La bibliotecaria de Auschwitz
Antonio G Iturbe
Planeta, Barcelona, 2012, 479 págs.
Antonio Iturbe utiliza una historia verdadera de las muchas que padecieron los judíos condenados al internamiento en campos de concentración.
Dita, la protagonista, existió y consiguió sobrevivir a la tragedia de Auschwitz. Sus padres no, como otros dos millones de judíos que desaparecieron durante la segunda guerra mundial.
Antonio Iturbe se plantea la cuestión sobre qué es lo que sujetaba a esos dos millones de seres humanos para dejarse arrestar, despojar de sus posesiones, secuestrar en los campos de concentración y mantenerse en silencio hasta el aniquilamiento.
En la historia que Antonio Iturbe hay un personaje especial, un líder capaz de mantener la moral en circunstancias tan extremas, de sostener una escuela en un barracón de Auschwitz. Es el hombre fuerte, el incorruptible, el líder espiritual, el fuerte, en el que Dita se apoya: Dita y todos los judíos que sufrían a su lado las calamidades, las enfermedades, el hambre…, pero no la desesperanza.
Fredy Hirsch llegó a Auschwitz por haber intentado ayudar a 1.260 niños llegados a Terezín, el 24 de agosto de 1943. Fredy tenía una situación privilegiada y no dudó en arriesgarla. Fue descubierto y enviado a Auschwitz donde conoció a la Dita de 15 años quien supo ver en él su guía intelectual y espiritual.
Como todos los líderes, Fredy no era perfecto. Dita lo intuye pero la realidad es tozuda, y su admiración por el hombre Fredy se ve comprometida ante situaciones que no acaba de entender, casualidades en las que descubre las debilidades humanas de Fredy. Dita también es testigo de la lucha que se impone Fredy para superar sus debilidades carnales y por mantenerse íntegro aunque esa integridad suponga oponerse a los caprichos de un alto mando de Hitler.
Y llegamos a la cuestión principal: por qué los judíos no se revelan.
En la novela de Antonio Iturbe, según se prevé la victoria de los aliados, su proximidad a los campos de concentración, los soldados de Hitler tratan de acelerar el holocausto. La comida disminuye aún más. La higiene está ausente, las enfermedades aumentan. Trasladan a los judíos capaces de trabajos forzados a otros campos.
Los judíos que representaban algún tipo de poder dentro del campo de concentración para los otros judíos se plantean una sublevación con el fin de verse libres de tanta miseria. Pero necesitan un líder capaz de aunar a todas las facciones o grupos judíos: ese líder es Fredy Hirsch.
Fredy se da cuenta de que rebelarse es poner en riesgo la vida de los más indefensos dentro de la indefensión en la que están todos. También sabe que van a morir todos si no se rebela. Pero en este último caso la muerte llegaría por la acción de los alemanes. Y si él dirige la rebelión, él se convierte en la causa directa de la muerte de los niños, mujeres y débiles. Solo se salvarían unos pocos.
Mientras Fredy considera las dos alternativas acude al barracón donde están los encargados de prestar auxilio sanitario, por decirlo de algún modo. Solicita algo para su terrible dolor de cabeza. Y no sale más de ese barracón.
Algunos piensan que se suicida para evitar el dilema. Dita no puede admitir esa cobardía en Fredy. Al final de la historia, Oto, un joven que prestaba sus servicios en ese barracón y que fue testigo de la muerte de Fredy, da a conocer a Dita lo que le ocurrió a Fredy.
No obstante, el pueblo judío es el pueblo de la fe en Dios. Un judío lee las escrituras no para disfrutar del sentido poético de los versos, ni para valorar las figuras literarias que encierra. Lee la Biblia como la historia de la relación de Dios con su pueblo. Una relación en la que exige de Israel una confianza en su palabra y le muestra como ejemplo lo que ese pueblo ha vivido durante siglos: esclavo de Israel lo libera azotando a los egipcios con diez plagas, lo conduce por el desierto durante cuarenta años alimentándole con un pan especial caído del cielo, derrumba las murallas de Jericó, vence a gigantes como Goliat…
Los judíos leen el libro de Esther. El pueblo de Israel ha sido deportado a Babilonia. El rey Asuero ha tomado como esposa a Esther, una joven judía muy bella. El padre de Esther es un funcionario de Asuero. En la misma corte de Asuero trabaja otro funcionario de mayor rango que convence a Asuero para que dicte un edicto en contra del pueblo judío. Por ese edicto, en todo el reino, se asesinará a todos los judíos, mujeres y niños el día 14 de marzo.
Esther interviene ante Asuero y consigue la muerte del instigador. Pero es Dios quien suscita en Esther y en su padre, Mardoqueo, los pasos a seguir:
“Desde mi infancia oí, en el seno de mi familia, cómo tú, Señor, escogiste a Israel entre las naciones, a nuestros padres entre todos sus antepasados para ser tu heredad perpetua, y les cumpliste lo que habías prometido.
No entregues, Señor, tu cetro a los que no son nada. Que no se burlen de nuestra caída. Vuelve contra ellos sus planes, que sirva de escarmiento al que empezó a atacarnos.” Esther 13, 16 y22
“El día trece del mes duodécimo, o sea, el mes de marzo, cuando debía ejecutarse el decreto del rey, el día en que los enemigos de los judíos esperaban apoderarse de ellos, se produjo un cambio de situación, y fueron los judíos quienes se apoderaron de sus enemigos.” Esther 9, 1
“Mardoqueo puso todo esto por escrito, y mandó cartas a todos los judíos de todas las provincias del rey Asuero, próximos y lejanos, encargándoles celebrar anualmente los días catorce y quince del mes de marzo, por eso esos días se llaman purim.” Esther 9, 17-18
El pueblo de Israel ha aprendido, durante siglos, a confiar en el Señor, que le hará fecundo como las estrellas del cielo y las arenas del mar.