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La Feria del Libro, en zona de confort

Cuando estas líneas vean la luz, los libros llenarán ya los estantes de las casetas de la plaza Mayor. Afortunadamente hay cosas que permanecen y la Feria del Libro de Valladolid, una vez más coincidente en fechas con la de Madrid, llega este año en un momento justo y necesario. Nos ayudará a sortear la resaca de la larga cuarentena electoral y competirá (¿lo hará?) en algún titular mediático con el puzle postelectoral. Por unos días, el libro será el protagonista de la fiesta y nos haremos ilusiones que contrarresten realidades en forma de estadísticas de ventas o de índices de lectura. Por unos días parecerá que leer es nuestra ocupación favorita y tener la oportunidad de conversar con los autores, un lujo a nuestro alcance.

Superada ya la polémica de la ubicación, la Feria ha entrado (o eso parece) en eso que ahora se denomina zona de confort. Lo malo es que este lugar suele ser también ese mullido colchón donde es fácil acomodarse, lo dice su nombre. Y de ahí a la grisura hay solo un paso, una delgada frontera que separa la brillantez de la monotonía.

Dejemos claro de entrada que es una alegría y un honor poder participar en esta fiesta y que todos los que están son en mayor o menor medida. Pero es el espíritu crítico el único que nos hace avanzar y a esta cita le falta algo de ese espíritu a la hora de hacer balance de las últimas ediciones. Y ambición. Sería de esperar en una ciudad que mucho antes de volverse loca con el vino, el pincho y la tapa tenía y tiene referentes culturales de primer nivel, un programa menos esperable, menos casero y repetitivo, y con alguna figura de primera línea en las letras internacionales. Las hubo en el pasado, en un momento ya lejano en el que la Feria empezaba a dar sus pasos para convertirse en un referente y no sólo regional. Pero aquello pasó.

Leo la lista de instituciones colaboradoras y me pregunto si entre todas no se hubiera podido alcanzar este objetivo. O no será que tantas instituciones a opinar, cada una tirando para lo suyo, acaban por dispersar el objetivo que debería ser la Literatura con mayúsculas, en primer lugar. Se mantiene la costumbre de mirar hacia un país como literatura invitada. Este año Francia, pero su representación es exigua, se echan de menos figuras más relevantes, y queda diluida en ese gusto por el mogollón (perdonen la expresión tan poco literaria pero tan gráfica) en que convertimos muchas citas culturales. Al grito de a ver quién da más por menos. (Por cierto, el premio Goncourt es muy importante, sí, y tiene mucha historia, pero equipararlo al Cervantes…)

Se eliminó la figura del director o directora de la Feria. Seguro que parecía un gasto inútil (?) pero lo cierto es que el ahorro no se ha traducido en tener entre nosotros a esos autores que lejos de una estructura como la de una feria del libro son poco menos que inabordables.

Pero llegarán las cifras finales y se contará cada paseante que haya atravesado la plaza Mayor estos días, y, cifras de ventas aparte, seguro que hay otras con las que componer el titular de cierre. Y todos tan contentos hasta el próximo año. En fin, disfrutemos de lo que tenemos. ¡Buena feria y compren libros: es la mejor inversión!

 

(Publicada en la edición impresa y en la web de El Norte de CAstilla el 30 de mayo de 2019)

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Sobre el autor

Más que un oficio, el periodismo cultural es una forma de vida. La llevo ejerciendo desde que terminé la carrera. Hace de eso algún tiempo. Me recuerdo leyendo y escribiendo desde que tengo uso de razón. La lectura es mi vocación; la escritura, una necesidad. La Cultura, una forma de estar en el mundo. Dejo poemas a medio escribir en el bolso y en todos los armarios.


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