC "-//W3C//DTD HTML 4.0 Transitional//EN" "http://www.w3.org/TR/REC-html40/loose.dtd">
<html><head><meta http-equiv="content-type" content="text/html; charset=utf-8"></head><body><p><img src="/CampoGrande/wp-content/uploads/sites/27" id="img_0" class="imgizqda"></p>
<p class="MsoNormal"><b style="mso-bidi-font-weight:normal"><i style="mso-bidi-font-style: normal"><span style="font-size:14.0pt;line-height:115%;font-family:" trebuchet ms>El último paciente del doctor Wilson</span></i></b></p>
<p class="MsoNormal"><span style="font-family:" trebuchet ms>Reyes Calderón<p></p></span></p>
<p class="MsoNormal"><span style="font-family:" trebuchet ms>Planeta, Barcelona, 2010</span></p>
<p class="gris" style="margin-bottom:12.0pt"><span style="font-size:11.0pt; line-height:150%;font-family:" trebuchet ms>Intriga en pequeñas dosis; “in crescendo”, desde la primera página a la última. Un asesino en serie. Todo comienza en una cacería ilegal, porque matar gorilas es ilegal: hay que protegerlos; están en peligro de extinción. Y después de la cacería una pregunta inquietante al protagonista, Rodrigo (¿?): ¿tomaría parte en una cacería de hombres? <p></p></span></p>
<div class="voc-advertising voc-adver-inter-text hidden-md hidden-lg voc-adver-blogs-entries"></div><p class="gris" style="margin-bottom:12.0pt"><span style="font-size:11.0pt; line-height:150%;font-family:" trebuchet ms>Lo que sustenta la novela es la pregunta filosófica, psicológica, a cerca de la posibilidad de mantener la cordura después de haber asesinado a un ser humano de una forma deliberada. Para matar a un ser humano hay que estar loco. Y si no se está, se estará a continuación. O ¿no? Y ahora la pregunta del millón: ¿qué es la cordura?, ¿cómo se puede definir a un hombre cuerdo? <p></p></span></p>
<p class="gris" style="margin-bottom:12.0pt"><span style="font-size:11.0pt; line-height:150%;font-family:" trebuchet ms>El psiquiatra Ernest Wilson, coprotagonista de la novela, define el hombre cuerdo como aquel que es capaz de trabajar y de amar. Así se lo hace saber a Rodrigo quien ha trabajado como broker durante los últimos años y que acude a él para plantearle un reto científico. Si él, Rodrigo, es un hombre cuerdo “a priori”, y el psiquiatra así lo puede avalar, demostrará para la ciencia que continuará estando cuerdo tras asesinar deliberadamente y sin motivo alguno a seis seres humanos escogidos al azar. Un desafío a la psique humana. Porque uno, dos, incluso tres asesinatos podrían permitir el arrepentimiento y por lo tanto el retorno al estado previo de cordura.<p></p></span></p>
<p class="gris" style="margin-bottom:12.0pt"><span style="font-size:11.0pt; line-height:150%;font-family:" trebuchet ms><span style="mso-spacerun:yes"> </span>Wilson, el psiquiatra, explica a Rodrigo y los lectores de la novela, que la teoría de Freud sobre los impulsos del “ello” y la superación de los impulsos mediante el “superyó” pueden tener aplicación también en el caso de los asesinatos. El “superyó” puede contrarrestar los impulsos y matizar las decisiones a la luz de principios morales o culturales. <p></p></span></p>
<p class="gris" style="margin-bottom:12.0pt"><span style="font-size:11.0pt; line-height:150%;font-family:" trebuchet ms>Así, después del primer asesinato quizás surja el arrepentimiento. Quizás la autora considera demasiado benévolamente las teorías de Freud y obvia las de sus sucesores –Herbert Marcuse por ejemplo- para los cuales los “puritanismos” del “superyó” son entendidos como censura procedente de usos y costumbres sociales y, susceptibles de una pronta eliminación de las conductas sociales. Conviene dejar libre al “ello”: nada de remordimientos morales. <div class="voc-advertising voc-adver-inter-text hidden-md hidden-lg voc-advertising-mobile-ready"></div><p></p></span></p>
<p class="gris" style="margin-bottom:12.0pt"><span style="font-size:11.0pt; line-height:150%;font-family:" trebuchet ms>Para estos pensadores afines a Freud, conciencia es sinónimo de educación o cultura o sometimiento a consignas del poder. Olvidan la figura del “disidente”. Siempre, en todas las culturas, en todos los momentos históricos, aparece el “disidente”, el hombre que pese a quien pese, piensa. Y como piensa es capaz de juzgar que existe un bien y un mal que a veces no coincide con lo que la autoridad del momento designa bien o mal. Luego conciencia personal puede no coincidir con norma social, cultura o ley. Es el motor de la libertad personal.<p></p></span></p>
