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Sentido y sensibilidad

(Publicado en la edición impresa de El Norte de Castilla del 16 de octubre del 2008)

Dicen los libros de historia que el eje formado por la plaza del Ochavo, la calle de la Platería y la iglesia de la Vera Cruz en Valladolid es el conjunto mejor conservado del proyecto de reedificación que se hizo en tiempos de Felipe II, tras el incendio que destruyó el centro de la ciudad en 1561. También dicen que la Calle Platerías, como todos la conocemos, es un perfecto prototipo de la perspectiva renacentista del siglo XVI. Y por todos estos méritos aparece en las guías turísticas como una visita ineludible cuando se pisa la capital de Castilla y León.

Pero aviso. Eso era antes. En la actualidad la calle Platerías es una especie de solar trasero del Ayuntamiento donde, además de los andamios perennes que sufre por la remodelación eterna de sus edificios, se acumulan casetas de obras tamaño XXL y hasta materiales de construcción. Puede que a nadie le asuste mucho, si se tiene en cuenta el azote sistemático que durante el siglo pasado –por no remontarnos mucho más– sufrió el patrimonio arquitectónico y monumental de Valladolid. Supongo que muchos de sus habitantes tienen ya callo en la sensibilidad. Pero ¿serían capaces de imaginar algo parecido en alguna de las calles de acceso al Duomo de Florencia? Seguro que no.

Yo no tengo callo. Todavía. Mis paseos por esta ciudad, de la que me gusta presumir como una pucelana más por las maravillas que encierra, van acompañados de monumentales enfados. Y es que las instituciones presuntamente encargadas de proteger el patrimonio parecen haber perdido, además de la sensibilidad, el sentido común.

¿Qué se puede esperar en una ciudad cuyo Ayuntamiento no muestra el menor aprecio por la plaza Mayor que, además de servirle de sede, es su tarjeta de visita? Desde que vivo aquí, hace ya unos cuantos años, creo que puedo contar con los dedos de la mano los días que he podido disfrutar de su contemplación sin esas barracas de feria, carpas comerciales hortera, vallas de obra y cachivaches diversos de pésimo gusto que la afean e impiden, con licencia por supuesto, su visión. Lo que antes se instalaba en las afueras, en un descampado, ahora campa a sus anchas en el espacio principal de la ciudad y su casco histórico, supongo que intereses comerciales de por medio. ¿También habrá que eliminar la plaza de las guías turísticas?

Porque eso sí, a nuestras autoridades se les llena la boca hablando de turismo y patrimonio. Y vengan congresos y derroches varios y fotos políticamente rentables. Y bla, bla, bla… ¿Por qué callan los arquitectos, restauradores y urbanistas? Motivos para chillar hay a puñados y se renuevan cada día… Y hablando de rentabilidades ¿cuándo van a acabar la Junta y la Fundación de Patrimonio con esos cartelones que anuncian restauraciones (y publicitan patrocinios) e impiden de paso la correcta contemplación del monumento implicado? Se quedan durante años, algunos para siempre, y a veces son más grandes que el monumento o hito en cuestión. ¡Qué disparate!

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patrimonio

Sobre el autor

Más que un oficio, el periodismo cultural es una forma de vida. La llevo ejerciendo desde que terminé la carrera. Hace de eso algún tiempo. Me recuerdo leyendo y escribiendo desde que tengo uso de razón. La lectura es mi vocación; la escritura, una necesidad. La Cultura, una forma de estar en el mundo. Dejo poemas a medio escribir en el bolso y en todos los armarios.


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