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Ser o no ser feminista

MI COLUMNA EN ‘DÍAS NUBLADOS’

En todos los años que llevo escribiendo, pensando, intentando aportar mi granito de arena a un futuro de igualdad de derechos entre hombres y mujeres, una de las cosas que siempre me llamaba más la atención era el hecho de que hombres intelectualmente preparados, progresistas, dispuestos a defender los derechos humanos y civiles allí donde hiciera falta, se mostraran más que remisos a considerase feministas. Es decir, no tenían ningún inconveniente, faltaría más, en proclamarse antirracistas, es más, llevaban la categoría con orgullo, pero ¡ay! Lo de proclamarse feministas… Ese era otro asunto, una lucha que no iba con ellos. Sí iba con ellos la lucha de los negros, aunque ellos fueran blancos, o la de las minorías étnicas, aunque nunca hubieran tenido contacto alguno con ellas… Pero ‘feministas’… Tenían madres, hijas, esposas… Probablemente las trataban como a iguales… Pero su compromiso tenía una barrera y ese miedo a la categoría era más que probable que escondiera un miedo casi inconfesable o inconsciente a perder espacios de poder… Claro que mucho más chocante era ver, al mismo tiempo, cómo generaciones de mujeres que ya había nacido en un país democrático o a las puertas de serlo, que no habían tenido que luchar por sacarse un título universitario, rechazaban con el mismo afán el hecho de que pudieran ser consideradas feministas… ¡Uff! Eso, en el mejor de los casos era asunto de sus madres o de sus abuelas, de las mujeres que habían salido a la calle a manifestarse para poder tener una cuenta bancaria propia… Y sin que les rechinara que sus compañeros de facultad manifestaran como lo más natural su ideario machista en clase, como podría comprobar cualquier profesor atento desde la tarima… Y así hasta hoy en que muchas adolescentes consideran normal o al menos aceptable que su novio las controle el móvil… Y no son feministas y a mucha honra…

Lo malo no es que un partido como Vox, que no es de ultraderecha sino desacomplejado (?) vaya por ahí esgrimiendo su ideario y añorando el antiguo régimen, no, lo malo es que al hilo de sus proclamas otras voces están saliendo del armario llenando el ambiente de olor a naftalina. Para empezar, el líder del principal partido de la oposición, Pablo Casado, que ha empezado a flaquear por el lado de la Ley de Violencia de Género, dispuesto a hablar de todas las violencias, domésticas, familiares… Negando la evidencia de que existe una violencia específica contra las mujeres por el hecho de serlo, como a diario demuestran las mujeres asesinadas, encerradas en armarios o violadas en grupo… Claro que cuando se trata de llegar  al poder, quizá la realidad sea lo menos importante.

Lo malo es que una destacada militante del mismo partido proclame a los cuatro vientos que se puede ser mujer y no ser feminista como si fuera un gran descubrimiento. Por supuesto. Estoy segura de que en los tiempos de la esclavitud, muchos negros aceptaban su condición como algo natural y hasta vivieron una vida que les parecía confortable en su falta de libertad y derechos a nada que sus amos fueran gente más o menos responsable… Y así estamos aún.

 

(Publicada en la edición impresa de El Norte de Castilla el 11 de enero de 2019)

Sobre el autor

Más que un oficio, el periodismo cultural es una forma de vida. La llevo ejerciendo desde que terminé la carrera. Hace de eso algún tiempo. Me recuerdo leyendo y escribiendo desde que tengo uso de razón. La lectura es mi vocación; la escritura, una necesidad. La Cultura, una forma de estar en el mundo. Dejo poemas a medio escribir en el bolso y en todos los armarios.


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