<p class="gris" style="margin-bottom:12.0pt"><span style="font-size:11.0pt; line-height:150%;font-family:" trebuchet ms>Rodrigo elige ciudades aparentemente inconexas: Aix-Provence, en Francia; San Petersburgo, en Rusia; Hanói, en Vietnam; Johannesburgo, en Sudáfrica; San Francisco, en Estados Unidos; Barcelona, en España. <p></p></span></p>
<p class="gris" style="margin-bottom:12.0pt"><span style="font-size:11.0pt; line-height:150%;font-family:" trebuchet ms>Las personas asesinadas pertenecieron a segmentos de la sociedad marginales y fueron elegidas porque, según Rodrigo “merecían morir”: una mendiga, un drogadicto, una prostituta, un traficante de diamantes, un camello, un exhibicionista. Nada en común entre ellas. Crímenes perfectos. <p></p></span></p>
<p class="gris" style="margin-bottom:12.0pt"><span style="font-size:11.0pt; line-height:150%;font-family:" trebuchet ms>Pero como nada hay perfecto, el propio asesino pide a gritos que le detengan. Para ello escribe y describe su macabra conducta delictiva y se lo envía a la jueza MacHor, la protagonista de <i style="mso-bidi-font-style:normal">Los crímenes del número primo y de <i style="mso-bidi-font-style:normal">El expediente Canaima. La jueza vive su propio dilema entre dar la vida o dar la muerte: a sus casi cincuenta años se queda embarazada. Lo de siempre: recomendaciones del médico para que aborte “por si viene con malformaciones derivadas de la edad de la madre”. <p></p></i></i></span></p>
<p class="gris" style="margin-bottom:12.0pt"><span style="font-size:11.0pt; line-height:150%;font-family:" trebuchet ms>MacHor aplica la justicia y decide que todo ser humano tiene derecho a la vida, prescindiendo de su sexo, raza, religión o ideología. Pero es evidente que un embarazo a esas alturas de la vida va a ser algo muy costoso para la jueza. Por de pronto tiene que acudir a Barcelona a dictar una conferencia sobre la globalización del crimen. Y es en el hotel en el que se alberga dónde alguien deja el manuscrito en el que Rodrigo pormenoriza todos sus crímenes. <p></p></span></p>
<p class="gris" style="margin-bottom:12.0pt"><span style="font-size:11.0pt; line-height:150%;font-family:" trebuchet ms>MacHor lee, investiga y se lanza al reto. Claro que antes contacta con el inspector de la INTERPOL, su amigo Juan Iturri. Reyes Calderón toca temas fuertes y actuales: el aborto, el asesinato, la guerra con sus muertos… Pero lo más interesante es que hace reflexionar al lector sobre las consecuencias que estos actos producen en el verdugo. <p></p></span></p>
<p class="gris" style="margin-bottom:12.0pt"><span style="font-size:11.0pt; line-height:150%;font-family:" trebuchet ms>La jueza MacHor también sufre la indiferencia por parte de su marido. No sé si es el término adecuado. Ella ama a Jaime Garache, un médico del CESIC, y él la quiere también aunque el trabajo y la costumbre le impidan descubrir en su mujer el sufrimiento, incluso el embarazo. Sin embargo, el inspector Juan Iturri, mira a los ojos a la jueza, la contempla y descubre hasta sus más profundas desesperanzas. El mundo de los afectos, de la amistad, entre hombres y mujeres que comparten las horas de trabajo, los problemas laborales y casi tanta vida como la vida del hogar, si no más. La fidelidad entre los esposos que viven la rutina en casa. Jaime quiere a Lola, la jueza, y acompaña a su esposa en los viajes que requiera la investigación. No quiere perderla y su punto de vista en la investigación, su hacer como médico, resulta decisivo en la resolución del caso. El que crea que puede leer esta novela y salir de ella como entró, que pruebe. <p></p></span></p>
</body></html>
<hr />
<p><small>&copy; beatriz for <a href="https://blogs.elnortedecastilla.es/CampoGrande">CampoGrande &quot;club de lectura&quot;</a>, get_post_time('Y'). |
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