{"id":350,"date":"2015-03-04T21:49:24","date_gmt":"2015-03-04T20:49:24","guid":{"rendered":"http:\/\/blogs.elnortedecastilla.es\/CampoGrande\/?p=350"},"modified":"2015-03-04T21:49:24","modified_gmt":"2015-03-04T20:49:24","slug":"la-hija-de-la-criada-de-barbara-mutch","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/blogs.elnortedecastilla.es\/CampoGrande\/2015\/03\/04\/la-hija-de-la-criada-de-barbara-mutch\/","title":{"rendered":"La hija de la criada, de Barbara Mutch"},"content":{"rendered":"<p>&nbsp;<\/p>\n<p><strong><em><a href=\"\/CampoGrande\/wp-content\/uploads\/sites\/27\/2015\/03\/LG001430011.jpg\"><img loading=\"lazy\" class=\"alignleft size-medium wp-image-352\" title=\"LG00143001\" src=\"\/CampoGrande\/wp-content\/uploads\/sites\/27\/2015\/03\/LG001430011.jpg\" alt=\"\" width=\"205\" height=\"300\" srcset=\"https:\/\/static-blogs.elnortedecastilla.es\/wp-content\/uploads\/sites\/27\/2015\/03\/LG001430011.jpg 1000w, https:\/\/static-blogs.elnortedecastilla.es\/wp-content\/uploads\/sites\/27\/2015\/03\/LG001430011-205x300.jpg 205w, https:\/\/static-blogs.elnortedecastilla.es\/wp-content\/uploads\/sites\/27\/2015\/03\/LG001430011-768x1122.jpg 768w, https:\/\/static-blogs.elnortedecastilla.es\/wp-content\/uploads\/sites\/27\/2015\/03\/LG001430011-701x1024.jpg 701w\" sizes=\"(max-width: 205px) 100vw, 205px\" \/><\/a>La hija de la criada<\/em><\/strong><\/p>\n<p>Barbara Mutch<\/p>\n<p>Traducci\u00f3n de Catalina Mart\u00ednez Mu\u00f1oz<\/p>\n<p>Alianza, Madrid, 2013, 491 p\u00e1gs.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Narrada en primera persona, Ada, la hija de la criada negra de una familia irlandesa, dedicada a los negocios en Sud\u00e1frica, sit\u00faa al lector en pleno siglo XX, con la defensa de los derechos humanos enfrentados a los intereses econ\u00f3micos que motivaron leyes racistas y el apartheid.<\/p>\n<p>Las consecuencias de esa situaci\u00f3n econ\u00f3mico-social es vivida dentro de Cradock House, el hogar en el que sirve la madre de Ada y al que la ni\u00f1a cree pertenecer. Ada, ense\u00f1ada por su madre, crece comprendiendo que su sitio es el servicio de la familia irlandesa. Y se entrega a su tarea. Sin embargo la se\u00f1ora de la casa, Cathleen, sabe ver la gran inteligencia natural de la ni\u00f1a negra y le ense\u00f1a a leer.<\/p>\n<p>A partir de ese momento, el lector asiste a un di\u00e1logo entre lo que la ni\u00f1a es capaz de contar limitada por su edad y su concepci\u00f3n del mundo y el diario de la se\u00f1ora, que descubre el mundo interior y la visi\u00f3n de Cathleen sobre sus sentimientos personales, su aislamiento en \u00c1frica, la falta de comunicaci\u00f3n con su esposo, el nefasto comportamiento ego\u00edsta de la hija mayor y la ternura de coraz\u00f3n de Ada. El lector comprende el pasado de Cathleen\u00a0 y el presente.<\/p>\n<p>Llega la segunda guerra mundial y el hijo de la familia irlandesa tiene que incorporarse a filas. La guerra le lleva al norte de \u00c1frica, conde pelea contra el ej\u00e9rcito nazi en los desiertos del Sahara. A su regreso, viene herido en el cuerpo y, sobre todo, en el alma: desesperado por el sufrimiento f\u00edsico y ps\u00edquico de ver morir a todos sus compa\u00f1eros. Ada se entrega d\u00eda y noche a la recuperaci\u00f3n del se\u00f1orito Phil. Ada, la joven y bella negra, siempre ha sido la amiga del se\u00f1orito Phil.<\/p>\n<p>Pero Ada no acierta a percibir lo que Cathleen y todos ven: el amor de Phil por Ada. Y Phil que no tiene fuerzas para salir de casa y enfrentarse al sol, vive la angustia de tener que enfrentarse a una sociedad en la que una negra y un blanco no pueden caminar juntos por las calles. As\u00ed que Phil busca una escapatoria a su angustia y se suicida.<\/p>\n<p>La p\u00e9rdida de Phil, el amigo, es tan fuerte como la p\u00e9rdida del hijo para Cathleen. Y ese dolor compartido une a\u00fan m\u00e1s a las dos mujeres.<\/p>\n<p>La m\u00fasica ha sido, durante a\u00f1os, otro punto de encuentro entre Ada, la criada negra y Cathleen. Rose, la hija de los se\u00f1ores, recibe clases de piano sin aprovechamiento alguno. Mientras tanto, Ada, limpia cerca del piano y aprende en silencio lo que la profesora pretende ense\u00f1ar a la hija de los\u00a0 blancos. Pronto la familia comprende que Ada ha aprendido a tocar el piano. Y Cathleen se vuelca con Ada y le ense\u00f1a todo lo que sabe. Ambas eligen las melod\u00edas de acuerdo con los sentimientos que experimentan cada d\u00eda.