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Continúa el baile

En el mundillo del cine y de la cultura en general hay desde ayer una indignación generalizada, que comparto, por la destitución del director del Festival de Cine de Gijón, José Luis Cienfuegos, el responsable de que durante los 16 años que ha durado su gestión, el certamen alcanzara prestigio internacional y pusiera el nombre de Gijón, y de paso el de Asturias, en el mapa no ya del cine independiente, sino en el mapa mental de muchos aficionados extranjeros (eso que ahora tanto valoran los responsables políticos por la vertiente turística de la cultura y bla, bla, bla). Sin embargo, la noticia, aunque triste,era esperable y no puede sorprender en un país donde el cambio político en las instituciones conlleva el baile de los responsables culturales, ya dirijan festivales de cine, museos, teatros o centros vecinales. No importa que su gestión haya sido brillante. En el caso que nos ocupa, la llegada del partido de Álvarez Cascos al Ayuntamiento y la Comunidad hacía prever el cambio: solo había que buscar el momento propicio o excusa mediática y esta ha sido la próxima celebración del 50 aniversario del festival. Momento adecuado, dicen las crónicas de agencias que leo estupefacta, “para que sirva de escaparate y proyección al mercado audiovisual asturiano”. Porque esa es otra: no digo yo que en materia cultural las autonomías no hayan servido a veces para descentralizar y potenciar nombres y proyectos válidos que, de otra forma, hubieran quedado anulados por la potencia de lo ‘nacional’ pero cuánto daño han hecho también empobreciendo el panorama y sobredimensionando (por utilizar una fea palabreja al uso) lo que no debería haber salido nunca del ámbito doméstico; aportando en suma una perspectiva localista a lo que por definición tiene que tener que ser amplitud de miras y resquebrajamiento de fronteras.
La salida de Cienfuegos, es una más en una lista en la que, por desgracia, nos queda mucho por ver. Antes que la suya hubo otras destituciones no menos sangrantes. Menciono, por ejemplo, la de Josep Ramoneda al frente del Centro de Cultura Contemporánea de Barcelona, del que fue fundador. La salida de este intelectual de prestigio de una institución a la que convirtió en un centro vivo de debate en torno a los conceptos de ciudad y modernidad, motivada por la llegada de CiU a la Diputación de Barcelona, hizo mucho menos ruido en la red pero motivó una carta de una serie de intelectuales que habían participado en sus actividades. En la lista figuraban nombres como Tzvetan Todorov, Ismail Kadaré, Eric Hobsbawm oAndré Gluksman (probablemente ninguno de ellos lo suficientemente catalanista para Artur Mas).
Este país tiene aún algunas transiciones pendientes pero la de que la cultura deje de ser el instrumento fácil de intereses políticos de bajo nivel es una de las más importantes. Algo que solo sería posible si la ciudadanía de verdad lo demandara en masa. Pero me temo que la masa anda mirando para otro lado. Sin ir más lejos hay quien no entiende que Torrente haya quedado excluida de la candidatura a los Goya…. Pues eso.

Sobre el autor

Más que un oficio, el periodismo cultural es una forma de vida. La llevo ejerciendo desde que terminé la carrera. Hace de eso algún tiempo. Me recuerdo leyendo y escribiendo desde que tengo uso de razón. La lectura es mi vocación; la escritura, una necesidad. La Cultura, una forma de estar en el mundo. Dejo poemas a medio escribir en el bolso y en todos los armarios.


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