Tardes de chocolate en el Ritz
Reyes Calderón
Planeta, Barcelona, 2014, 268 págs.
Tras leer a Reyes Calderón como autora de novela policíaca (con el apelativo de psicológica pues se ocupa más de lo que acaece en la mente del asesino que del propio crimen; dicho de otra manera, el aspecto psicológico del criminal está muy presente en la resolución del crimen), el lector que se enfrenta a este nuevo trabajo, Tardes de chocolate en el Ritz, se puede sentir por lo menos inquieto o desorientado. Probablemente la misma desorientación que padeció la propia autora a la hora de considerar su obra como un ensayo. Reyes asegura que se ajusta a la definición dada por Monterroso, y que cita en la página 17: “Un ensayo es un texto más o menos breve, muy libre, de preferencia en primera persona, sobre cualquier cosa, acerca de equis costumbres o extravagancias de uno mismo o de los demás, aparentemente serio, pero idealmente envuelto en un vago y ligero humor y, de ser posible, de forma irónica, y preferible si autoirónica, sin el menor afán de afirmar nada concluyente, y si de lo expresado en él se desprende cierta melancolía o determinado escepticismo respecto al destino humano, mejor…”.
Quizás Reyes Calderón esté acertada al considerar su trabajo como ensayo. No obstante, el término de Novela Testimonio tampoco le va mal.
La novela testimonio añade a la novela tradicional un discurso testimonio a través del cual el autor hace partícipe de su propia vida y experiencia al lector. El autor cuenta en primera persona, al hilo de una trama ficticia, hechos de su vida personal, o que pudieran haberlo sido, presentándoselos al lector como tales e implicándole en el juicio de los dilemas morales que a la autora se le presentaron –supuestamente- en su vida y en el proceso mental que siguió para resolverlos.
Eso es precisamente lo que Reyes Calderón nos cuenta en Tardes de chocolate en el Ritz: la experiencia de una amistad entre dos mujeres que aparentemente no tienen nada en común salvo el hecho de ser mujeres. Se trata de una amistad verdadera en la que las dos se implican y cada una de ellas da de lo que tiene, de lo que es, según sus circunstancias.
Marta, bella, rubia, con un físico escultural, con un marido capaz de pagar caprichos en la milla de oro madrileña, no tan tonta como cabría esperar a tenor de aquello de “todas las rubias son tontas”…
Reyes, sí Reyes Calderón, la autora. Madre de nueve hijos habidos durante su largo matrimonio con el mismo hombre: por tanto extravagante donde las hubiere a tenor del concepto de mujer inteligente y profesionalmente exitosa, con tarjeta de visitas en la que figura Profesor de Universidad.
Del diálogo entre estas dos mujeres surge una baraja nada despreciable en la que figuran los temas de la feminidad y del feminismo, de la belleza dual (moda versus elegancia) y por tanto de la estética, del matrimonio, de la fidelidad, del amor, de la responsabilidad social, de la amistad y del perdón, de la maternidad, del aborto, de la familia, del sentido de la vida y del sentido de la muerte…, y de lo que pinta Dios en todo esto.
Toda novela necesita un marco histórico, un contexto, en el que situarse. Reyes Calderón ha elegido el contexto social-histórico de la crisis que España está padeciendo y de la que los más optimistas juzgan vivir sus últimos coletazos.
Marta y Reyes son los personajes que luchan en la intrahistoria de la gran crisis española. Su “yo” lucha por comprender y por explicar cómo pasar este mal trago y como superar las consecuencias vitales de la misma, salvando lo más importante, el concepto de ser humano en una catarsis dolorosa pero necesaria.
Quizás la literatura de una Europa que ha puesto sistemáticamente todo lo objetivo en tela de juicio, durante la segunda mitad del siglo veinte, y que se niega a admitir la existencia de algo más allá de su propio ombligo, necesite recurrir a la “novela testimonio” como único recurso para encauzar el género del relato y hacer renacer en él los valores eternos.