<\/p>\n<p>Frente al pueblo de los blancos, del otro lado del r\u00edo, se extiende el poblado de los negros, un conjunto de caba\u00f1as de adobe, sin puertas. En una de esas chozas vive una t\u00eda de Ada. Y all\u00ed acude Ada, en busca de amparo, tras ser violada por el se\u00f1or de la casa, en ausencia de Cathleen.<\/p>\n<p>La se\u00f1orita de la casa, Rose, se hab\u00eda ido a Johannesburgo a estudiar. Pero debido a su mal comportamiento, Cathleen tuvo que viajar durante un par de mese a aquella ciudad. A su regreso se encontr\u00f3 Cradock House en perfecto estado, la cena preparada. Pero no hab\u00eda se\u00f1ales de la Ada.<\/p>\n<p>Ella prefiri\u00f3 irse de la casa antes de reconocer su embarazo, su deslealtad hacia la se\u00f1ora que entr\u00f3 en conflicto con su obediencia al se\u00f1or.<\/p>\n<p>Con el nacimiento de Dawn, la hija de Ada, sus problemas se agravaron pues era una ni\u00f1a mulata, rubia y de ojos azules. Todo el mundo pod\u00eda ver el pecado de Ada. Y adem\u00e1s, la sociedad sudafricana, con la llegada masiva de negros a Johannesburgo en busca de trabajo en las minas de oro y diamantes, se hab\u00eda vuelto m\u00e1s violenta. Esta inseguridad acrecent\u00f3 el miedo de la minor\u00eda blanca que comenz\u00f3 a dictar leyes raciales. Una de ellas castigaba al blanco que engendraba mulatos con la c\u00e1rcel. As\u00ed que Catheleen apost\u00f3 por Ada y exigi\u00f3 a su marido, una vez enterada de lo ocurrido, que alimentara a Ada y a su hija Dawn. Ambas volvieron a la Cradock House.<\/p>\n<p>La sociedad m\u00e1s pr\u00f3xima a Cathleen, en un primer momento comenz\u00f3 a darle la espalda. Poco a poco empezaron a aceptar lo ocurrido. No obstante, Dawn tambi\u00e9n creci\u00f3 y se dio cuenta de que era un peligro para su madre, Ada, y para la familia irlandesa y, con s\u00f3lo trece a\u00f1os huy\u00f3 al poblado de los negros, en un primer momento y a Johannesburgo posteriormente.<\/p>\n<p>La muerte de Cathleen enfrenta a Ada y a Rose. Ambas reciben la herencia aunque de forma no prevista por ellas. El entendimiento de Helen, hija Rose con Ada asegura la continuidad de Cradock House.<\/p>\n<p>Esta novela es un canto a la lucha por los derechos humanos desde una actitud no violenta. Ada se enfrenta a la sociedad que la rodea para defender su vida y la de su hija, para defender los derechos de los negros. Pero busca alternativas a la violencia: busca soluciones inteligentes, aunque tuviera que pasar por la tortura y la c\u00e1rcel.<\/p>\n<p>Las relaciones entre blancos y negros, relaciones de amistad y comprensi\u00f3n a nivel personal iluminan con esperanza la situaci\u00f3n de negros y blancos en el cono sur del continente africano.<\/p>\n<!-- AddThis Advanced Settings generic via filter on the_content --><!-- AddThis Share Buttons generic via filter on the_content -->","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>&nbsp; La hija de la criada Barbara Mutch Traducci\u00f3n de Catalina Mart\u00ednez Mu\u00f1oz Alianza, Madrid, 2013, 491 p\u00e1gs. &nbsp; Narrada en primera persona, Ada, la hija de la criada negra de una familia irlandesa, dedicada a los negocios en Sud\u00e1frica, sit\u00faa al lector en pleno siglo XX, con la defensa de los derechos humanos enfrentados [&hellip;]<!-- AddThis Advanced Settings generic via filter on get_the_excerpt --><!-- AddThis Share Buttons generic via filter on get_the_excerpt --><\/p>\n","protected":false},"author":39,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":[],"categories":[2],"tags":[],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/blogs.elnortedecastilla.es\/CampoGrande\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/350"}],"collection":[{"href":"https:\/\/blogs.elnortedecastilla.es\/CampoGrande\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/blogs.elnortedecastilla.es\/CampoGrande\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/blogs.elnortedecastilla.es\/CampoGrande\/wp-json\/wp\/v2\/users\/39"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/blogs.elnortedecastilla.es\/CampoGrande\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=350"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/blogs.elnortedecastilla.es\/CampoGrande\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/350\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/blogs.elnortedecastilla.es\/CampoGrande\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=350"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/blogs.elnortedecastilla.es\/CampoGrande\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=350"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/blogs.elnortedecastilla.es\/CampoGrande\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=350"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}